Aidan llegó a su casa. Dejó el auto y bajó. Entró, fue a sentarse a uno de los sillones e intentó calmarse mientras lloraba.
Casi a la noche, Clarissa fue a ver a Sandrine, la hicieron pasar y la atendieron bien.
—Qué lástima que no están mis hijos; Grace y Spencer se los llevaron a pasear.
—Está bien, es mejor así. No quiero que escuchen esta charla. Randall y mi nuera me contaron lo que te hizo Aidan, y quiero decirte que lo siento mucho. Esto no tendría que haber pasado.
—Es él quien tiene que disculparse, pero mi paciencia se terminó. Puedo aguantar gritos, pero no un golpe. Sé que no era su intención, pero ya no podía aguantar y nada justifica la violencia.
—Lo sé, él tiene sus defectos, pero nunca imaginé que haría una cosa así, bueno, esperaba que no. Aun así, te vengo a pedir que no lo denuncies.
—No creo que pueda hacer caso a eso —rechazó Sandrine seriamente—. Aidan no cumplía mucho con su tratamiento, tuve que controlarlo, perseguirlo para que tomara sus medicinas, y este fue el resultado.
—Disculpen que me meta —interfirió Nigel—, pero un tipo así no puede andar suelto. Con todo respeto.
—Ya le pegó a mi hija. ¿Siguen nuestros nietos? —agregó Katrina.
A Clarissa empezaron a salirle las lágrimas.
—Pero no deja de ser mi hijo y me va a doler mucho verlo encerrado. Por eso, Sandrine, no lo denuncies —rogó su exsuegra—. Ustedes tres también son padres. ¿Cómo se sentirían si un hijo suyo está en la cárcel? —Quedaron en silencio unos segundos.
—Mal, pero...—contestó Nigel suspirando.
—Pa, tiene razón —lo interrumpió Sandrine luego de pensar—, y lo digo sobre todo por mis hijos. No quiero que su papá esté preso, por más malo que haya resultado ser.
—Pero ellos no pueden tener un padre así —objetó su madre.
—Pero tampoco quiero que se traumen, por eso no voy a denunciarlo —decidió Sandrine, y luego miró a su exsuegra—. Así que puede estar tranquila, bueno...Aidan también.
—Gracias —dijo aliviada—, y te vuelvo a pedir perdón.
—No pidan más disculpas, no pueden seguir pidiendo perdón por los errores de Aidan o de cualquiera —dijo Nigel.
—Pero mi ex era violento, y Aidan salió a él. Por eso digo que también es mi culpa, si no me hubiera casado con alguien así, esto no estaría pasando con ninguno de mis hijos —se lamentó Clarissa.
—Aidan se puso agresivo porque quiso y todo por no seguir los tratamientos —dijo Nigel—. Hasta donde sé, Randall no es así, y espero que no se le parezca.
—Espero lo mismo —concordó Clarissa—. Bueno, eso era todo, gracias por no denunciarlo.
—De nada. Usted, Randall y Naty pueden venir siempre que quieran —dijo Sandrine sonriendo un poco.
La señora se despidió, y Sandrine la acompañó hasta la puerta.
***
Aidan fue a trabajar. Su hermano no estaba. Saludó a sus amigos, pero lo rechazaron al estar enterados de lo que hizo. Él les decía que no fue su intención pegarle a su mujer y que no tendría que afectarles, pero lo ignoraban de todas formas, y entonces prosiguió a acomodar las sillas con ellos. En ese mismo momento, Nigel lo llamó, y Aidan fue. Como todavía no había gente, se quedaron entre medio de las mesas.
—Esta es la última vez que trabajas acá; estás despedido —dijo su jefe autoritariamente.
—¿¿¿Qué?? —preguntó Aidan impactado—. ¡¡No, no, por favor, no me corra!! —rogó. Esto era lo único que le faltaba—. Mire, yo sé que estuvo muy mal lo que hice, pero eso no quiere decir que no pueda trabajar bien. Nunca atendí mal a nadie y...
—¡No me interesa! —lo interrumpió—. ¡Te vas y punto! —le exigió—. Lo que le hiciste a mi hija no tiene perdón. Anoche fue tu mamá a pedirle a Sandrine que no te denunciara, lo logró, pero algo tengo que hacerte. Y no vas a trabajar tampoco en ninguna sucursal.
—¿Mi mamá fue?
—Sí, estuvo en mi casa y hasta lloraba. Hasta eso conseguiste, hiciste llorar a tu madre, debiste ver cómo estaba sufriendo por tu culpa. Vete, vete, no quiero que vuelvas más —le volvió a exigir.
—¡Tengo cuatro hijos, no puede despedirme! —volvió a rogar, empezando a llorar—. ¿Cómo voy a ayudar a Sandrine y a mí ex a mantenerlos?
—Ninguno de ellos ya no te necesita. Al menos tus hijos con Sandrine no te van a ver más, no los mereces. Sandrine ni quiere que mandes dinero para ellos.
—Nunca les haría daño, y con Sandrine no volverá a pasar. Se lo prometo. —Lo agarró de los brazos, suplicando—. No le vuelvo a pegar, créame. Voy a volver al tratamiento de verdad, ya no voy a dejarlo.
—¡Vete con tus lágrimas de cocodrilo a otro lado! —gritó soltándose—. ¡No quiero que te vuelvas a acercar ni a mi hija ni a mis nietos! ¿Te quedó claro? Yo también confié en ti, pero veo que me equivoqué. Ve a cambiarte ya mismo y deja el uniforme colgado. Tienes tres minutos.
Aidan se fue resignado a cambiarse, luego volvió y fue hacia la puerta que daba al estacionamiento. Entró a su auto y se quedó ahí llorando sobre el volante. Después de calmarse un poco, lo puso en marcha y se fue.
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Consecuencias
Fiksi UmumDebido a sus impulsos y al incumplimiento con el tratamiento, Aidan deberá pagar las consecuencias de sus actos. Por otro lado, Randall, Spencer y Natasha esperan a su primer bebé, pero el destino tiene otros planes. Segundo libro de la saga "Aidan".
