Spencer se despertó en su casa de una larga siesta en el sofá y se encontró con May en el sillón, mirándolo con seriedad.
—Hola —la saludó desperezándose—. ¿A qué hora llegaste?
—A las 4. Ya son las 6, acabo de tomar el té con la familia. Me dijeron que llegaste a media mañana y que sólo querías dormir.
—Estuve de guardia estos días y sólo dormía entre descansos —mintió mientras se sentaba.
—Sí, claro. ¿Otra vez estás de enfermero a domicilio?
Su hermano la miró con el ceño fruncido.
—¿Y tú otra vez con tus insinuaciones?
—No te hagas. No es la primera vez que mi marido te ve entrar y salir de la casa de Randall y Natasha todos los días.
—Veo que sigue espiando, además de ser soplón —se quejó—. La casa de ellos está del otro lado de la ciudad. ¿El infeliz de Fred vino contigo o se quedó en tu casa, por cierto?
—Se quedó en casa, pero si te siguió o no, no importa de todos modos. ¿Por qué tienes que ir todos los días? Ni siquiera trabajas en el hospital donde la atendieron.
—Ay, May, es sólo un favor que les hago como amigo, ni siquiera les estoy cobrando —contestó mientras iba a la cocina por agua.
May lo siguió mientras el sacaba la jarra de la heladera y se servía.
—Ellos ya tienen a sus familias para que se ocupen.
—¿Y qué tiene de malo ayudarlos? No seas insensible —le reclamó una vez que terminó el vaso. Guardó la jarra y salió de la cocina
—Spencer, viven muy lejos de acá —le siguió reclamando mientras lo seguía de vuelta al living, esta vez en dirección al patio—. ¿Qué estás ocultando?
—Nada. Inventos tuyos y de Fred —se limitó a contestar, subiendo y bajando los ojos.
Ambos se encontraron con su madre en la puerta, quien cortó la discusión.
—Ah, ya despertaste. ¿Dormiste bien? —preguntó tomándolo de una mano y acariciándole la cara.
—Sí, gracias.
—Quedaron galletas por si quieres comer.
Él le sonrió un poco y salió al patio.
—Espera, no hemos terminado de hablar.
—May, ya déjalo. Si es porque va todos los días a casa de sus amigos, no tienes por qué meterte. Ya hemos hablado de esto muchas veces, y siempre te pido que no le reclames.
—No entiendo por qué tiene que ir siempre. Antes iba una o dos veces por semana. Cuando Natasha estuvo embarazada, se preocupó como nunca y ahora sigue así con la pérdida.
—Tu hermano los adora. Es normal, ¿no? Además, él nunca te siguió, sólo a Sandrine y Grace cuando tenían sus citas, pero no a ti, así que tú tampoco lo hagas.
—Creo que hay más que adoración. Creo que él y Natasha son amantes.
Su madre se le quedo mirando sin saber qué decir.
—¿Y tú desde cuándo supones eso? —preguntó casi en un susurro—. No quiero volver a escucharte decir una cosa así de nadie de tu familia —le exigió levantando la voz sin gritar.
May negó en desaprobación y miró su reloj.
—Ya tengo que irme —dijo y le dio un beso en la mejilla—. Voy a despedirme de los demás. —Salió al patio, donde saludó a su padre, quien se levantó para llevar su taza a la cocina; y luego, a sus hermanos.
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Consecuencias
General FictionDebido a sus impulsos y al incumplimiento con el tratamiento, Aidan deberá pagar las consecuencias de sus actos. Por otro lado, Randall, Spencer y Natasha esperan a su primer bebé, pero el destino tiene otros planes. Segundo libro de la saga "Aidan".
