Aidan fue al centro. Sandrine aprovechó para llamar a su suegra y decirle que planeaba llevar a sus hijos a conocer a su hermana, pero sin decirles nada todavía. Sólo les dijo que los llevaría a "conocer a los hijos de una amiga de mamá". Clarissa estuvo de acuerdo, y cuando fue a lo de Isabelle, se lo contó. Jenna se alegró mucho, pero su mamá seguía nerviosa. Entre todos le dijeron que no pasaría nada y le pidieron a Jenna no decirle a los chicos que era su hermana, y ella entendió y aceptó. Un rato después tocaron el timbre. Stanley abrió, era Sandrine con sus hijos, y los hizo pasar. Se presentaron todos. Isabelle disimulaba sus nervios. Luego los chicos se fueron al patio a jugar a la mancha. Stanley y Clarissa decidieron dejar a Isabelle y Sandrine solas.
—Ven aquí, Alex —dijo Stanley alzando a su hijo, y se lo llevó a upa al patio.
—¿Cómo estás? Veo que tienes lindos hijos —alagó Sandrine a Isabelle.
—Gracias. Tú también —contestó Isabelle mirando hacia abajo. No sabía qué más decir ni cómo continuaría Sandrine la charla. También dudaba de sus verdaderas intenciones aunque le hayan dicho que era una buena chica y comprensiva.
—Te noto nerviosa, puedes estar tranquila. Tú sabes que mi cuñado me contó todo. No te voy a reclamar nada, no vine para eso. Sé que no tienes la culpa —le aseguró de forma amable.
—No, no la tengo —concordó mirándola—, pero en un caso así uno siempre está nervioso. De todas formas, espero que esto no haya arruinado tu matrimonio. Sigo queriendo que Aidan conozca a Jenna, pero no que se separe de ti —aclaró—. Recuerdo que él era muy explosivo, pero luego supe que hizo terapia cada cierto tiempo.
—Así es, aunque...las sigue abandonando y hemos tenido discusiones al respecto —confesó.
—Se nota que has sido muy paciente con él —admiró.
—No quiero divorciarme de mi marido, a pesar de que mis padres sí. Ahora ni mi mamá lo tolera, y ella lo amaba como a mis hermanos y a mí. Nada más estoy enojada con él, apenas le hablo, pero también trato de hacer que venga —contó Sandrine.
—Por lo visto, no quiso —notó Isabelle decepcionada, pero sin sorprenderse.
—No, hasta me prohibió traer a mis hijos. Aidan no sabe que estoy acá. Cuando vaya a casa, creo que vamos a pelear de nuevo.
—Sandrine, perdóname, no queríamos que esto pasara así.
—Está bien, él es el único culpable. Ni tú ni mi suegra ni Randall ni nadie tiene la culpa, sólo mi marido. Es lo que todos tienen que entender.
—Al menos los chicos se están llevando bien —comentó Isabelle sonriendo. Ambas los miraban jugar desde la ventana.
Aidan llegó a su casa y no había nadie. Los buscó por todos lados y no los encontró.
—Pero ella siempre deja una nota —murmuró para sí mismo y luego se quedó pensando—. No...no, Sandrine, vos no pudiste haber...—Se quedó callado temiendo lo que imaginaba que había pasado. Agarró las llaves de nuevo—. Espera, Aidan, a lo mejor está por volver. —Las dejó y se fue al patio a fumar para calmar sus nervios.
***
En lo de Isabelle, Sandrine ya se estaba por ir.
—Me despido de ustedes primero —dijo Sandrine a Isabelle y a Stanley—. Un gusto haberlos conocido, en serio.
—Igualmente, me alegra que te hayas entendido con mi mujer —dijo Stanley.
—Tú y tus hijos son bienvenidos siempre —agregó Isabelle.
—Suerte con mi hijo —le deseó Clarissa.
