Randall y Natasha seguían en su crisis matrimonial. Ella seguía distante, con dudas y pensando en que tenía que irse, y Randall y su novio hacían de todo para convencerla de que se quedara. Durante esas semanas, los visitaron la mamá de Randall, Sandrine y amigos de ambos, y Natasha hablaba por teléfono con sus padres. Todos ellos le decían a Natasha que tenía que seguir con Randall y no hacer caso a los comentarios de Aidan ni de nadie. Aidan quería juntarse con su hermano fuera de casa o, aunque sea, en la misma y aprovechar para disculparse con su cuñada también. Pero Randall siempre le decía que no, incluso le colgaba el teléfono apenas lo escuchaba. A veces directamente atendía Spencer cuando los visitaba y también le colgaba. Ahora Sandrine estaba con ellos.
—¿Tus hijos cómo están? —preguntó Randall.
—Bien. Los extrañan, yo les dije que ustedes andan ocupados.
—De verdad queremos verlos, pero no estamos en condiciones de visitarlos ni llevarlos a pasear. No queremos que nos vean mal y no podemos disimularlo —explicó Natasha con tristeza.
—Te prometo que los vamos a visitar en cuanto resolvamos lo nuestro —dijo Randall—. A propósito, Aidan varias veces me llamó para venir a vernos, pero siempre le digo que no cuando le pregunto si va a buscar ayuda de nuevo y se niega.
—Le dije que se va a quedar solo si sigue así. Me dolió decirle eso —lamentó Sandrine—, nunca me lo esperé, pero es la verdad.
—Por ahora, sigo sin hablarle. Quiero reconciliarme con él, pero si sigue así de porfiado y basura,...mejor no darle ni la hora.
El matrimonio seguía mal durante varios días y empezaron a ir a terapia. Ahora los dos estaban con Spencer en un bar.
—Aidan estará enfermo, pero se pasó, yo que tú no le hablo más —le aconsejó a Randall frunciendo el ceño—. Disculpa, pero no puedo pensar de otra forma.
—Te entiendo —lo disculpó Randall—. Y...hace varias semanas que no le hablo. Sólo voy a ver a los niños y hablar un poco con Sandrine, con mi hermano presente vigilando, pero lo ignoro.
—Ah...Creí que confiaba en ti —se sorprendió.
—Abandonó las pastillas y está empeorando o volviendo atrás. Sabes que nunca le gustó dejar a Sandrine sola con otro hombre. A no ser, obvio, que sean de la familia de ella.
—Y tú, Naty, ¿no vas a visitar a nuestros sobrinos?
—No tengo ganas de salir, pero Randy siempre se asegura de que no me quede sola —dijo mientras este le acariciaba el pelo y le daba un beso en la cabeza—. Sigo pensando que lo mejor es que nos separemos. Yo sé que ustedes serían más felices con alguien más, conmigo tienen muchos problemas.
—Deja de decir eso, tú no eres ningún problema. Es Aidan el único que tiene la culpa.
—Es verdad, no deberías sentirte así —concordó Spencer—. Nosotros te amamos, y tú a nosotros.
—Spencer, tengo 36 años y ya no me puedo embarazar. ¿En serio van a quedarse con esto? Especialmente tú, que tienes 25 años.
—¿Esto? ¿Quieres dejar de hablar así de ti misma? —le pidió su marido.
—Y ya sabes que no me importa la edad. Tú no piensas así. Nada más estamos pasando por un mal momento por culpa de Aidan. Es como si no le importara todo lo que hiciste por él.
Randall sonrió un poco, agradeciendo la empatía.
—Sé que no lo hace a propósito, pero aun así duele.
***
Natasha seguía convencida de que tenía que alejarse de su marido y de su novio, al menos por un tiempo. Un día él volvió a la casa y encontró una valija armada y a Natasha entrando al living.
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Consecuencias
Fiction généraleDebido a sus impulsos y al incumplimiento con el tratamiento, Aidan deberá pagar las consecuencias de sus actos. Por otro lado, Randall, Spencer y Natasha esperan a su primer bebé, pero el destino tiene otros planes. Segundo libro de la saga "Aidan".
