El omega estaba teniendo actitudes extrañas, el día que se fue de la casa le había costado demasiado no llorar hasta que encontró un lugar en el cual quedarse, una vez que estuvo en privado comenzó a llorar sin poder controlarlo, eso no era normal para él, no era alguien sentimental, se acostumbró a no expresar sus emociones por obvias razones.
La tristeza no disminuyo, suponía que el lugar en donde se estaba quedando no ayudaba, no se sentía cómodo, era pequeño y tenía un aspecto deprimente, era una especie de hotel en donde la mayoría de las habitaciones estaban ocupadas por alfas y betas, desde que llego pudo notar las miradas de los demás inquilinos, eran miradas que lo hacían sentir como un juguete que querían lastimar.
Pero su tristeza no era lo único diferente, su cuerpo se estaba comportando de manera extraña, sentía dolor, más específicamente en la zona del cuello, también estaba teniendo problemas de temperatura pasaba de calor a frío en cuestión de minutos.
Esa mañana se negaba a levantarse de la cama, la noche anterior en un momento de tristeza se puso una sudadera de toya que le había robado porque no quería irse sin llevar algo de él, pero su cuerpo le estaba dando señales de alerta, el dolor se había intensificado, sentía que hasta respirar le era difícil y la fiebre estaba subiendo cada vez más.
Necesitaba con urgencia ir a un doctor, pero tenía dos grandes problemas, el primero era el dinero que cada vez que quedaba menos y el segundo era que si alguien que conocía a su padre llegaba a verlo le darían aviso.
Cerro los ojos intentando volver a dormirse cuando escucho unas voces del otro lado de su puerta lo cual lo hizo ponerse alerta.
"Huele delicioso"
"Debe ser el omega"
" es un necesitado, dejando salir esas feromonas para excitar a todos"
" deberíamos darle una mano, tiene un cuerpo sexy"
" podríamos hacerlo la puta del lugar"
Su pánico lo hizo reaccionar, congelo la puerta en cuanto escucho como intentaban abrirla, se levantó entre quejidos tomando sus cosas para guardarlas, tenía claro que tenía que irse antes de que le hicieran algo, en el estado que estaba no iba a poder hacer mucho para defenderse.
Se colgó la maleta una vez que la tuvo hecha y fue hasta la ventana saliendo por ella, tenía suerte de estarse quedando en el primer piso, iba totalmente cubierto del rosto lo único que se veían eran sus ojos, a pesar de eso el viento le provocaba escalofríos que lo hacían temblar con cada paso.
Suponía que las personas se giraban a verlo por la vestimenta tan poco común pero el aroma que llego a sus fosas nasales lo hizo preocupar, era anís, sus feromonas salían de el con mucha intensidad a pesar de tener un parche para cubrirlas.
Comenzó a correr hasta el hospital más cercano, no sabía qué hacer y eso le daba miedo, necesitaba algo para suprimir sus feromonas y sus malestares, quería que todo eso se detuviera, no le gustaba, no lo quería.
Pudo ver una clínica a lo lejos que lo hizo sentir aliviado, cuando estuvo lo suficientemente cerca al punto de casi entrar vio a través de las puertas de cristal a un héroe que se le hacía conocido así que no entro.
Su cuerpo ya no aguantaba más, se adentró a un callejón quitándose el cubrebocas y el gorro, se le estaba dificultando respirar, era como si sus pulmones no pudieran retener el aire, todo fue peor cuando el dolor en su abdomen llegó como si le hubieran dado un golpe haciendo que se sentara en suelo.
Su visión comenzó a nublarse por las lágrimas que caían por sus mejillas por la desesperación y el miedo, su respiración era cada vez más rápida, el dolor era intenso, pero lo que lo hizo sentir aún peor fue que comenzó a sentirse húmedo de un área de la cual nunca pensó.
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Ananké
Fiksi PenggemarEn un mundo donde la jerarquía de alfas y omegas define el destino de cada individuo, Izuku Midoriya sueña con convertirse en un héroe. Desde pequeño, su vida ha estado marcada por su determinación y coraje, pero también por el vacío dejado por Tomu...
