5: Una conversación muy rara.

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Salió corriendo cuando Liz le dijo que Maggie se había quebrado.

Sí, quebrado.

Addiel llegó a Maggie, la cual se le notaban lágrimas en los ojos. De repente, las ganas inmensas de llorar lo invadió al ver a su mascota de esa manera.

—Ma-maggie —la tomó con cuidado entre sus brazos. Se retorció de dolor provocando que Addiel se preocupara aún más—. Lo siento. Lo siento. ¿Quién rayos... te hizo esto? —habló en un tono bajo e íntimo para ella.

—Nadie —respondió Tony. Addiel volteó a verlo—. La vi enredada con una rama de esas enormes que hay allí. —Señaló a los árboles enormes que estaban en el fondo del orfanato—. La bajé trepandome de los árboles.

Todos los niños estaban viendo tal escena junto a Addiel. Cuando el joven la quiso tocar, ella hizo ademán para morderlo. A Maggie parecía caerles las lágrimas. Le dolía. Le dolía mucho. A él también le dolía. Volteó a ver a Tony y le dijo—: Dile a Regina que llame a un veterinario.

Tony salió corriendo. Addiel trató de tomarla entre sus brazos como pudo —mientras sufría porque sabía cuánto le dolía—y la llevó hasta el living donde estaban los sillones y una mesa pequeña cerca de éstos. Una ola de niños y adolescentes se acercaron alrededor de Addiel y Maggie. Él giró a mirarlos a todos, y pidió por favor que se fueran a su habitación. Estaba muy nervioso. El joven la recostó lentamente, curó sus heridas y limpió la sangre que tenía alrededor de su patita quebrada. Sólo Tony quedó a su lado tratando de ayudarlo. Le llevó gasas, entre otras cosas. Él, a veces, se comportaba como un ser humano completamente increíble.

Regina apareció con un semblante triste.

—Vendrán pronto, ¿de acuerdo? —dijo ella tranquilizando a Addiel. Él asintió.

Nunca le pasaba nada a Maggie. De verdad. Absolutamente nada. Ella tenía muchísima libertad. Su mascota se iba y volvía repetidas veces sin que le sucediera algo. La última vez que le había pasado algo fue por el idiota de Michael que ya se había ido por cierto. Lo peor de todo es que no se había ido tan lejos y, una vez, lo cruzó cerca de su escuela. Las ganas de volver a pegarle le sobraban pero lo ignoró. Aunque... este no fue el caso. Maggie se acababa de lastimar muy feo. Sus brillantes ojos estaban llenos de lágrimas. Las caricias de Addiel lograron calmarla de alguna manera.

El veterinario que llegó comentó a Addiel que debía llevarla a su consultorio que estaban algunas cuadras. Pidió permiso a Regina para que fuera y ella, obviamente, lo hizo. Estuvo unas largas horas allí y aún seguía esperando.

Tomó su teléfono y abrió el chat que tenía con Gina. No sabía por qué quería contarle pero comenzó a escribir. Casi involuntariamente.

Addiel:

Mi gata se quebró la pata.

Eran las 20:38 p.m cuando regresó con Maggie en un carrito. Todos y cada uno de los niños esperaron por Addiel y Maggie fuera del orfanato. Las personas que pasaban por la acera se quedaban sorprendidos al ver la cantidad de niños esperando por ellos. Aunque sí. Todos los niños que vivían con él se morían por saber cómo se encontraba Maggie. Hasta Tony que siempre se quejaba de Maggie. Él fue y ayudó a Addiel a buscar un carrito para llevarla al orfanato.

Maggie durmió junto a él esa noche. Gina aún no le contestaba.

A la mañana siguiente cuando se fue a la escuela, Regina estaba a cargo de Maggie. Addiel se dio cuenta que Gina no había ido esos días a la escuela. Se acercó a Naomi un martes por la mañana —dos días después de que Maggie se quebrara—, y le preguntó:

—Así que, ¿dónde está?

Ella rió—. Así que te importa.

—Me da curiosidad.

ADDIELDonde viven las historias. Descúbrelo ahora