Capítulo 19

48 2 7
                                        

Clarissa volvió a su casa, vio que su hijo no estaba. Al principio se preocupó porque no vio ninguna nota, pero como ya casi era hora de hacer de cenar, supuso que ya debía de estar de vuelta.

***

Aidan seguía tirado en la calle y dormido. Se acercaron dos hombres y lo patearon un poco, haciendo que se despertara.

—Levántate —dijo uno de ellos en un tono nada amigable.

—Váyanse, déjenme solo —pidió Aidan.

—Parece que este borracho no entendió —dijo otro. Lo agarró del brazo y lo hizo levantar a la fuerza. Aidan se asustó.

—Danos la plata —exigió uno de los ladrones.

—No tengo nada, déjenme. —Lo empujó e intentó irse tambaleando, pero uno de los ladrones se le puso enfrente.

—¿Piensas que te vamos a dejar ir? —preguntó el segundo ladrón de forma amenazante. Lo agarró de la remera y le dio un golpe.

Aidan se la devolvió, y el que estaba detrás de él lo empujó. Trató de no caerse, pero uno lo agarró de los brazos y lo puso contra la pared. Le empezaron a pegar en la cara, en el estómago y a darle rodillazos en la entrepierna. Trataba de defenderse, de alejarlos, pero no se iban. Lo tiraron al suelo y lo patearon. De repente, se escuchó que alguien gritó "¡Déjenlo!" Ambos ladrones miraron y uno de ellos fue a pelear con esa persona, que resultó ser Randall, mientras el otro vigilaba que Aidan no se levantara. El ladrón peleó contra el hermano de Aidan, quien estaba muy débil para levantarse. Randall terminó la pelea dándole un rodillazo en la entrepierna al delincuente.

—¿Quieres que siga contigo? —amenazó al otro, pero los dos decidieron huir. Fue a socorrer a su hermano.

—Randall, ¿eres tú? —preguntó arrastrando las palabras y apenas mirando hacia arriba.

—Sí, Aidan, soy yo. Aquí estoy.

—Me duele mucho.

—Tranquilo, te ayudaré a levantarte.

Mientras ayudaba a su hermano y le pedía que pusiera el brazo alrededor de su cuello, llegó Spencer a ver por qué había gritado.

—¿Aidan? —preguntó reconociéndolo, a pesar de que su rostro estaba cabizbajo—. ¿Qué sucedió? —preguntó a su novio mientras este lo llevaba como podía a la casa.

—Unos tipos lo atacaron.

La casa no estaba muy lejos, sólo a dos cuadras, pero debido al dolor, fueron caminando despacio. Spencer iba al lado de su cuñado.

«Al menos recibió lo que merece», pensó Spencer esbozando una muy leve sonrisa, de la que Randall no se dio cuenta, ya que estaba concentrado en su hermano.

Al llegar a la casa, encontraron a Natasha hablando por el inalámbrico.

—Acaba de llegar —contestó al ver que sus parejas traían a Aidan medio desmayado—. No quiero alarmarla, pero se ve muy mal —continuó diciendo mientras lo ayudaban a acostarse en el sofá.

—¿¿Qué dices?? Voy enseguida —dijo Clarissa del otro lado de la línea y colgó.

A Natasha no le dio tiempo de decir más nada, pero fue directo a ayudarlos.

—Pero, ¿¿qué pasó?? —preguntó Natasha una vez que acostaron a su cuñado.

—Unos tipos lo atacaron, y otra vez tomó —contestó su marido.

—Acaba de llamar tu mamá, Randall, va a venir.

—¿Viste si lo golpearon en la cabeza? —preguntó Spencer a su novio.

—No vi, pero me reconoció.

—No me dieron en la cabeza —contestó con un hilo de voz.

—Necesito verlo. Hay que quitarle la playera. —Su novio se la sacó, y él se acercó a ver los moretones en el torso de un lado y del otro al ponerlo de costado con cuidado—. Aidan, ¿te cuesta respirar?

—Un poco.

—Primero hay que limpiar esa herida —dijo viendo la herida abierta ubicada desde el pómulo a la cien—. Manténgalo de costado. —Se levantó y salió de la casa a buscar su mochila que estaba en su auto. Volvió con ella y sacó un suero fisiológico y una bolsa con algodón. Sacó un pedazo de algodón y lo humedeció. Le pasó con cuidado en la herida. Una vez que terminó de desinfectarla, la cubrió con una gasa y aseguró esta con cintas médicas—. Necesitamos hielo en bolsa, y si empeora, habrá que llevarlo al hospital —habló mientras colocaba las cintas—. ¿Dónde te duele?

—El abdomen, la...la cara y...la espalda.

—Tres bolsas de hielo entonces.

—Yo voy —se ofreció Natasha y fue a la cocina a sacar los cubos para ponerlos en las bolsas. Volvió, y entre los tres las colocaron contra las zonas afectadas.

—Randall, ¿por qué me sal...salvaste? ¿Por qué hacen esto por mí?

—Eres mi hermano, ¿crees que iba a dejarte solo?

—Y yo no soy un desalmado —contestó Spencer.

—Casi hago que ustedes dos se divorcien —dijo mirando a su hermano y cuñada, a punto de llorar—. Le pegué a tu hermana —continuó, mirando a Spencer.

Randall miró para abajo; Natasha, a un costado, y Spencer apretó la mandíbula al mismo tiempo que también miró para otro lado y en el fondo estaba disfrutando de verlo golpeado. Sin embargo, decidieron ignorar todo lo que pasó y concentrarse en asistirlo.

—Tu mamá viene en camino, acaba de llamar preguntando por ti —avisó Natasha.

Aidan la miró sorprendido.

—Mi mamá me odia, Sandrine me odia. Quiero a mi mujer. Quiero pedir perdón a todos —sollozaba.

—Mejor no hables, concéntrate en respirar despacio —le indicó su cuñado.

—Mañana hablamos —dijo Randall.

—No parece haber fracturas. Es mejor que pase la noche aquí y hay que mantenerlo en esta posición por si vomita.

—Sí, no te preocupes, ya hemos pasado por esto —contestó Randall con voz cansada—, aunque es la primera vez que lo encuentro golpeado.

Le retiraron el hielo al cabo de unos minutos, y Randall fue a su habitación por una remera limpia. Entre los dos le ayudaron a colocársela.

Aidan dejó escapar un quejido y de a poco se durmió.

Minutos después, tocaron el timbre, era su mamá, le abrieron y la acompañaron directo al living.

—Salí a sacar la basura, entonces vi a unas cuadras que lo estaban atacando. También bebió. Spencer me escuchó gritar, y los dos lo ayudamos a venir. Él lo estuvo curando.

—Mi bebé. —Se le acercó y se sentó en el borde del sofá con cuidado—. Tranquilo, acá estoy —le susurraba mientras le acariciaba la cabeza. Su hijo menor abrió un poco los ojos y la vio por unos segundos. Los volvió a cerrar—. Casi lo pierdo —dijo con la voz quebrada y sin apartar la vista de él.

—Dijo que lo odias, pero sé que no es así —dijo Randall.

—Es que discutimos y le dije un par de cosas —contó con culpa.

—Má, lo que sea que le hayas dicho a Aidan, estoy seguro de que no fue en serio —la consolaba su hijo mayor.

—Sí, estaba muy enojada al igual que todos —agregó Natasha—. Lo bueno es que está vivo y van a poder hablar en la mañana.

—Aun así, no debí pelear de esa forma con él —dijo mirándolos—. Bueno, ya me voy —dijo mientras se levantaba. Se despidió luego de mirar otra vez a Aidan.

—Te llevo —se ofreció Randall—. Gracias, Spencer.

—Sí, gracias por atender a mi hijo a pesar de todo.

—De nada —contestó con una leve sonrisa mientras tenía abrazada a su novia por detrás.

—Quédese tranquila, nosotros lo cuidamos —le prometió Natasha.

ConsecuenciasHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora