Capítulo 11

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Natasha y Randall volvieron al restaurante. Todo el personal se alegró de verlos juntos de nuevo, incluso Aidan, quien les dio un abrazo a cada uno, pero se lo aceptaron a pesar de todo, aunque sin ser igual de efusivos que él ni sonreír.

Esa misma tarde, Randall fue a casa de su mamá junto con su mujer y su novio. Clarissa se alegró de verlos felices de nuevo. Después de tener una charla agradable, dejaron de hablar todos, y Spencer miraba al matrimonio mientras estos estaban cabizbajos. Clarissa no estaba segura de entender lo que estaba pasando.

—¿Qué sucede? —preguntó el joven.

—Spencer —habló Randall mirándolo—..., yo...nosotros...no hemos sido muy sinceros contigo.

—Randall, ¿qué pasa? —preguntó en voz baja.

—Aidan tiene otra hija —soltó—, una hija ilegítima.

Spencer lo miró sin saber qué decir, luego a Natasha, quien le agarró la mano a Randall; y finalmente, a su suegra. Los tres le contaron toda la historia y la razón de por qué lo ocultaron tanto tiempo.

—¿Él nunca la ha visto?

—Sólo una vez cuando nació —contestó Natasha.

—Sabemos que no debimos ocultártelo, qué debimos confiar más en ti, pero es que tú y mi hermano se llevan tan mal que...—dejó de hablar al no saber qué más decir, cómo seguir justificando una mentira de años.

—Así que vamos a entender si quieres irte, insultarnos, no volvernos a ver —agregó Natasha.

—Nunca les haría eso —dijo apenas terminó de hablar su novia.

Clarissa sonrió un poco al ver su reacción.

—¿Hablas en serio? —preguntó Randall en voz baja y con una mezcla de duda y esperanza.

—Entiendo por qué lo hicieron, sólo querías que tu hermano hiciera lo correcto y no traicionarlo. Puedo ver que lo quieren mucho. Esto no cambia nada entre nosotros —dijo tomando las manos de ambos—. Y no se preocupen, no diré nada, dejaré que ustedes hablen.

—Eres un ángel —apreció Randall.

Él y su mujer sintieron sus músculos relajarse al saber que su novio los había perdonado. Luego, decidió que ya era hora de que le contaran ellos mismos a Sandrine sobre la hija no reconocida de Aidan. Su mamá y novio estaban de acuerdo. Natasha les pedía que esperaran un poco más, que, si lo hacían, iban a traicionar a Aidan, pero Randall le decía que la paciencia se había acabado y que no podían dejar pasar más tiempo. Ella aceptó.

Al otro día, Randall aprovechó que no trabajaba para llamar a Sandrine. Le pidió que reuniera a los de su familia para decirles algo importante, pero que no le dijera nada a Aidan, quien todavía estaba en el restaurante. Le pidió también que llevara a sus hijos a casa de la abuela paterna. Ella los llevó a lo de Clarissa, volvió a la suya y llamó a los que pudo de su familia. Nigel dejó a May a cargo del restaurante. Llegaron casi todos a la casa. Luego llegó Randall, Sandrine lo hizo pasar, y él les contó todo sobre Jenna. 

—Por eso no querías que le avisara a Aidan —supuso Sandrine decepcionada.

—¿Y cuántos años tiene? —preguntó Nigel.

—Ocho. Aidan la vio una sola vez cuando era bebé y después no quiso verla más por miedo a que Sandrine lo dejara. Desde ese entonces sólo le manda regalos y paga la cuota alimentaria, y Jenna nada más lo conoce por fotos —explicó Randall—. Disculpen, pero todos estos años estuvimos esperando a que Aidan se dé cuenta, se arrepienta y les contara él todo, que fuera a ver a su hija, su ex sigue esperando que la reconozca. —Hizo una corta pausa, suspiró y bajó la cabeza—. Pero a todos se nos acabó la paciencia después de lo que nos hizo a Natasha y a mí, aunque no haya sido intencional.

ConsecuenciasHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora