Era un 24 de agosto del año 2000 cuando una tormenta se aproximó por completo en aquella noche. La mujer se vio obligada a bajar del auto antes de que lloviera más fuerte. Estaba encapuchada, con botas negras de lluvia, y temblando de frío; ella tenía un bebé en sus brazos cuando se acercó a una puerta enorme y antigua. No dudó un segundo en golpear y dejar al bebé frente a ella. Parecía un ángel. Estaba tapado y durmiendo entre sus mantas suaves.
Tocó repetidas veces hasta que el establecimiento se iluminó, sin nada más que hacer, se largó de allí. No vaciló ni un segundo y ni siquiera se arrepintió de lo que hizo. No tenía tiempo para arrepentimientos.
Las puertas se abrieron, y una mujer morena de estatura baja se asomó sigilosamente. Bajó su mirada sorprendiéndose por completo al ver que otro niño más era abandonado. Tomó a la criatura en sus brazos mirando hacia los lados, aunque no se hallaba nadie a su alrededor. Le rompía el corazón cada vez que esta situación ocurría pero, también, prefería que aquellos padres lo dejasen allí que arrojados en el basurero. Los educadores le darían ese amor que tanto les haría falta.
—Hace mucho frío, ¿no? —habló en un tono suave y acarició la mejilla del bebé—. Calma... nosotros te protegeremos.
La sra. Flirch caminó a pasos lentos por un pasillo estrecho. Respiró hondo, y tocó la puerta de la oficina donde se encontraba la directora del orfanato.
—Pasa, Regina —dijo la mujer del otro lado de la puerta.
—Con permiso —entró con cuidado como si el suelo fuera de cristal. Aún llevaba el niño en sus brazos—. Señora, dejaron a un nuevo niño.
Ella soltó unos documentos para poder fijar su atención en mí. Se acercó preocupado para observar al bebé.
—¿Cuántos días tiene? —preguntó y me miró por detrás de sus lentes.
—Según la nota que dejaron sobre el niño... Su fecha de nacimiento ha sido hoy.
Su expresión pasó a ser más preocupada que la anterior.
—De acuerdo. Llamaremos a los médicos. Urgente.
—Sí, señora.
La sra. Flirch salió de la habitación con mucha serenidad. No era buena ocultando las cosas pero sabía lo estricta que era la directora del orfanato. No quería que sonara grave pero ella había leído que la nota que habían dejado decía más que la fecha de nacimiento. Los padres del niño se molestaron en darle nombre también. Y resaltaron con un marcador rojo:
ESTE NIÑO ES PELIGROSO
Suplicando en la nota que se deshiciera de él. La mamá decía:«Tuve a mi hijo con mucho cariño y amor para darle pero no puedo. No puedo porque es un monstruo».
Su hijo llamado Addiel, era... un monstruo. Era peligroso.
¿Cómo puede un niño que, ni siquiera lleva un día, ser peligroso?
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ADDIEL
Novela JuvenilEra un 24 de Agosto del año 2000 cuando Addiel fue abandonado en la puerta del orfanato. Ser un verdadero monstruo nunca ha sido fácil para él, aunque su familia quisiera hacerle entender todo lo contrario. Él y su gata, Maggie, eran muy unidos has...
