El casino-arcade fue un desastre y una victoria al mismo tiempo.
Desastre, porque Armin resultó ser un jugador obscenamente bueno en todo lo que requiriera reflejos rápidos y puntería. Victoria, porque su ego competitivo lo hizo subestimarme justo en la última partida de air hockey, dándome el golpe perfecto para dejarlo sin palabras.
Las luces de neón, el bullicio de las personas, las risas y el constante "no puede ser que me estés ganando, Krys" seguían zumbando en mi cabeza cuando finalmente salimos del ruido del arcade y nos dirigimos de nuevo al ascensor.
Solo que esta vez, el ambiente había cambiado.
Armin y yo aún estábamos sonriendo, aún seguíamos bromeando, pero mientras las puertas de cristal se cerraban y el ascensor comenzaba su descenso, la energía entre ambos alcanzó un punto más ligero, y menos controlado. Armin se apoyó contra la barandilla del elevador con las manos en los bolsillos y dejó escapar una risa baja.
-Okay, debo admitirlo, no creí que fueras a ganarme en el último segundo.
-Eso te pasa por confiarte, no es la primera vez que sucede.
Mi voz sonó relajada, ¿Pero mi cuerpo? Mi cuerpo no lo estaba. El reflejo de la ciudad se extendía a nuestro alrededor, con las luces parpadeando como estrellas invertidas bajo nosotros, sin embargo la única luz que sentía en ese instante era la de su mirada fija en mí, y no era la primera vez que me miraba así.
Pero sí era la primera vez que sabía con seguridad lo que vendría. Me humedecí los labios sin darme cuenta, y en cuanto lo hice, sus ojos siguieron el movimiento antes de volver a encontrarse con los míos.
Armin inclinó la cabeza con una sonrisa lenta, pero esta vez... no tenía el mismo control de siempre. Me evaluó con detenimiento, tragando saliva pesadamente, y comenzó a reír suavemente casi para sí mismo.
Yo estaba parada, casi paralizada ante el pensamiento de sus labios en los míos nuevamente. De alguna extraña manera, a pesar de que ya había sucedido antes un par de veces, ahora se sentía mucho más real, distinto. Como si por fin nos viéramos el uno al otro tal cuál éramos, sin algún disfraz, sin formar parte de un juego, sin alguna tensión emocional de por medio.
Solo nosotros.
Solo esto.
Armin apoyó una mano en la barandilla de cristal a mi lado, inclinándose apenas, acortando la distancia entre nosotros con una lentitud intolerable.
Su otra mano salió del bolsillo de su sudadera y, con la misma inseguridad que lo volvía tan genuino, trazó un roce en la manga de mi abrigo con los nudillos.
-Dime que esto no es una mala idea -Murmuró con una risa baja, pero su voz traicionó la ligera aspereza en su garganta-.
-N-no sé...-Respondí, sin entender por completo qué quería decirme-.
Desde el ascensor de cristal, las avenidas parecían serpientes de luz dorada que se deslizaban entre los rascacielos, y el reflejo de los anuncios de neón destellaba contra las ventanas de los edificios a lo lejos.
La tenue iluminación del elevador apenas rozaba su piel, pero la luz de los rascacielos más bajos iluminaba su rostro desde abajo en suaves destellos azulados y dorados. Sus facciones, usualmente relajadas y despreocupadas, ahora se veían más marcadas, más definidas. Sus labios entreabiertos atrapaban un reflejo cálido cada vez que respiraba, y sus ojos...
Sus ojos parecían aún más brillantes de lo normal, reflejando el parpadeo de la ciudad como si guardaran dentro de ellos todas las luces de Amoris.
Armin soltó una breve exhalación por la nariz, algo entre una risa sin humor y un suspiro contenido.
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Coronada [CDM]
FanfictionEn el Sweet Amoris, muchas cosas pueden pasar. Krysta está dispuesta a bajar del trono de popularidad a Ámber a través de los medios que sean necesarios. Siendo el último año de preparatoria, está lista para retomar las riendas de su vida de la mano...
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