—Entonces no estás muerta y en una zanja — Alastor cruzó una pierna sobre la otra con calma —. A tu padre le dará gusto saber eso aunque admito que todos podríamos haber estado un poco más tranquilos con un pequeño mensaje de texto, ¿no es así?
Charlie bajó la mirada unos segundos. Aún era complicado digerir lo surreal de la situación. Todo aquello se sentía incómodamente familiar, a pesar de que nunca imaginó que tendría a Alastor sentado frente a ella en la pequeña sala de estar de Vaggie. De algún modo pensó en ese primer encuentro con Adam y los paralelismos le provocaron unas ligeras náuseas. Al menos no había cerveza de por medio. Alastor tenía sobre la mesa una taza con café humeante, puesta a medias sobre el portavasos tejido. Ella solo estaba bebiendo agua.
—¿Viniste a pedirme que regrese a casa? — se atrevió a preguntar entonces, pasando del sarcasmo inicial.
Alastor apareció en casa de Vaggie al segundo día después de que Charlie declaró su independencia de la casa de su padre. Ella había creído que se trataba de Angel cuando escuchó la puerta y reaccionó muy tarde al reconocer al abogado. En realidad estaba de más preguntarse cómo logró averiguar el paradero de Charlie, la dirección de Vaggie. Sería más fácil preguntarse qué no sabía a esas alturas del partido.
—Tu padre está pasando por un trago bastante amargo — Alastor se recargó mejor en el respaldo del sofá —. La preocupación lo pone de los nervios aunque no necesitas que yo te explique cómo es eso. Ya sabes cómo es.
—Y tú también, aparentemente — repuso ella, sin poder controlar el veneno en su tono. Después de todo, ya había conseguido digerir esa información de la peor manera posible. Seguía enfadada con Lucifer y se habría negado a tratar con Alastor de no ser porque esa terrible curiosidad no dejó de roerle la cabeza a todas horas. Tenía preguntas, tantas o más desde que encontró esa maldita carta en la biblioteca. Adam no respondió sus dudas. Lucifer muchísimo menos. A Charlie solo le quedaba un jugador en el tablero y le sorprendió el hecho de que ni siquiera lo hubiera tomado en cuenta desde un inicio.
—No es un secreto mi relación con los Morningstar — Alastor sonrió un poco —. Aunque veo que no es suficiente para ti ese detalle.
— ¿Cuánto tiempo? — Charlie apretó las manos en puños sobre sus rodillas, nerviosa. Miró a Alastor con una expresión contrariada — ¿Hace cuánto que mi papá y tú-?
—Poco, en esta ocasión — respondió él con tranquilidad — ¿Unos meses, quizá? Desde que tu abuelo anunció el compromiso con Adam — continuó, estirando el brazo para tomar su taza. Olisqueó el café y resolvió dejarlo de nuevo en su sitio, sin beberlo. Charlie lo observó, estupefacta por su honestidad — ¿Qué? ¿No era eso lo que querías saber?
—Bueno... sí, pero ... — ella parpadeó un par de veces y luego enderezó la espalda — ¿A qué te refieres con "esta ocasión"?
Alastor sonrió un poco más. Parecía divertido por la situación, por el nerviosismo de Charlie.
—Me refiero a esta ocasión — dijo con simpleza —. Tiempo presente. Pero la relación con Lucifer casi se siente ancestral para mí, ¿sabes? Podrías verlo como el mecanismo de un reloj. Piezas que se tocan un momento y no vuelven a encontrarse hasta que se completa un ciclo determinado — puso una mano sobre la rodilla que tenía flexionada —. Podría estar haciendo cosas mejores con mi tiempo, Charlie y, sin embargo, aquí me tienes —suspiró —. No esperabas que ofrecerte mis servicios fuera un simple acto de buena fe, ¿verdad? Eres más lista que eso.
Ella desvió de nuevo la mirada, avergonzada, aunque tuvo que reconocer que fue muy ingenuo de su parte creer que Alastor le extendió la mano por pura simpatía. Claro que él tenía que sacar algo de beneficio. Empezaba a darse cuenta de ello.
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𝗕𝗹𝗼𝗼𝗱𝗹𝗶𝗻𝗲 𝗦𝗲𝗰𝗿𝗲𝘁𝘀 • 𝗥𝗮𝗱𝗶𝗼𝗔𝗽𝗽𝗹𝗲
Fiksi PenggemarNo había sido culpa suya. Charlotte Morningstar no era ninguna chismosa, para nada. Ella respetaba la privacidad... Pero siempre había sido muy curiosa, a pesar del dicho popular, y le gustaba siempre un buen misterio. Y su padre estaba lleno de ell...
