La fachada de la casa de los Keenan no tenía nada de especial. Un jardín bien cuidado, cortinas blancas en las ventanas, el sonido ocasional de alguna serie filtrándose desde adentro. Pero esa tarde, mientras subía los escalones del porche con una bolsa de snacks en una mano y el corazón haciendo maromas en el pecho, me parecía la entrada a otro universo. Solo había venido una vez antes aquí, y no terminó del todo bien. Y, aunque la ansiedad me consumía muy en lo profundo de que algo así volviese a suceder, ni Armin ni yo éramos las mismas personas que meses atrás.
Toqué dos veces. No porque no supiera que Armin ya estaba esperándome, sino porque necesitaba un segundo más para procesar que estaba ahí. Y que esto... esto no era un parte de algún plan elaborado y pensado una y otra vez. Era solo una tarde con él.
La puerta se abrió al instante.
-¿Estabas espiando por la mirilla? -Pregunté, alzando una ceja-.
-Solo verificando que no fueras un clon enviado por Dake para espiarnos -Replicó él, dándose media vuelta para dejarme pasar, con ese tono que usaba cuando quería parecer despreocupado... pero sus ojos brillaban de más-.
Cerré la puerta detrás de mí y lo seguí. Por primera vez lo había notado, pero toda su casa olía similar a su aroma amaderado. Esta estaba inusualmente silenciosa.
-¿Y Alexy?
-Exiliado temporalmente. Le di una tarjeta regalo y lo mandé al centro comercial. Volverá cuando haya gastado el último centavo. Tenemos tiempo -Dijo Armin, dándome una mirada cargada de intención falsa-. Tiempo... y ramen.
No pude evitar reírme.
-Vaya cita clandestina -Ironizé-. Nada dice "peligro" como sopa instantánea y tu hermano cómplice.
-Ten fe, reina -Replicó, mientras entrábamos a su cuarto-. Te prometí una cita y te daré la mejor experiencia gamer-romántica que hayas tenido.
-Y... ¿Tus padres?-Comenté dubitativa-.
Armin sólo sonrió de lado y me instó a relajarme. Su cuarto era... tan él como se podía ser. Una especie de templo espacioso dedicado a la adoración de lo geek, con figuras de anime, controles sorpresivamente ordenados, algunas latas vacías de energizantes en una esquina de su escritorio y una manta que rodeaba cómicamente un eevee en su cama. Me detuve un segundo, escaneando todo. La pantalla ya tenía el juego abierto, las luces LED daban un resplandor azul al ambiente, y en el escritorio había dos bowls humeantes con ramen.
Él me miró desde el borde de su sofá, donde ya se había dejado caer con la típica soltura de quien no tiene una sola vértebra de estrés en el cuerpo. Llevaba una camiseta negra con un dibujo pixelado de space Invaders, y pantalones de pijama que probablemente no había cambiado en todo el día. Y aún así...
Juro que no había visto a nadie más atractivo en toda la semana.
Era el pelo revuelto, el gesto relajado, ese hoyuelo que le salía solo cuando sonreía sin querer. Era su presencia. Tan cómoda. Tan honesta. Tan él.
Y por alguna razón, estar ahí me daba más nervios que cualquier artimaña que hubiera podido planear en el pasado para los Días del Patrimonio, o una fiesta de Halloween.
-¿Qué pasa? -Preguntó él, notando que lo observaba-. ¿Me salió un grano en forma de Pikachu o algo?
-No. Solo... -Negué, entrando al cuarto como quien pisa un terreno sagrado-. Estoy admirando al anfitrión. Y su evidente compromiso con el ramen de calidad.
-Obvio. Solo lo mejor para mi invitada especial. Aunque técnicamente no eres invitada. Si quieres puedo darte carta de residente -Bromeó-.
Me senté a su lado, recogiendo el control que me tendía. Nuestros dedos se rozaron por un segundo. Y sin quererlo, ese roce tuvo tanto efecto en mí como el último beso que nos habíamos dado en nuestra cita anterior.
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Coronada [CDM]
FanfictionEn el Sweet Amoris, muchas cosas pueden pasar. Krysta está dispuesta a bajar del trono de popularidad a Ámber a través de los medios que sean necesarios. Siendo el último año de preparatoria, está lista para retomar las riendas de su vida de la mano...
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