Ámber, mi mejor amiga

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El lunes llegó con el aire frío de noviembre, y con él, la inevitable resaca emocional de los eventos del fin de semana. Aún podía sentir la tensión acumulada en mis hombros, como si cada segundo de aquella noche se hubiera grabado en mi cuerpo. El día después de la fiesta fue un borrón de mensajes no leídos, llamadas perdidas y silencios incómodos. Nadie sabía realmente qué decir, y yo tampoco sabía si quería escucharlo.

La casa, que apenas unas noches atrás había sido el escenario de mi declaración más atrevida, ahora parecía extrañamente silenciosa, como si el eco de mis palabras todavía flotara en el aire. Después de que Ámber y sus amigas se marcharan, la fiesta terminó en un susurro. La gente empezó a irse poco a poco, algunos lanzándome miradas de reojo, otros evitándome por completo. No era difícil imaginar qué tipo de rumores estaban circulando.

Rosalía, Alexy, Kentin y Armin se quedaron conmigo hasta el final, ayudándome a recoger el desastre que había quedado. Ninguno habló mucho; no hacía falta. Su presencia era suficiente para recordarme que, a pesar de todo, no estaba sola. Pero incluso con ellos a mi lado, el peso de lo ocurrido seguía apretándome el pecho. Iris y Kim se fueron más temprano, no sin antes ayudarme un poco también.

Las horas siguientes fueron una mezcla de silencio y ruido. En mi mente, el enfrentamiento con Ámber se reproducía una y otra vez, cada palabra dicha resonando como un tambor en mi cabeza. ¿Hice lo correcto? ¿Era esto lo que realmente quería? No estaba segura, pero lo único que sabía era que algo había cambiado dentro de mí.

-Hey... ¿Armin? -Dije, cuando ambos tuvimos un momento breve de privacidad mientras salíamos a recoger el jardín-.

-¿Hm?-Preguntó, sin verme a los ojos-.

-¿Estamos bien? M-me refiero a... tu y yo.

Me miró sorprendido por un momento, y luego rió nerviosamente ante mi seriedad.

-Sí, todo bien... -Añadió, el silencio invadiéndonos por unos segundos- Supongo que no esperaba que hoy terminara así, sólo eso.-Finalizó, volviéndose a recoger un par de vasos vacíos sobre el pasto-.

-Ahh... claro...

El aire fresco de la noche removió las hojas secas a nuestro alrededor mientras caminábamos en silencio por el jardín, recogiendo los rastros de la fiesta. El murmullo lejano de los pocos que aún quedaban dentro de la casa parecía amortiguado, como si existiéramos en una burbuja separada del resto del mundo.

Miré de reojo a Armin mientras él apilaba un par de platos con la misma facilidad con la que solía apilar vidas en sus videojuegos. Pero no lo miraba por eso. Lo miraba porque quería preguntarle algo más, porque había algo dentro de mí que necesitaba respuestas. ¿Pensaba diferente de mí después de lo que pasó? ¿Le importaba lo que había hecho con Castiel? ¿Había cambiado algo entre nosotros?

No pude atreverme a decir algo más después de ese momento, no quería arruinar lo que sea que teníamos ahora.


Hoy, el instituto se sentía diferente. Los murmullos en los pasillos parecían más fuertes, y las miradas duraban un poco más de lo habitual. Mi nombre estaba en todas partes, y las redes se habían vuelto nuevamente un recordatorio de mis acciones y sus consecuencias. 

Ahora, sentada en mi escritorio, observaba cómo las gotas de lluvia resbalaban por la ventana. Cada mirada furtiva y comentario susurrado era un recordatorio constante de lo que había sucedido. Las caras conocidas ahora parecían diferentes, algunas más amigables, otras más distantes.

Armin había estado en silencio desde esa noche. Nos cruzamos un par de veces en los pasillos, y aunque me dirigió una leve sonrisa, no hubo palabras. No sabía qué pensaba de todo esto, y eso me carcomía por dentro. Castiel, por otro lado, parecía disfrutar de la atención, como si nada de esto le afectara. Pero yo sabía que detrás de su fachada despreocupada, también había algo que lo inquietaba.

Coronada [CDM]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora