Capítulo 3

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—Perdóname, Randall. Yo quería darte un hijo, que fuéramos papás, y pasa esto —se disculpó con la voz quebrada.

—¿Por qué me pides perdón? No es tu culpa.

—Lo cuidé de verdad, no sé cómo pasó esto. Ya sé que la obstetra dijo que no estaba firme todavía, que el embarazo era delicado los primero tres meses, pero...—Estaba tan triste que no pudo seguir hablando.

—Tranquila, no te alteres más —dijo tocándole la mano y agarrándosela—. Estoy acá contigo.

—¿Spencer no va a venir?

—Está de guardia, pero estoy seguro que va a llegar en algún momento.

Entró una enfermera con un vaso.

—El doctor me manda a que te dé un sedante.

—No quiero nada.

—Mi amor, es para que descanses un poco —la convenció Randall, y Natasha accedió.

La enfermera la ayudaba a tomar el sedante, la paciente volvió a acostarse, y la enfermera se fue.

—Quédate al menos hasta que me duerma —le pidió.

—Me quedo hasta que te den de alta, no me muevo de tu lado.

Afuera, el médico estaba hablando con los papás de Natasha y con Aidan. Les decía que, a causa del aborto, ya no iba a poder tener hijos, pero que ella todavía no sabía. Una vez que terminó de dar el parte médico, los dejó.

—Vayamos a verla ahora —dijo Peter a su esposa.

Se fueron los dos, y Aidan se quedó pensando mientras se sentaba. Parte de él culpaba a su cuñada por perder al bebé, consideraba que no lo había cuidado bien, pero al mismo tiempo sabía que no era su culpa. No la quería, nunca la quiso, sólo la había aceptado porque su hermano era feliz con ella, pero tampoco podía ser cruel. Miró el reloj pulsera y se dio cuenta de que tendría que estar volviendo a casa. Fue hacia un teléfono público, puso las monedas y llamó a casa. Le contó a Sandrine todo lo que pasó. Ella llevó a sus hijos a casa de la abuela paterna, ya que sus padres todavía trabajaban. Luego fue al hospital y una vez que llegó, buscó a Aidan y se encontró con él.

—Aidan, lo siento tanto —dijo Sandrine abrazándolo—. ¿Y Randall? —preguntó apartándose un poco.

—Está con Natasha, se puso muy mal en cuanto se enteró que su mujer estaba acá. Por eso preferí traerlo.

—Qué lindo cómo te preocupas por tu hermano —dijo sonriendo un poco.

—Ya no voy a tener sobrinos —lamentó bajando la cabeza.

—Claro que sí, pueden intentarlo de vuelta —lo consoló.

—Es que el médico dijo que quedó estéril —reveló—. Randall y Natasha todavía no lo saben. Lo sabemos los padres y yo.

—¡Noo! ¡Pobre Naty, y Randall también! —exclamó sin poder creerlo y llevándose la mano en la boca.

—¿Los chicos preguntaron? —preguntó mientras le acariciaba el pelo—. Están con mi mamá, ¿no?

—Sí, los llevé a su casa. Les dije lo que pasó, pero no fue fácil decirles que murió alguien que todavía no había nacido.

—Deben estar asustados —se preocupó. Luego se acercó a su oído—. ¿Spencer ya lo sabe?

—Sé que le han llamado al trabajo, pero no ha podido salir todavía del hospital —contestó en el mismo tono.

Más tarde llegaron los amigos chefs de Natasha y Spencer, quien llegó de otro hospital, donde trabajaba como enfermero, lo más pronto que pudo. Lo que no todos sabían, es que podría haber sido también el padre biológico debido a la relación poliamorosa que mantenía en secreto con Randall y Natasha, y que sólo las familias de estos sabían, además de sus hermanas Sandrine y Grace. Entre los tres habían decidido formar una familia sin importar quien la embarazara, aunque él todavía no viviera con el matrimonio, pero ahora estaba tratando de controlar su llanto, de que no pareciera como que había perdido a su posible hijo.

ConsecuenciasHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora