Capítulo 5

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Con el paso de los días, Randall comía un poco más sólo para darle el gusto a su esposa y a su novio, pero, aun así, no era suficiente y empezó a tener otros problemas. Se le caían algunos vasos y tazas mientras lavaba, se le caía algo de comida mientras le preparaba a su mujer, quien seguía sin cocinar, pero le insistían con que no se descuidara. Los padres de ella seguían en Mánchester y la visitaban junto con el novio. 

Natasha estaba terminando de ducharse, acompañada por su madre por si se desmayaba o perdía fuerza. Abajo, Randall estaba haciendo una sopa, y su suegro, en la puerta. No sabía cocinar, así que sólo lo había estado ayudando alcanzándole lo que pedía y vigilando que no se le cayera nada. Ya estaba todo en la olla, y sólo bastaba mover con la cuchara de madera. Randall se pasaba la mano por la cara y se refregaba los ojos. Anteriormente, en la preparación, había demorado en cortar la verdura, y Peter le sugería tomarse descansos, incluso se ofreció a remover la sopa, pero se rehusó a parar. En ese momento, tocaron el timbre, y el señor fue a abrir. Era su otro yerno. Cuando se dirigieron a la cocina, corrieron hacia ella al ver a Randall cayéndose junto con la olla mientras removía con la cuchara. Spencer llegó a tiempo para sujetarlo de las axilas antes de que se cayera al suelo. La olla, en cambio, no corrió con la misma suerte y se derramó bastante sopa. Mientras el suegro de ambos levantaba la olla con un repasador, Spencer, al ver que su novio estaba todavía algo consciente, puso el brazo alrededor de su cuello para llevarlo al sofá, ya que apenas podía sostenerse. Lo hizo acostarse.

—Randall, Randall —le habló, sentado junto a él y moviéndole un poco el hombro luego de que volviera a cerrar los ojos.

—Mmm —balbuceó abriéndolos de a poco.

—¿Cuántos dedos ves? —preguntó mostrándole tres dedos en frente.

—Tres.

Le agarró la mano y le tomó el pulso. Estaba acelerado.

—¿Te duele algo?

—No.

—¿Comiste algo hoy? —Su novio no emitía ni una palabra ni sonido. Sólo miraba a un costado—. Randall —insistió con seriedad.

Volvió a mirarlo.

—Solo un té. No tenía hambre.

Spencer suspiró.

—Esto ya lo hablamos. También tienes que comer, no sólo Natasha.

—Yo estoy bien.

—No voy a discutir de nuevo.

—Por suerte no te cayó sopa encima —dijo Peter mientras limpiaba el desastre en el piso con una rejilla—. Ya estaba sintiéndose mal, le sugerí parar, pero no quiso.

Elsa bajó a ver qué pasaba.

—Natasha no deja de preguntar qué pasó. Fue difícil convencerla de que no bajara. Recién termino de ayudarla a vestirse.

—Casi se cae junto con la olla hirviendo, pero ya lo resolvimos —contestó Spencer mientras lo acariciaba.

—Voy a llevarle la sopa a Natasha—habló Peter y regresó a la cocina a servir la sopa en un plato. Subió la escalera.

—Después vas a comer tú también.

—No tengo ganas.

—Randall.

Él suspiró.

—Está bien. ¿Te quedas conmigo?

—Claro que sí —contestó sonriendo un poco, acariciándole la mano. Se acercó a darle un beso.

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