—¡No nos separemos! —gritó Addiel.
—¡¿Entrenamos tanto para huir?! —preguntó Tony.
—¡Huir siempre es la mejor opción, Tony! —dijo Gina.
Todos estaban demasiado agotados como para seguir corriendo, así que se repartieron para poder esconderse detrás de dos árboles que estaban a una corta distancia de uno con el otro. Quentin, Gina y Addiel por un lado. Naomi y Tony por otro lado.
Naomi llevaba consigo un bolso y una mochila enorme. Las abrió y comenzó a sacar todo tipo de armas, dagas, y navajas, entre otras cosas. Addiel frunció el ceño confundido.
—¿En qué momento tomaste esos bolsos? —preguntó su novio.
—No lo sé —dijo ella—. No lo recuerdo. Ten —le entregó su arco junto con las flechas que debía usar.
Estaban más preparados que nunca, sin embargo no era fácil enfrentarlos. Los hombres que venían por ellos, eran parte del Círculo, eso quiere decir que ellos estaban entrenados, y no sólo eso, sino que ellos entrenaban día y noche sin parar para defender a su líder: Daniel. Pero… Addiel y sus amigos simplemente habían estado entrenando durante unos meses sin parar. Aunque eso no los iba a acobardar. Ellos eran fuertes. Y mientras ellos se propongan tener esa confianza, entonces vencerán.
Cuando le dio un arma a Quentin, Addiel la miró fijamente. No estaba para nada preparado para que ese niño usara un arma, más allá de que la supiese usar, sólo tenía trece años. Quentin, seriamente, revisó que tuviera balas. Parecía todo un profesional.
—Ten mucho cuidado —dijo él en un tono preocupado. Le quitó el arma para que lo mirase a los ojos—. Ten cuidado, ¿de acuerdo? —Quentin asintió—. No vamos a matar a nadie al menos que sea necesario.
Gina escuchaba atenta.
—Sí, Addi. Lo entiendo —dijo él—. Sólo recuerda que… Daniel mató a mi padre.
Addiel se quedó mudo. Respiró hondo. Sus palabras eran cada vez más duras. Era difícil estar en su lugar y eso lo sabía. Hizo una pausa antes de responder, sin embargo, Gina habló por él.
—Lo entendemos, Q —dijo ella—. Pero también, tú, recuerda que no eres igual que él. Acordamos reglas y vamos a obedecerlas entre todos. No vamos a dejar que ninguno de nosotros salga herido o muera en el intento. ¿Bien? ¿Entendido?
Quentin asintió mirándolo a los ojos. Ella era buena con las palabras a diferencia de él.
—No lo usaré de todos modos —respondió el niño—. Tengo poderes, ¿no? —miró a Addiel.
Addiel sonrió levemente.
—Exacto —revolvió su cabello—. Tenemos poderes.
Gina alzó las cejas—. Disculpa, niño con poderes. Siento no tenerlos —bromeó.
—¿Todo bien por ahí? —preguntó Naomi.
Ellos asintieron.
—Todo en orden —respondió su amiga.
Tony miró hacia atrás muy sigiloso.
—Ahí vienen —dijo él. Respiró hondo. Estaba nervioso. Era difícil no tener poderes.
Miró a Naomi.
Ella le sonrió. Era de aquellas sonrisas que podían tranquilizar una tormenta. Todo su rostro le transmitía confianza. Era increíble lo segura que podría ser Naomi cuando ella se lo proponía.
Los ojos de ellas, de repente, se tornaron de un color naranja. Como las llamas que provenían de su cuerpo, estaban habitando ahora en sus iris. Tony le devolvió la sonrisa.
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ADDIEL
JugendliteraturEra un 24 de Agosto del año 2000 cuando Addiel fue abandonado en la puerta del orfanato. Ser un verdadero monstruo nunca ha sido fácil para él, aunque su familia quisiera hacerle entender todo lo contrario. Él y su gata, Maggie, eran muy unidos has...