—No va a pasar nada más allá de una discusión. Voy a buscar a mis hijos. —Salió al patio y volvió con los nenes—. ¿Se divirtieron?
—Sí, jugamos mucho —contestó Keegan.
—¿Cuándo los traes de nuevo, Sandrine? —preguntó Jenna.
—Cuando quieran.
Sandrine y sus hijos terminaron de despedirse y luego se fueron. Al llegar, encontraron a Aidan sentado en el sofá. Los nenes corrieron hacia él, y los abrazó mucho. Se quedó un rato mimandolós.
—¿A dónde fueron?
—A ver a una amiga nueva —contestó Emily.
—Se llama Jenna —agregó Lester.
—¿Ah sí? —Miró a Sandrine muy serio y luego a sus hijos con una sonrisa leve, pero con sentimientos encontrados. Le daba gusto que se llevaran bien con su media hermana sin saber que lo era, pero por otro lado estaba molesto por lo que había hecho Sandrine. Tenía miedo de que todo se fuera por la borda—. Me alegro.
Los chicos se fueron a la pieza, él se levantó y miró a su mujer.
—Aidan...
—No peleemos ahora —la interrumpió—. Saqué de la heladera lo que sobró del mediodía.
—Bueno. —Su marido da media vuelta para irse a la cocina—. ¿Todo bien? —preguntó Sandrine sospechando. Su marido largó un suspiro.
—Hablamos mañana —insistió subiendo y bajando las cejas en señal de molestia, pero armandosé de paciencia.
Una hora después se sentaron a comer. Sus hijos hablaban todo el tiempo, pero Aidan y Sandrine se ignoraban entre ellos.
Al otro día, vino el transporte a buscar a los mellizos y a Lester. Después de irse todos, Sandrine vio que tenía algo de tiempo para hablar con Aidan.
—Aidan, escúchame, sé que me dijiste que no llevara a nuestros hijos a conocer a su media hermana, pero tenía que hacerlo.
—¡Pero tú me habías prometido que no me ibas a traicionar! —le reclamó.
—¡No me grites! ¡Esto no es una traición! —se defendió—. ¡Nuestros hijos tienen derecho a conocer a su hermana, no los prives de esto! Cuando sea el momento, les voy a contar.
—¡No quiero que los lleves nunca más ni que les digas nada! —le exigió—. ¡Ya te dije lo que puede pasar si ellos se enteran de la verdad! —gritó con más intensidad.
—¡¿Quieres calmarte?! ¡Si nuestros hijos llegan a enojarse contigo u odiarte por no haberles dicho antes todo, hablamos con ellos! ¡Somos sus padres! ¡Pero tú no tienes ningún derecho de seguir mintiendo sean cuales sean tus razones!
Aidan le dio una trompada repentina que la tiró al suelo. Sandrine quedó impactada por esa reacción mientras seguía en el suelo y se tapaba la boca lastimada. Su marido se desesperó al ver lo que había hecho. Nunca había golpeado a ninguna mujer y esperaba nunca hacerlo, principalmente a su esposa. Esta vez no había vuelta atrás.
—Sandrine, mi amor, perdóname. Perdóname, yo no...no quería —suplicó al tiempo que se acercaba para ayudarla a levantarse, pero fue rechazado por un manotazo. Sus ojos empezaron a empañarse, se llevó la mano a la boca y negó con la cabeza.
—No me toques.
Se pusieron de pie.
—Sandrine...
—Esto se acabó, Aidan. Te advertí que no aguantaría ni un solo golpe —le decía mirándolo con odio.
Su marido se quedó viéndola mientras derramaba unas lágrimas, sin saber cómo reparar el grave error que había cometido.
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Consecuencias
Fiksi UmumDebido a sus impulsos y al incumplimiento con el tratamiento, Aidan deberá pagar las consecuencias de sus actos. Por otro lado, Randall, Spencer y Natasha esperan a su primer bebé, pero el destino tiene otros planes. Segundo libro de la saga "Aidan".
