19: Un mar de lágrimas.

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Naomi estaba enojada. Muy enojada. Tanto así que gritó con todas sus fuerzas desgarrándose la garganta, y a su vez que lo hacía, el fuego que provenía de ella emanaba por todo su cuerpo. Ella estaba en llamas. Literalmente.

Comenzó a batallar con su padre, él no podía creer la ira que salía de su hija. A Daniel le estaba costando un poco poder enfrentarla por mucho tiempo ya que se quemaba. Naomi no le temía. En sus ojos se podía ver cómo ella quería matarlo. A toda costa.

—¡Naomi! ¡Ya basta!

—¡No!

—¡Eres mi hija!

—¡Yo no soy tu hija! ¡Nunca sería hija de un monstruo como tú!

Generó una esfera gigante de fuego para arrojarla a su dirección. Erró la mayoría de las veces, lo que provocó que la cocina se incendiara poco a poco.

Addiel podría meterse pero Naomi lo llevó muy a lo personal. Se hincó a Quentin sin querer mirar a Jason ni una sola vez más. Quentin aún seguía paralizado en el suelo, respiraba entrecortado, sus oídos estaban manchados de sangre, y sus ojos llenos de lágrimas. Sus manos temblaban. Muy pocas cosas lo conmovía. Esta era una de esas cosas. Ver la forma en que el pequeño niño no quitaba los ojos de su padre, le rompió en mil pedazos. Estaba tan desconcertado que no lograba llorar. Parecía que había perdido la razón hace mucho tiempo.

—Quentin —habló en un tono íntimo y muy cerca del niño—. Voy a ayudarte.

Lo tomó entres sus brazos para alejarlo de todo aquél ruido que Naomi y su padre estaban haciendo. Lo llevó fuera de la sala para que no se ahogara con el humo. Quería llevarlo muy lejos de allí. Apoyó a Q en unas de las paredes del pasillo.

—¿Puedes hablar?

Él negó con la cabeza.

—De acuerdo. Estará todo bien.

Qué estupidez. Nada estaba bien.

A Quentin se le volvieron a llenar los ojos de lágrimas. Addiel no podía verlo al rostro. Las imágenes del padre recibiendo el disparo en la cabeza no paraban de pasar por su mente, y no quería imaginar en su mente. Tragó en seco. Dolía hasta tragar.

Lo miró fijamente a los ojos por unos segundos y respiró hondo. Quería decir algo pero nada sería suficiente. Sin embargo, dijo:

—Lo siento tanto... Siento mucho no haberlo podido evitar, Q. De verdad. Lo siento.

Al voltear un poco, de reojo, pudo ver que Gina y Tony venían corriendo a lo lejos. Se sorprendió bastante porque hacía horas que no los veía.

—¿Qué le sucedió? —llegó Tony junto a Addiel haciendo que este se levantara del suelo—. Es una larga historia. Pero fue Daniel.

Gina pudo notar que Quentin estaba aún en shock y la mirada de Addiel no era para nada alegre. Estaba triste.

—Estás vivo —respiró hondo—. Estaba muy preocupada por ti.

Addiel la miró a los ojos. Parecía que... hace mucho no la veía. Como si hubiesen pasado años y años sin verla. Tenía una sensación rara en el pecho. Quería admitir que a veces no podía ser tan fuerte del todo. Que lo que le había pasado a Quentin le afectó muchísimo, que no ver a Tony y a Gina por horas lo volvió loco, que el no saber si ella estaba viva o no; lo tenía mal.

Sí. Mal.

Estaba mal.

Había quedado tildado por unos segundos viéndola y sus ojos comenzaron a picar. Bajó la mirada.

—Lo mismo digo.

Fue todo lo que dijo.

—¿Y Naomi?

ADDIELDonde viven las historias. Descúbrelo ahora