La otra cara de Lanrre.
Ya llevaba mucho tiempo en Tarbean, había cumplido años tres veces sin enterarme y hube llegado a los quince.
Sabía sobrevivir en La Rivera para entonces. Lo cierto es que ya era una mendiga y una ladrona consumada. Tal era el grado que los cierres y los bolsillos se abrían con solo rozarlos mis dedos, y los artículos que no eran dinero bruto sabía dónde venderlos. Nada mejor que una casa de empeño de “un tío mío”, un amigo que no hace preguntas.
Me había vestido con harapos y seguía pasando hambre, pero ya no corría peligro de morir de inanición.
Poco a poco había ido ahorrando dinero, incluso tras un duro invierno en el que a menudo me vi obligada a pagar en un sitio caliente. Tenía ahorrados más de veinte peniques de hierro. Para mí era como el tesoro de un dragón.
Había acabado por sentirme cómoda allí, pero aparte del deseo de ahorrar más dinero; mi vida no tenía sentido. No había nada que me motivara, ningún objetivo.
Pasaba los días buscando cosas para robar y formas de distraerme. Eso había cambiado sin embargo unos días atrás, cuando fui a mi lugar más seguro, el sótano de Trapis.
Había oído hablar a una niña con profunda admiración acerca de un narrador que estaba siempre en una taberna del pueblo llamada “El Medio Mástil”. Por lo visto, contaba una historia todos los días al sonar la sexta campanada. Se jactaba de poder contar cualquier historia que le pidieras. Es más, la niña explicó que el tipo está aceptaba apuestas. Si no conocía tu historia, te daba un talento de plata.
Pasé el resto del día caminando sobre lo que había dicho esa chica. Dudaba que fuera cierto, pero no podía evitar pensar en todo lo que podía hacer con un talento de plata.
Podría comprarme unos zapatos, y quizás un cuchillo afilado. Podría darle dinero a Trapis y aún así doblaría mis ahorros. Aunque lo de las apuestas pudiera ser mentira, sentía curiosidad. En la calle no era nada fácil encontrar entretenimiento. De vez en cuando, muy de vez en cuando, una troupe de artistas comunes representaba alguna obra. Después podrías incluso escuchar a algún violinista en una taberna. Y eso es todo.
Los espectáculos de verdad costaban dinero, y los peniques que tanto me había costado ganar eran demasiado valiosos para despilfarrarlos.
Pero había un problema: El Puerto no era un barrio seguro para mí.
Me explicaré. Más de un año atrás había visto a Pike caminando por la calle. Era la primera vez que lo veía desde mi primer día en Tarbean, cuando sus amigos y él me asaltaron en aquel callejón, me molieron un poco a golpes, toquetearon y destrozaron el laúd de mi padre.
Lo seguí con cautela durante casi un día entero, guardando la distancia y sin apartarme de las sombras. Al final, Pike se metió en un callejón estrecho, el lugar donde guardaba su propia versión de mi escondrijo. El suyo había sido compuesto de cajas de madera, improvisado para protegerse de las inclemencias del tiempo.
Pase toda la noche del tejado, esperando a que él salga de su refugio por la mañana. Muchas veces alcanzar el éxito se trata de eso, esperar al momento adecuado.
ESTÁS LEYENDO
𝚂𝚒𝚗 𝚂𝚊𝚗𝚐𝚛𝚎
Fanfiction(Cassandra Dimitrescu x OC) En la posada Roca De Guía una mujer espera. En los sonidos más tranquilos y bajos encuentra algo que puede usar para aferrarse. La mujer es alguien que quizá conozcas. Es su máscara apacible y calmada la que quizás te es...
