Al día siguiente, Randall y Natasha ya estaban en casa de regreso, mientras que Peter y Elsa seguían hospedándose en un hotel del centro para darles privacidad. Se sentaron en el sofá.
—¿Quieres un té? —le ofreció Randall.
—No. —Natasha bajó la cabeza, y su marido le hizo caricias—. Qué lástima que Spencer no pudo ir de nuevo al hospital o venir acá.
—Esta vez no lo dejaron salir.
—Vas a estar siempre conmigo, ¿no? —preguntó dudando.
—Claro que sí, mi amor. No te voy a abandonar nunca —le prometió tomándola de las manos. Ella levantó la cabeza para mirarlo—. Lo que pasó no fue tu culpa ni de nadie. Sé cuánto lo cuidabas, y yo te ayudaba.
—Es que no sé...tenías tantas ganas de ser padre, Spencer también, yo madre y pasa esto. No logro asimilar lo que pasó. Nos habíamos ilusionado tanto que...—Empezó a sollozar—. Y ahora ni siquiera va a haber una próxima vez. No sé qué pudo haber salido mal.
—Tranquila —la consoló dándole un abrazo, pero también empezaron a salirle las lágrimas—. Estas cosas llevan tiempo. Yo voy a estar contigo pase lo que pase —prometió
—Te amo, Randall. Gracias por cuidar de mí.
—Yo te amo más.
Randall y su mujer no fueron a trabajar, ya que estaban de licencia por duelo.
Pasaron unos días. Spencer, debido a que Natasha había quedado muy débil por el aborto, empezó a ir con más frecuencia a su casa para ayudar a cuidarla junto con Randall y los suegros de este. Le ayudaba con y le controlaba la medicación recetada, la hacía caminar un poco dentro de la casa para que no estuviera tanto tiempo acostada. Ella siempre se rehusaba a levantarse, pero su novio siempre le advertía que, si no caminaba, perdería movilidad en las piernas. Su "paciente" al final aceptaba y caminaba, por el momento, dentro de la habitación tanto con él como con su marido. Al terminar el día, les dejaba indicaciones a Randall y los padres de ella si estos todavía estaban y se volvía a su casa o al hospital si estaba de guardia.
En el restaurante, un mediodía, unos mozos les preguntaban a Aidan, Nigel y May por qué Randall y su mujer no estaban yendo a trabajar, y ellos les explicaban lo sucedido. Aidan estaba juntando unas mesas con Ethan y Nick.
—Cómo debe estar sufriendo Naty —lamentó Ethan.
—Lo peor es que ya no va a poder tener hijos, aunque a veces me pregunto si realmente cuidó su embarazo.
—No seas cruel con tu cuñada y menos en estos momentos —la defendió Nick.
—Eso, ella está sufriendo tanto como tu hermano y sabes que ese embarazo tenía complicaciones —agregó Frida—. Que nunca la hayas aceptado no te da derecho a tratarla así.
—Perdón, se me escapó —contestó mientras acomodaba los platos que Ethan había traído.
—A ti se te escapa todo y actúas sin pensar, de nada te sirvió ir a terapia —le reprochó su compañero.
—Bueno, recordemos que estuvo saltando de psicólogo en psicólogo y nunca cumplió al pie de la letra con los tratamientos —añadió Nick—. Lo único que se curó fue su alcoholismo.
—Y acostarse con cualquier mujer que se le cruce por el camino —agregó Frida.
—Cómo se nota que nunca les tocó buscar ayuda —contestó en su defensa y se fue a hacer otra tarea una vez que terminó de acomodar.
Sandrine fue a buscar a su hijo Lester a casa de la abuela, pues aún no estaba en edad de ir al Jardín, así que lo dejaba en casa de Clarissa cuando iba al trabajo, en una escuela de danza donde daba clases de gimnasia rítmica.
Al llegar, el nene corrió hacia su mamá, y ella lo alzó.
—¿Cómo se portó? —preguntó Sandrine a su suegra.
—Bien, de a poco pude calmarlo. Está muy asustado —contó Clarissa con pena.
—Espero que se le pase rápido —deseó—, los mellizos están más calmados, pero también algo asustados. Bueno, me tengo que ir, nos vemos y gracias.
—Hasta mañana. —Le dio un beso a ella y luego a su nieto—. Hasta mañana, bonito.
