Primer Libro de una Bilogía📖📚
Alina D'Angelo es una chica de 20 años,alegre y con una personalidad arrasadora.
Pero las cosas cambian cuando su hermano se va de viaje y la deja al cuidado de alguien para protegerla, pero quien diría que esa person...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Me despierto por el sonido de un golpe en la puerta. Al mirar mi teléfono, veo que son las 8 de la mañana.
Suspirando, me levanto y me dirijo hacia la puerta, todavía vestida con mi pijama.
Al abrir, me encuentro con Alicia quien me saluda con una amplia sonrisa.
—Buenos días, señorita Alina. Vengo a invitarla a que baje a desayunar— intento contestarle, pero ella me interrumpe —Son órdenes del señor Romanov— añade con un tono más serio.
Respiro hondo. —Está bien, bajaré en 15 minutos —le respondo mientras ella se aleja.
Genial. Tendré que verlo. Anoche decidí no bajar a cenar porque no podía mirarlo a la cara después de nuestro encuentro en el pasillo.
Siento cómo mi rostro se calienta al recordar lo que sucedió. No puedo creer que me haya dicho eso, y lo peor es que me vio casi babeando por su cuerpo.
Maldita sea.
Debo admitir que cuando lo vi, fue como si entrara en un trance, no podía apartar la vista de su figura musculosa y definida, con esos perfectos pectorales.
—¡Alina, concéntrate!— me digo, llevándome las manos a la cabeza.
Finalmente, me visto con un conjunto de jogging blanco, zapatillas y una sudadera a juego. La mañana está algo fresca.
Bajo y me dirijo al comedor, donde ya están Kostya y ese hombre que me vuelve loca.
—Buenos días— digo sonriendo mientras me siento lo más lejos posible de ellos. El hombre rapado me responde con una sonrisa —Buenos días, Alina. Viktor lo mira con el ceño fruncido.
—Alina, siéntate aquí— me dice, señalando la silla a su izquierda. Él está en la punta y Kostya a su derecha.
—Aquí estoy bien— le contesto justo cuando Alicia entra con el desayuno.
Comenzamos a comer y escucho que hablan de cosas triviales. Me alegra que no estén discutiendo sobre trabajo.
Me aclaro la garganta y ambos giran su mirada hacia mí. —¿Tienes noticias de mi hermano?—le pregunto a Viktor. Intenté llamarlo mientras me cambiaba, pero no contesta ni a mis mensajes.
—No aún. ¿Y tú?
Negando con la cabeza, continúo con mi desayuno.
Los minutos pasan y siento que él me observa, puedo notarlo. Después de un rato, levanto la vista y me encuentro con sus ojos mirándome fijamente.