Capítulo 20

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Al otro día, Aidan se despertó y miró a su alrededor. Vio que su hermano se acercaba.

—¿Randall? —dijo Aidan medio dormido—. ¿Qué hora es? —preguntó reincorporándose.

—Las 8 de la mañana. ¿Cómo te sientes? —preguntó mientras se sentaba cerca de él.

—Me duele la cabeza, por suerte los golpes ya no.

—¿Te sientes mareado?

—No. ¿Qué pasó? ¿Cómo llegué a tu casa?

—Unos tipos te atacaron y justo estabas por acá cerca, te vi cuando salí un rato y fui a defenderte.

Aidan se quedó callado y cabizbajo, como si estuviera recordando de a poco, y miró a su hermano.

—Me defendiste y me trajiste a tu casa a pesar de lo que les hice a ti y a tu mujer —apreció Aidan sintiendo que no merecía lo que su hermano mayor había hecho.

—Tú y yo tenemos que hablar —dijo Randall muy seriamente.

—Randall, por favor, perdóname. No fue mi intención hacerles daño.

—Te perdono, pero aun así tengo que hablar contigo. Fue muy feo lo que hiciste, no te voy a nombrar todo porque ya te lo dijeron y, más que nadie, ya lo sabes, pero ya nos tenías cansados. —Su hermano empezó a llorar de nuevo—. ¿Te hicimos algo para que nos trates así? No. Yo siempre estuve contigo, todos siempre quisimos ayudarte, pero tú nunca cooperaste. Nosotros no podemos hacer el tratamiento ni ir a las terapias por ti. Si tanto quieres a tu familia: a nosotros, a tus hijos, a Sandrine, tendrías que haber sido y ser más responsable contigo mismo.

Aidan escondió su cara detrás de las piernas.

—Ya sé, fui una basura. Estoy muy arrepentido. Les quiero pedir perdón a todos de verdad. —Levantó la cabeza y lo miró—. Pero ahora ni mamá me quiere.

Randall relajó las facciones y le habló con algo de suavidad.

—Eso también quería decirte. Aidan, mamá no te odia. Ella anoche estuvo muy preocupada buscándote por todos lados y hasta vino a verte. Estuvo acá contigo.

—¿Sí? —preguntó Aidan sorprendido—. Creí que era un sueño. Me siento tan mal con todo lo que hice —prosiguió.

—Ya irás arreglando todo de a poco. ¿Desayunas con nosotros? —lo invitó.

—Bueno.

Al estar muy adolorido, Randall ayudó a su hermano a levantarse, y fueron al comedor. Vieron a Natasha sirviendo el desayuno.

—Hola, Naty —la saludó Aidan sonriendo apenas, algo cabizbajo.

Su cuñada, al igual que Randall, se sorprendió al escuchar que la llamó por su diminutivo.

—Hola, Aidan —saludó algo confusa.

Se sentaron los tres y se sirvieron. Mientras Randall se servía café y luego le servía a su esposa, Aidan tuvo otros recuerdos vagos de ellos dos y Spencer cuidándolo.

—¿Y Spencer?

—Se fue hace ya tres horas —contestó su hermano—. Él entra de madrugada a trabajar.

—¿Él...me estuvo curando?

—Tu cuñado no podía ignorar sus obligaciones al verte herido, pero lamentamos decirte que sigue muy enojado contigo —contestó Natasha—. De hecho, te sigue odiando más ahora desde que le pegaste a su hermana. Sólo nos dejó indicaciones de llevarte al hospital si sufrías mareo o algún otro síntoma.

ConsecuenciasHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora