La rueda ardiente.
Permanecí en mi escondite toda la noche y desperté tarde el día siguiente. Todo el cuerpo se me había pensado, formando un prieto nudo de dolor.
Como todavía tenía comida y un poco de vino, me quedé donde estaba en lugar de intentar bajar a la calle, todo por miedo a caerme.
El cielo estaba nublado y soplaba un viento pertinaz. Caía aguanieve más allá de la protección del tejado.
Notaba el calor de la chimenea en la espalda, pero ese calor no era suficiente para secarme la manta ni la ropa empapadas. No tardé mucho en terminarme el pan y el vino, y después, pasé la mayor parte del tiempo royendo los huesos del pavo e intentando calentar unos puñados de nieve en la botella de vino, frotando las manos en círculos contra el cristal, dándole el calor de la fricción para intentar bebermela.
Ninguna de las dos cosas resultó muy productiva, así que acabé comiendo nieve fangosa que me dejó temblando y con sabor a brea en la boca.
Pese a las lesiones por la tarde me quedé dormida y desperté en la noche, envuelta en un calor maravilloso. Me quité la manta de encima y me aparté de la chimenea, demasiado caliente mi imaginación.
Volví a despertar casi al amanecer, temblando y empapada de sudor. Me sentía extraña, mareada y desconcertada. Volví a acurrucarme junto a la chimenea y pasé el resto del día nerviosa y afiebrada, entrando y saliendo de sueños.
No me acuerdo cómo conseguí bajar del tejado, delirando de fiebre y casi paralizada. No recuerdo haber recorrido las calles de cererias y embaladores. Solo puedo sótano de Trapis, agarrando con fuerza la bolsa de dinero llena.
Me quedé ahí tumbada, temblando y sudando. Y al poco rato oí las débiles pisadas de sus pies desnudos sobre la piedra.
—¿Qué, qué? —dijo suavemente Trapis al levantarme— Ya va, ya va.
Me cuidó durante los largos días que duró la fiebre. Me arropó con mantas, me dio de comer y como la fiebre no daba señales de bajar por sus propios medios, empleó el dinero que yo había llevado para comprarme una medicina agridulce.
Mantenía mi cara y mis manos húmedas y frías, mientras murmuraba con paciencia y ternura: —¿qué, qué? Ya va, ya va —mientras yo lloraba por tener interminables sueños en que parecían mis padres, Los Chandrian y un hombre de ojos vacíos.
Desperté fresca y con la mente despejada.
—Eleèèèooon —me gritó Taní, que estaba atado en su camastro.
—¿Qué, qué? Ya va, ya va. —Dijo Trapis mientras dejaba uno de los bebés y agarraba a otro. El bebé miraba alrededor con los ojos oscuros muy abiertos, como una lechuza. Pero parecía incapaz de mantener erguida la cabeza.
La habitación estaba en silencio
—Eleèèèooon —repitió Taní, sin cansarse de intentar llamarme por mi nombre.
Tosí para aclararme la garganta.
—Tenés una taza de agua en el piso —me avisó Trapis mientras me pasaba al bebé que tenía en brazos.
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𝚂𝚒𝚗 𝚂𝚊𝚗𝚐𝚛𝚎
Fanfiction(Cassandra Dimitrescu x OC) En la posada Roca De Guía una mujer espera. En los sonidos más tranquilos y bajos encuentra algo que puede usar para aferrarse. La mujer es alguien que quizá conozcas. Es su máscara apacible y calmada la que quizás te es...
