Lo que no se dice

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No la había visto en años, pero no hizo falta más que una mirada para reconocerla.

El instituto bullía de movimiento: mochilas, cámaras, voces nuevas. Delegaciones de otros liceos se mezclaban con los estudiantes locales como si se tratara de un mega-evento accidental. Y en medio de ese caos perfectamente organizado, la vi. Caminando con ese paso ligero, casi danzante, como si el mundo fuera un escenario y ella la protagonista de una comedia romántica constante.

-¿¡Laeti!?

Se detuvo en seco, se giró... y sonrió como si el tiempo no hubiera pasado.

-¡KRYS! -Gritó, abriendo los brazos sin pensarlo dos veces antes de correr a abrazarme-.

El apretón fue cálido y efusivo, con risas entremezcladas, como si todavía estuviéramos en primero de secundaria escondiéndonos de los prefectos para comernos un paquete de galletas antes del recreo.

-No puedo creer que estés aquí -Dije, un poco incrédula mientras nos soltábamos-.

-¡Yo tampoco! Hasta que anoche me llegó el comunicado oficial -Explicó, emocionada-. "Actividad intercolegial con sede en Sweet Amoris"... ¡Y pensé que tal vez, solo tal vez, podría encontrarte! Así que me puse a buscar el IG del colegio, encontré el de una tal Peggy, y ¡Boom! Ahí estabas tú, en un montón de historias y publicaciones, con cara de diva y un peinado imposible. ¡Estás famosísima!

Reí, aunque sentí el rubor subir lentamente.

-Peggy sube todo lo que se mueve. No es fama, es exposición involuntaria.

-Claro, claro -Dijo con una sonrisita pícara, dándome un codazo-. Aun así, cuando te vi ahí, fue como una señal. Tenía que encontrarte hoy.

Me miró con ese brillo chispeante que siempre había tenido: el de alguien que vive con el corazón en la mano, con la risa fácil y el drama a flor de piel. Seguía siendo tan efervescente como la recordaba: parlanchina, coqueta sin esfuerzo, y con esa calidez suya que te arrastraba como una ola.

-¡Tres años sin vernos! ¿Puedes creerlo? Me siento como en una película de reencuentros. Solo falta la música triste de fondo y una cámara lenta -Añadió, riendo-.

-O una escena en cámara rápida donde recordamos todos los momentos random de la secundaria -Dije, sonriendo-.

-¡Como aquella vez que Kentin se cayó por intentar impresionarnos con su bicicleta! -Exclamó ella, soltando una carcajada-. Por Dios, ¿Sigues en contacto con él?

-Oh, sí. Está aquí también. Creo que te va a dar un infarto cuando lo veas.

-¿En serio? ¿También entró en modo galán escolar como tú? -Bromeó, entrecerrando los ojos en plan detective-. Eso tendría que verlo. Aunque tengo que decir que tú estás... wow. Como, wow wow.

Rodé los ojos con una sonrisa, intentando no reírme como idiota.

-Aw, para. Tú sigues igual de linda también.

-¡Claro! ¿Y sabes qué? Me encanta que estés aquí. De verdad. Este lugar ya se siente menos ajeno ahora.

Asentí, sintiendo una calidez extraña en el pecho. Había algo reconfortante en reencontrarte con alguien que te conoce desde antes de que tú misma supieras quién eras.

-También me alegra que estés aquí. En serio.

Y justo entonces, como si el guión no pudiera resistirse al drama... escuché esa voz tan familiar ya para mi a mis espaldas:

-¿Krys?

Me giré... y ahí estaba Armin.
Con su mochila al hombro, el cabello revuelto como siempre, y esa expresión suya, como si acabara de despertarse de un sueño placentero.

Coronada [CDM]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora