Es oficial

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Estábamos tomados de la mano como si fuéramos una estatua conmemorativa de "la decisión más importante del año".

A mi izquierda, Armin. Quieto, serio, pero con la comisura de los labios luchando por no curvarse en una sonrisa. A mi derecha, Alexy y Kentin, ambos con los brazos cruzados y las cejas alzadas, como si estuvieran presenciando el juicio final. Y al frente... Rosalía. De pie, frente a nosotros, en plena entrada del centro comercial, con una bolsa de compras colgando de un brazo y la expresión de quien acaba de escuchar que su mejor amiga se ha unido a un culto.

Tomé aire.

-Vamos... dilo -Murmuró Armin por lo bajo, apretándome la mano como quien lanza a su compañera al escenario principal sin previo aviso-.

-¡Dilo! ¡Dilo ya! -Susurró Alexy, con la emoción desbordándose por los ojos-.

Yo tragué saliva, miré a Rosa directo a los ojos y, con la frente en alto, solté:

-Soy novia de Armin.

La cara de Rosalía fue oro puro. Abrió los ojos como platos. Luego parpadeó. Una vez. Dos. Tres. Y entonces levantó una ceja con elegancia.

-Perdón, ¿Puedes repetir eso? -Preguntó, en ese tono entre sarcasmo fino y genuina incredulidad-.

-Soy. Novia. De. Armin -Dije, esta vez más fuerte, como si estuviera recitando un mantra-.

Alexy se tapó la boca para no reírse. Kentin le dio un codazo de pura emoción contenida. Armin solo soltó un "ajá" muy orgulloso, como si acabara de ganar una medalla olímpica.

Rosalía me miró un segundo más y luego sonrió como solo ella sabe hacerlo: como si lo hubiera sabido todo el tiempo, pero hubiera querido verme decirlo con mis propias palabras.

-¡Ay Krys! ¡Ya era hora! -Suspiró teatralmente, extendiendo los brazos para darme un abrazo que acepté sin soltar la mano de Armin-.

Él solo murmuró:

-Esto fue más intimidante que cualquier jefe del Elden Ring.

Y ahí estábamos, en medio del centro comercial, como una escena salida de una sitcom adolescente. Novios, sí. Pero novatos en esto de decirlo en voz alta. Y con testigos de sobra.

-Rápido -Dijo Rosa, dando un paso hacia Armin con los ojos entrecerrados y la sonrisa más dulce del mundo (y por eso mismo, la más peligrosa)-, antes de que empiece a tomar represalias preventivas... ¿Tú ya estás consciente de las reglas, verdad?

Armin parpadeó.

-¿Reglas?

Alexy se frotó las manos como si acabara de pagar por el boleto de una función VIP.

-Oh, esto se va a poner bueno.

Rosa levantó un dedo.

-Regla uno: si la haces llorar, lloro yo. Y te juro que lloro feo, Armin. Con mocos. Y abrazos pasivo-agresivos. Y probablemente te grabe en una story etiquetándote como "monstruo sin alma".

Armin levantó las manos en defensa, conteniendo la risa.

-No planeo hacerla llorar, lo juro.

-Regla dos: si tomas de su comida sin pedirle permiso... más te vale estar dispuesto a compartir la tuya también. O mejor aún, ¡Pedir postres dobles! -Añadió, apuntándolo con seriedad maternal-.

Armin asintió solemnemente, como quien acaba de firmar un contrato de adopción de un gato sagrado.

-Y por último... -Rosa ya se acercaba demasiado, como si estuviera por revisar si tenía intenciones oscuras tatuadas en la frente-, Si le rompes el corazón, Armin Keenan, yo me voy a encargar personalmente de que no puedas volver a entrar a este centro comercial sin sentir que todas las tiendas te están juzgando, me encargaré que no puedas volver a poner un solo pie en todo Amoris.

Coronada [CDM]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora