Ni un solo respiro

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El sonido del despertador rompió el silencio de mi habitación, pero no hice el menor esfuerzo por moverme. Me quedé acostada, mirando el techo, llena de nervios y con la sensación de que este lunes iba a ser más complicado de lo normal. Más emocionante, más divertido, más... todo.

Respiré hondo y me obligué a sentarme. No podía quedarme aquí todo el día, por más que quisiera evitar las miradas de mis amigos, las preguntas implícitas y las sorpresas que seguramente me deparaban ante la nueva naturaleza de mi relación con Armin adquirida.

Aún sentía el calor de la noche del sábado en mi piel. El peso ligero de mi cabeza recargada en su hombro, la risa contenida entre cada bocado de chocolate. Sí, definitivamente había sido una cita. Una que no quería que terminara. Pero ahora, en la fría luz de la mañana, la incertidumbre volvía a apretar en mi pecho.

¿Qué iba a pasar con Armin y yo en el instituto? ¿Seguiríamos con nuestras bromas como siempre? ¿O ahora todo iba a sentirse diferente? ¿Éramos... novios?

Me forcé a dejar esos pensamientos a un lado mientras me alistaba. Ropa, mochila, celular. Listo. Cuando bajé las escaleras, Finnick me esperaba en el auto, con su postura relajada de siempre.

-¿M-me vas a llevar hoy?

-Oh, ¿Quieres tomar el bus?

Normalmente habría sido ese el caso, pero dándole un poco más de pensamiento, la idea de que mi primer acercamiento a Armin hoy fuera en el bus, entre tanta gente, me causaba un poco de conflicto. ¿Quizá podía hacerle una sorpresa?

-¡No, llévame tú! -Respondí rápidamente, abrochándome el cinturón mientras Finnick encendía el motor-.

Me lanzó una mirada de soslayo antes de sacar el coche a la calle.

-Oí que te fue bien el fin de semana...-Comentó con su tono pausado y neutral-. 

Resoplé, cruzándome de brazos.

-¿Ah sí? No pensé que ese fuera el tipo de cosas que te interesaran...

Él rió fuerte, y sonriendo, siguió manejando en silencio el resto del trayecto.

No pude evitar soltar una risa suave. Finnick nunca se metía donde no lo llamaban, pero siempre estaba atento. Me dejó en la entrada del instituto y, con un último asentimiento cómplice, se fue.

Tomé aire antes de atravesar las puertas.

Era hora, apenas puse un pie en el instituto, la emoción empezó a burbujear dentro de mí.

Tenía que hacer algo.

No quería que esta mañana fuera como cualquier otra. Armin y yo habíamos cruzado una línea este fin de semana-una línea que me tenía sonriendo como idiota cada vez que recordaba el sonido de su risa en el cine, la sensación de su hombro bajo mi cabeza, el roce de sus dedos cuando me pasó el último chocolate...

Él siempre era el que tenía el mejor timing para las bromas, el que me hacía reír cuando menos lo esperaba. Quizá esta vez podía tomar la iniciativa yo.

¿Le daría un susto de "casualidad"?
¿Le robaría los audífonos antes de que pudiera reaccionar?
¿O simplemente llegaría y lo tomaría de la mano como si fuera lo más normal del mundo?

Ese último pensamiento hizo que mis pasos se volvieran un poco más ligeros.

Sí. Quería ver su expresión.
Quería ver si sonreiría con ese gesto burlón, si me lanzaría alguna broma o si, por un segundo, se quedaría sin palabras.

Hoy quiero sorprenderlo yo.

Saqué el teléfono para ver la hora, pero en cuanto desbloqueé la pantalla, una notificación de Instagram me congeló en seco.

Coronada [CDM]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora