Aidan quería acariciarla, pero ella no se dejaba.
—Me enojé mucho, pero no lo vuelvo a hacer. Al menos deja que te vea, no sé, quiero arreglar de alguna forma esto.
—¡No hay nada que puedas hacer! ¡Te dije muchas veces que volvieras a la terapia! ¡Te di muchas oportunidades, pero se terminó!
A su marido le empezaron a brotar las lágrimas mientras ella se iba a la pieza.
«Noo, ¿¿qué hice??», pensó. Fue detrás de su mujer—. Sandrine, ¡Sandrine! —Ella sacó el bolso del armario donde tenía la ropa de gimnasia. Salió de la pieza, y Aidan la siguió—. Mi vida, podemos hablarlo, en serio.
—Ya me tengo que ir a trabajar —dijo muy seriamente y sin mirarlo. Se fue sin despedirse y cerró con llave.
Aidan se puso contra la puerta y se agarraba de esta mientras iba cayéndose al piso.
—Sandrine, tú no puedes dejarme, no me dejes —rogaba mientras las lágrimas le caían y apenas podía hablar por el llanto.
***
Ya era momento de que él también se fuera a trabajar, pero no tenía ganas. En el restaurante, todos se preguntaban por qué no llegaba.
—Hacía mucho tiempo que no faltaba —recordó Nick.
—¿No tendrá día libre hoy? —preguntó Randall.
—Para nada —contestó muy seria May—. Voy a llamar a su casa. —Fue hacia el teléfono y marcó.
En su casa, Aidan seguía sentado en el piso, no quería atender, pero al final se levantó sin ganas, fue hacia la mesa del teléfono y levantó el tubo.
—Hola —dijo con pocas ganas de hablar.
—Al fin atiendes, hace una hora que tendrías que estar acá. ¿Qué haces que no vienes? —le reclamó la encargada, pero Aidan le colgó—. Qué imbécil.
—¿Qué pasó? ¿Qué te dijo? —preguntó Nigel.
—Nada, me colgó así nada más —contestó May indignada por esa falta de respeto. Randall y los otros se preocuparon.
—Pero él nunca te faltó el respeto —dijo Frida.
—Es raro que él se porte así contigo, voy a su casa ahora a ver qué pasa —avisó Randall. Dio unos pasos en dirección a la salida.
—No te di permiso para salir —lo reprendió su jefe. Randall se detuvo, dio media vuelta y lo miró—. Atrévete a cruzar esa puerta, y te despido —lo amenazó. Su empleado volvió.
—Disculpe —dijo Randall con resignación y cabizbajo, mirándolo de reojo, de camino a atender las mesas.
Los hijos de Sandrine volvieron a casa en el transporte, y su papá los recibió. Entraron a la casa.
—¿No fuiste a trabajar, pa? —preguntó Emily sorprendida.
—No. Me dolía la cabeza, y me quedé —mintió.
—¿Tú y mamá están peleados? —preguntó Keegan preocupado.
—Claro que no —mintió de nuevo sonriendo un poco—. ¿Por qué dices eso?
—Es que ayer en la mesa no se hablaron —contestó Emily.
—Ahora entre mamá y yo pasan algunas cosas en las que no estamos de acuerdo, pero no por eso nos dejamos de querer. Entre ustedes también pelean a veces y con sus amigos y se siguen queriendo —explicó Aidan evadiendo lo que realmente pasaba.
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Consecuencias
Ficción GeneralDebido a sus impulsos y al incumplimiento con el tratamiento, Aidan deberá pagar las consecuencias de sus actos. Por otro lado, Randall, Spencer y Natasha esperan a su primer bebé, pero el destino tiene otros planes. Segundo libro de la saga "Aidan".
