Daños colaterales

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Los ojos ámbar de Nathaniel me miraban atentamente a través de sus mechones dorados de pelo. Estaba completamente quieto, como un gato evaluando si atacar o escapar. Yo estaba enfrente suyo, enojada y arrepentida ante lo que acababa de decirme y yo a él. Por un momento todo a mi alrededor pareció ir en cámara lenta: las personas pasando por las calles húmedas, el olor a petricor en el ambiente, el cielo nublado aún y el aire fresco.

-D-disculpa. Yo...-Comenzó a decir dudosamente Nathaniel-

Aunque me moría de curiosidad por lo que tenía que decir ante mi pregunta, no estaba segura de qué haría con la información de la respuesta. Quizá no se sentía celoso, y solo quedaría como un evento incómodo en nuestra amistad. Eventualmente reiríamos de esto. ¿Verdad?

Pero quizá... quizá sí era así. Su sonrojo, la tensión en sus hombros, y la forma en la que me abordó el tema. En mi cabeza hacia todo el sentido del mundo que él se sintiese de esa manera dado su comportamiento. Pero si ese era el caso, entonces... me estás diciendo que... ¿El estúpido plan estaba funcionando?

-Solo me interesas, ¿Está bien? Discúlpame por haberme portado como un imbécil hace un momento. Voy a... voy a dejar esto por allá...-Dijo apenado refiriéndose a las ramas que tenía entre sus brazos-

Decir que estaba perpleja era poco. Estaba completamente extrañada con este Nathaniel. Rara vez le veo perder la compostura, y en aún más extraña ocasión le veo inseguro ante algo.
Era innegable ahora que al menos una parte de él, sentía un interés por mi; por más mínimo que fuera. Puedo ser ingenua... ¡Pero definitivamente no soy tonta!

Me quedé clavada unos segundos en mi lugar como un espantapájaros en otoño. Solté las pocas ramas que tenía entre ambos brazos, y caminé ensimismada hacia el contenedor de materia no orgánica, donde Castiel e Iris se entontraban. No dije nada, solo me moví incómodamente dentro de mi impermeable al agacharme para recoger un par de botellas en el mojado pavimento.

-¿Krysta?-Escuché la voz animosa de Iris llamarme-

Y aunque le escuché, no le di contestación alguna. Seguí mecánicamente levantando basura y acumulándola entre mis brazos hasta que inevitablemente tuve que depositarla en el contenedor. Ahí noté cómo Castiel me miraba extrañado y divertido. Le devolví una mirada seria, y me dispuse a seguir buscando más desechos a lo largo de la calle.

La voz comandante de Nath resonaba a la distancia mientras organizaba a los demás. ¿Yo? Quizá yo solo me refugiaba de sus cuestionamientos centrándome en nuestras tareas de limpieza. Quizá más bien me tomó tanto por sorpresa su reacción que prefería no pensar en ello por el momento.

¿Cómo me siento respecto a eso realmente? Por un lado... no termino de creer que yo le guste, o algo por el estilo. Es decir, en los últimos dos años que he pasado en el Sweet Amoris, hemos coincidido relativamente bastante en clases y cursos. Y describiría nuestra dinámica como una de amistad y respeto, pues somos algo cercanos... pero...

¡Pero no creí que le interesase de esa forma! A veces hacemos tareas juntos en la biblioteca, hablamos de series policiacas, nos reímos de Farrés... Me ha invitado algún par de veces por un café a estudiar... pero nada más. Siempre lo vi platónico, genuinamente. Sin embargo, esto hace que en retrospectiva las cosas se vean distintas para mi. Tal vez solo estoy sacando de contexto sus palabras.

Pero por otro lado... ¿Imaginan gustarle al hermano de tu némesis?  ¿De esa persona que desde el día uno no te ha dado más que buenos motivos para despreciarle? ¡Vaya que sería una sorpresa increíble! Me imagino a mi misma diciendo: "Oh, hola Ámber, ¡Mira a mi nuevo novio!" "Tiene unos labios tan suaves y besables" "¡Te veo más tarde en la comida familiar con tus padres!"

Coronada [CDM]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora