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Todo tenía un tinte de ensueño que lo puso bastante nervioso.

No solo era el hecho de que Charlie le hubiera pedido que se quedara con ella en su habitación hasta que se quedó dormida ni tampoco el hecho de que ella se portaba como antes, como su manzanita de toda la vida que le contaba todo lo que le pasaba por la cabeza sino que Lucifer se dio cuenta de que no le era posible sin poder tener eso en su vida. Y era algo sumamente delicado y frágil, sostenido únicamente por las mentiras que Alastor dijo.

¿Por qué? Lucifer era plenamente consciente de su comportamiento cuestionable cuando era joven, de lo cruel que fue. Sabía que Alastor pudo haberlo hundido a ojos de Charlie y, en su lugar, lo subió a un pedestal de víctima ingenua que solo había actuado bajo las presiones de un padre exigente y cruel.

A través del reflejo en el tocador vio a Alastor entrar en su habitación con bastante naturalidad. Charlotte ya sabía sobre ellos, no tenía por qué quejarse. El alfa se aflojó levemente la corbata antes de acercarse y poner una mano sobre el hombro descubierto de Lucifer, que pensó demasiado tarde en cubrirse con la bata. Llevaba ya una media hora sentado ante el tocador con todas sus cremas y sérums abiertos en el orden en el que se los untaba en la cara pero sin ser capaz de salir de sus pensamientos lo suficiente como para empezar su rutina nocturna.

—Pensaba que podríamos cenar — sugirió Alastor —. Ir a ese lugar que te gusta. Todavía existe, ¿sabes?

— ¿Ozzie's? — Lucifer lo miró a través del reflejo. El alfa asintió antes de atrapar entre los dedos un mechón dorado para volver a acomodarlo detrás de la oreja de Luci —. Yo... Me gustaría, claro. Pero ¿no crees que sería un poco cínico? Quiero decir... Adam y yo...

—El viernes que viene. Tengo el día sorprendentemente libre y me parece que últimamente tú y yo no hemos pasado tiempo juntos —los dedos largos y estilizados bajaron sobre el cuello de Lucifer, casi rodeándolo, acariciando la piel delgada de su garganta —. Estoy arreglando las cosas para ti. ¿No crees que merezco una recompensa?

"¿Como si fueras un perro?" pensó, pero tuvo la suficiente sensatez para no decir nada al morderse la lengua. Decidió solo mirar su reflejo antes de empezar con el primer sérum para fingir demencia.

— Muchos conocidos de mi padre van a Ozzie's — dijo finalmente, tratando de no pensar en esos dedos en torno a su cuello —. Si nos ven cenar juntos no tardarán en ir con el chisme y, créeme, no tengo ganas ni tiempo de tolerar un drama familiar más. Me ha costado demasiado estar pendiente de que Raphael no abra la boca como para que con un desliz...

—Creo que somos lo suficientemente adultos como para que me rechaces sin tener que inventar excusas, Lucifer — Alastor dejó escapar un suspiro cansino. Su mano bajó un poco más, hasta posarse en el hombro menudo y aún cubierto por la bata del omega al inclinarse para poder estar el mismo nivel —. Mírame.

Le tomó unos segundos obedecer y no hubo manera de disimular el escalofrío que recorrió su espalda cuando su mirada y la de Alastor se cruzaron en el espejo. Era intensa aún cuando no lo estaba viendo directamente y ejercía sobre él un poder que no podía explicarse. Era un tipo de dominancia diferente, algo más allá de lo que la misma casta le otorgaba. Lucifer cayó en cuenta de lo enredado que estaba cuando no le quedó más remedio que hablar.

— ¿Por qué no le contaste la verdad a Charlie? — el tono de su voz delató lo vulnerable que se sentía pero la mirada de Alastor prácticamente lo sometía a ese estado de manera natural, paulatina.

—Mhm — Alastor pensó un momento —. No me pareció ideal que ella supiera al respecto — dijo —. ¿Qué beneficio tendría que ella te odiara? — Lucifer respingó ante la idea —. Me pediste que la trajera y eso hice. Ella se siente mejor consigo misma, con toda la situación... Y nadie sale lastimado. Nadie importante, al menos.

𝗕𝗹𝗼𝗼𝗱𝗹𝗶𝗻𝗲 𝗦𝗲𝗰𝗿𝗲𝘁𝘀 • 𝗥𝗮𝗱𝗶𝗼𝗔𝗽𝗽𝗹𝗲Donde viven las historias. Descúbrelo ahora