Capítulo 22

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Al día siguiente, Aidan fue a las casas de sus amigos del restaurante. Trató de recuperar su amistad, pero estos lo volvieron a rechazar. Le confirmaron que sólo lo soportaron por Randall, de quien sí eran amigos realmente, como siempre lo sospechó, como siempre los había escuchado hablar a espaldas de él en el restaurante, y le cerraron las puertas en la cara. Se fue a su casa resignado. 

Clarissa subió a la pieza de su hijo, quien no había bajado en toda la mañana. Entró y lo vio en la cama de costado, contra la pared.

—Aidan, ya está la comida —dijo con suavidad.

—No tengo hambre —respondió con la voz débil y sin mirarla.

—Pero no comiste nada desde la mañana —dijo preocupada y sentándose.

—¿Ya se te olvido que casi no como cuando me deprimo?

—No, pero aun así no me gusta. Tienes que alimentarte —insistió tocándole el brazo con ternura.

Su hijo suspiró con pesadez.

—No es la primera vez que me dejan, pero esta vez siento que es mucho peor —dijo apunto de llorar y llevándose la mano al corazón—. Me duele acá. Aunque me hayan perdonado todos, no dejo de sentir culpa por lo que le hice a Sandrine. Si no me perdona ella...Ella es mi mujer, la mamá de tres de mis hijos. —Se dio vuelta, se sentó y se apoyó en el hombro de su mamá, buscando consuelo—. Ma, ¿por qué tuve que pegarle?, ¿por qué tuve que abandonar las terapias, dejar de tomar las medicinas?, ¿por qué tuve que ocultarle lo de mi hija?, ¿por qué soy así?, ¿qué está pasando conmigo? —se culpaba mientras sollozaba.

—Todavía tienes tiempo de arreglar algunas cosas —lo consoló poniendo un brazo alrededor de su hombro y tomándole la mano con la que le quedaba libre.

—No sé si con mi mujer podré hacerlo. Creo que la perdí para siempre —continuó, apenas pudiendo hablar por los sollozos—. Si no le fui a rogar más, fue porque me amenazó con contarles a los niños que la agredí, y no quiero que mis hijos me odien. Debiste verla levantando el inalámbrico y amenazarme con llamar al colegio para contarles.

Su mamá no podía creer lo que estaba escuchando. Sandrine le parecía una chica tranquila y comprensiva, que no sería capaz de contarle semejante acto a unos niños.

—Eeh...no. —Él la miró—. Estoy segura de que hizo eso para asustarte, no creo que haya sido en serio —dijo tratando de transmitirle algo de esperanzas.

—Espero —deseó cabizbajo.

—Por ahora ven a comer aunque sea la mitad del plato.

Aidan asintió lentamente y se levantó de a poco, seguido por su madre. Ambos bajaron al comedor. Clarissa no dejaba de pensar en qué sería de su hijo si viviera solo, ya que sólo aceptaba comer, aunque sea un poco, si alguien de la familia lo convencía.

Aidan no salió de su casa en toda la semana. Randall y Natasha lo visitaban y trataban de animarlo, de sacarlo de su encierro, pero él apenas salía de la pieza. Sólo lo hacía para preparar el almuerzo o la cena. Mientras tanto, Spencer le preguntó a su novio si podía conocer a su otra sobrina, y este aceptó con gusto. Arreglaron una reunión con Isabelle, y les dijo que podían ir al día siguiente, que era viernes. A Jenna le cayó muy bien el novio de sus tíos y le preguntó si podía decirle así, y él aceptó.

Era sábado, y Stanley llevó a su hijastra a casa de Aidan. La recibió su abuela con una sonrisa cálida, y él se despidió y se fue; tenía cosas que hacer. Clarissa le dijo a su nieta que papá estaba arriba, y la nena subió con su alegría de siempre. Al entrar, la imagen de su papá en el piso, con las piernas agarradas y la cabeza apoyada en ellas le cayó como balde de agua fría. Se le acercó con cautela.

ConsecuenciasHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora