Todo transcurre con naturalidad, es un día común, con al parecer nada fuera de lo normal, con cada cosa en orden. Es lo que pienso mientras espero en mi asiento a que llegue el resto de la clase, pues he llegado demasiado pronto. Pero igual de pronto me doy cuenta que hay un asiento a mi lado que va a estar vacío por el resto del día, y ese es motivo suficiente para hacer que mis ánimos desciendan abruptamente y sin más remedio.
Mi disfraz me protege, al comienzo llama la atención, pero mis lentes dejan de ser relevantes en algún momento, y esto debería tranquilizarme, y sin embargo sólo hace que me alegre un poco, no es una alegría desbordante, sino que es tan sólo un ligero subidón, y todo por una simple razón: que yo veo perfectamente, y así nadie más nota la tristeza que derramo con cada mirada, una melancolía inconmovible, de hecho, al borde del llanto; eso sí lo puedo controlar, sé que no es el mejor lugar, y prefiero que sigan creyendo lo que quieran, y no lo que sucede realmente, no me importa contradecir esa idea de mostrarse como uno es en realidad en lugar de dar una impresión falsa, pues si alguien llegara a conocer todo cuanto soy, dejaría de considerarme lo que alguna vez me consideró, es por eso que vale seguir guardando todos los secretos que sean posibles.
Cuando el profesor cierra la puerta, me doy cuenta que he perdido la noción del paso del tiempo, nuevamente, y esos minutos de espera transcurrieron con suma rapidez, como un vistazo a un anuncio que se cruza a mitad de la autopista y ya no hay oportunidad de volver a verlo, pues sería peligroso girar o detenerse sólo contemplarlo. Creo que la vida se compone en su mayor parte de esa clase de vistazos rápidos, y del mismo modo, una vez que han pasado, ya no hay modo de volver atrás, ya no se puede hacer nada para remediar algo que no se completa justo en el momento.
Afortunadamente, la clase es ligera y pasa deprisa. Los chicos insisten en que vaya con ellos, pero el sueño me vence, y prefiero quedarme, aunque sea sólo un poco más. Le pido entonces a Rob que me despierte en cuanto vuelva y él asiente. Por mi parte, cruzo los brazos y me recuesto sobre ellos, apoyándolos sobre mi butaca. Todos salen, y en cuestión de unos segundos, se desvanece de mi visión también cualquier cosa que estuviese a mi alcance. El silencio es música, una música apacible, y lentamente me sumo en la inconsciencia y me entrego al sueño, no sé en qué momento me he quedado dormido, pero sí simplemente ha sucedido, lo podía predecir, mi cuerpo exigía al menos unos minutos para poder descansar como se lo merece. Iba bien todo, pintaba para ser un día excelente, pero alguien, justo cuando comenzaba a descansar, osó en despertarme tan deprisa, presionando sobre mi hombro y agitando mi cabeza.
— ¿Qué sucede? —pregunto, pero ahí estaba nuevamente el silencio. Yo estaba muy seguro de que había alguien detrás de mí, y era quien me había despertado.
No había nadie más, lo que significa que aún no era hora de comenzar la siguiente clase. Mis lentes no me molestan y aunque muestran una imagen un tanto distorsionada, más oscura de lo que es en realidad, yo soy capaz notar cada detalle: nada había cambiado desde que recordaba.
No me levanto, el dolor permanece sobre mis heridas y les impide a mis piernas moverse. Quien me había despertado se mueve hacia el frente, justo delante de mí, y es entonces, cuando la veo, que me quedo petrificado, incapaz ya de decir cualquier cosa, aunque sí con la boca abierta por la impresión tan agradable.
— Hola. —dice ella, con esa misma voz tan dulce que me cautivó desde la primera vez que la escuché. Era Kate, y estaba tan hermosa como siempre, aunque si yo pudiese decirlo, me parece que en realidad era todavía más bella, como si con cada día transcurrido, hubiese algo que cambiara en ella, haciéndola ver cada vez mejor. O tal vez era yo que, con cada día, la veía con una mirada diferente, una mirada cada vez más enamorada.
ESTÁS LEYENDO
Todo lo que he querido decirte
RomanceTrevor narra sus primeros días en la universidad, donde queda fascinado por una chica de la que ni siquiera conoce su nombre. Todo parece ir bien entre sus cavilaciones y recuerdos confusos se acerca a una extraña verdad que lo atormenta y que se oc...