—Hasta mañana, abuela.
Sandrine se lo llevó.
A la tarde, Clarissa fue a visitar a su hijo mayor y a su nuera, donde también estaba su yerno.
—Ojalá pudiera embarazarme de nuevo —suspiró—. ¿Nuestros sobrinos ya saben de esto?
—Sí. Hasta se asustaron todos, pero ahora el más afectado es Lester. Llora bastante, y eso que los padres no les dieron detalles, sólo decirles qué pasó.
—Pobrecito, espero que esto pase rápido —deseó ella.
—¿Te están cuidando bien, mi vida?
—Sí, Randall, Spencer y mis padres me cuidan —contestó mirando a su marido y a su novio.
—Nos turnamos, ellos le hacen de comer, también la ayudan a bañarse, entre otras cosas, mientras yo descanso, y Spencer también descansa aquí o en su casa.
—Randall, te veo más flaco y pálido. ¿Estás bien?
—Sí tu no le dices, yo lo haré —le habló su novio.
—¿Decirme qué cosa?
—No es nada.
Spencer largó un suspiro al ver como Randall minimizaba los hechos.
—No come casi nada. Ni siquiera una comida abundante al día. Tenemos que estar detrás de él para que coma de verdad.
—No es grave. Deja de preocuparla.
—Le hemos dicho que también tiene que alimentarse, no sólo yo.
—Tu esposa y tu novio tienen razón; no dejes de lado tu salud por cuidarla.
***
Una noche, antes de hacer la cena, Aidan y Sandrine hablaban por teléfono con Randall y Natasha. Tenían puesto el altavoz. Ambos daban palabras de aliento para él y su mujer, incluso Aidan consolaba un poco a Natasha a pesar de que seguía pensando igual. Randall preguntaba cómo estaban sus sobrinos. Les decían que de a poco se les iba yendo el trauma. Luego llamaron Isabelle y Stanley, y en medio del consuelo, les decían que Jenna seguía un poco impactada.
Randall, sus suegros y Spencer seguían repartiéndose las tareas para cuidar a Natasha. Ella comía; su novio, también con ella; pero su marido, muy poco, sólo a la noche y seguía descuidándose a sí mismo. Su mujer no dejaba de sentirse culpable por haber perdido al bebé, se preguntaba una y otra vez qué pudo haber salido mal a pesar de que Randall, Spencer, sus padres, suegra y todos le decían que no tenía ninguna culpa. A veces hasta dejaba de comer a la mitad. Su esposo y su novio le preguntaron, para asegurarse y porque tenían sospechas, una y otra vez si Aidan le había dicho algo alguna vez para que se sintiera así, y ella les contestó que no, que nunca la molestó durante el embarazo. Randall incluso llegó a ignorar sus llamadas cuando veía su nombre en el celular. Cortaba y a veces directamente lo apagaba. Ni siquiera atendía el teléfono fijo, sino Natasha o Spencer cuando estaba con ellos. Ambos, incluso Spencer a pesar del odio hacia Aidan, le pasaban la llamada, pero Randall nunca quería aceptar llamadas de su hermano.
—Puedes decirme, es mi hermano y tiene lo suyo, pero no por eso voy a dejar que te haga sentir mal y mucho menos en un momento así.
—En serio, Randall, él no me hizo ni dijo nada, ni siquiera me dijo algo al respecto cuando intentábamos. Sólo me apuraba para que me embarazara. —Se quedaron callados unos segundos. Su marido no preguntó más, la abrazó con un brazo trayéndola más para su lado y le dio un beso en la cabeza—. A ti tampoco te veo bien —se preocupó—, quiero decir, casi no has comido en dos semanas —aclaró mirándolo.
—Estoy bien, eres tú quien tiene que cuidarse, y a quien hay que cuidar —contestó acariciándole el rostro.
—Lo sé, Randy, pero no te descuides tú tampoco, sino vas a enfermarte.
—Haré el esfuerzo —prometió sonriendo un poco, de manera débil.
Ella también le sonrió, lo besó y se apoyó en su pecho.
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Consecuencias
General FictionDebido a sus impulsos y al incumplimiento con el tratamiento, Aidan deberá pagar las consecuencias de sus actos. Por otro lado, Randall, Spencer y Natasha esperan a su primer bebé, pero el destino tiene otros planes. Segundo libro de la saga "Aidan".
