Quentin sacudió a Addiel para que despertara. Se había desmayado hace como tres minutos.
—Addiel. Despierta. Están cerca.
Addiel se había desmayado porque usó sus poderes no tan al 100 por ciento, pero pudo notar que a cada uno de ellos les enviaron a alguien en específico. A ellos no los corría un hombre, era una mujer también con poderes. No sabía quién rayos era pero era muy poderosa. Una chica en realidad. Podía asegurar que se acercaba a la edad de él. Muy joven por cierto, pero poderosa. Comenzó a arrojar rocas gigantes hacia a Addiel, a lo que él volvía a arrojarlas a su dirección. Sucedió tantas veces que comenzó a sangrarle la nariz y los ojos.
Quentin practicó eso de teletransportación con Addiel. Y para que no los encuentren, hacía aquello a cada segundo para esconderse bien.
—Por favor.
Abrió los ojos, se incorporó asustado y arrojó a Quentin en el aire haciéndolo arrastrar por la tierra.
—Lo siento, Quentin —dijo—. Perdón. No estaba-
—No importa, Addi —dijo él volviéndose acercar—. Hay que irnos. En medio de la teletransportación vi a Gina con un hombre. Él la tenía del cabello y la estaba arrastrando.
—¿Gina? —Se levantó rápidamente con semblante preocupado-. ¿Dónde?
—Ella estaba muy lastimada —dijo. Cuando acabó de decir eso, comenzó a gritar. A Quentin le estaba doliendo mucho la cabeza. Parecía querer desmayarse—. Hay algo dentro mío.
—Tranquilo, tranquilo —dijo Addiel queriendo calmarlo.
No tenía idea en qué parte del bosque estaban pero había perdido de vista a Yeza. Sí, se llamaba así.
Ella los encontró. Lo primero que les dijo fue:"Me llamo Yeza." Y arrojó al pequeño contra un tronco. No podía creer lo cruel que ella era. Su cabello era rubio y súper largo. Tenía una cara bonita pero era demasiado mala.
—Yeza vendrá si no nos vamos —dijo Quentin.
—Q, escúchame, creo que el dolor de cabeza es por la cantidad de veces que te teletransportas -dijo el rubio mirándolo a los ojos. No quería hacer eso. Podría llegar a matarlo—. Pero realmente, realmente necesito que lo hagas por última vez. Tenemos que estar dentro de la casa. —Apuntó hacia la gran mansión.
El pequeño lo escuchaba atento. Asintió.
—Lo siento —le dijo—. Lo siento de verdad. No quiero que estés en esta situación.
—Mi padre está adentro, Addiel —dijo—. Ya no sé qué más va a pasar o si nos matarán.
—Nadie va a matarnos. Vamos, tú puedes.
Quentin vio la mansión y cerró sus ojos tocando a Addiel en su hombro.
Cuando aterrizaron en la casa, fueron a parar a una habitación. Quentin tenía sus ojos más abiertos de lo normal, su nariz comenzó a sangrar y se tomó la cabeza entre sus manos presionándola. Se estaba arrancando el cabello del dolor. Quiso gritar pero Addiel agarró su cabeza y la colocó en su hombro para que gritase todo lo que quisiera gritar. Le agarró un dolor muy fuerte en el pecho. Se sentía la peor basura de este mundo.
—Lo siento mucho.
Addiel cerró la puerta de la habitación con una llave que estaba colgada junto a ella. Las cámaras que estaban, las rompió, y dejó a Quentin en el baño con un trapo frío en la cabeza. Estaba así hace quince minutos. Estaba esperando a que él mejore. Más que esto no podía hacer, sabía que era muy pequeño para sus poderes pero a Addiel le sucedía lo mismo, le sucedió por unos días y casi semanas hasta que se acostumbró.
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ADDIEL
Teen FictionEra un 24 de Agosto del año 2000 cuando Addiel fue abandonado en la puerta del orfanato. Ser un verdadero monstruo nunca ha sido fácil para él, aunque su familia quisiera hacerle entender todo lo contrario. Él y su gata, Maggie, eran muy unidos has...
