— Lo he visto todo, hermano, tú no tienes la culpa delo que pasó.
Salgo apesadumbradamente de mi realidad onírica, y al deslizarme hacia el mundo exterior, esas son las palabras que me reciben. Suenann desgastadas, como si hubiesen sido repetidas una y otra vez, y además están rodeadas de melancolía.
Primero es la luz, no puedo diferenciar si ya tengo abiertos los ojos o no, porque no soy capaz de ver nada más que una inmensa masa blancuzca irradiando hacia todas partes una brillantez cegadora e irritante. Tengo reciente el recuerdo de una fiesta, han sucedido un montón de cosas, pero estas, por el momento, no son para mí más que misteriosas imágenes, fragmentos de imágenes apenas accesibles, que no dicen nada por sí solos.
La luz radiante se disipa rápidamente hasta disolverse, hasta mostrarle a mis ojos lo que hay a mi alrededor. Parpadeo muchas veces, y tras un esfuerzo sobrehumano para aguzar la visión es que puedo por fin acostumbrarme al cambio. Al parecer, he pasado mucho tiempo sumido en la oscuridad, sin otra cosa que ver que mis recuerdos, muchos de ellos tormentosos y hostiles, y el problema entonces tal vez haya sido que en lugar de evocarlos una sola vez, los he visto una y otra vez hasta el momento de despertar, donde me encuentro aquella misma voz, sin un solo sesgo de diversión, sin sonar burda, pero sí afligida, y llena de miedo.
— Lo he visto, así que, por favor, antes de que quieras cometer una tontería, debes escucharme bien.
Lo escucho, por supuesto, pero mi lengua está paralizada, como ese instante en una borrachera en el que el adormecimiento muscular la alcanza y ya no se pueden articular coherentemente las palabras que en otro momento saldrían con una altísima naturalidad.
— Ha sido todo culpa mía, no debí... —su voz se quiebra, él se quiebra, creo que puedo escuchar el sonido de sus sentimientos al romperse, como si también se rompieran en mi interior, y en su lugar, como bien lo está mostrando, se instala la culpabilidad— No debí llamarte, de haber sido así, todo sería muy diferente, asumo la culpa, con todos y cada uno de los cargos.
Charlie se levanta de la silla que había ocupado desde que lo distinguí y comenzó a hablarme (esa es la impresión que tengo, puesto que no puedo dar ni la más mínima idea de cuánto tiempo llevo en realidad ahí, podrían ser horas, quizás días enteros).
— Si hay alguien a quien deban culpar de lo sucedido, soy yo. —se detiene, se limpia unas gruesas lágrimas que corren por sus mejillas— Cuando te recuperes, si quieres descargar tu ira en contra mía, aceptaré cada uno de los golpes que quieras darme.
Se acerca más a mí, y un vistazo a mi alrededor me revela lo que no quiero, pero que inevitablemente ya sé. Estoy en un hospital, una habitación pequeña y de fondo, el sonido de las máquinas que leen mis signos llena el espacio que en otra parte debería ser ocupado únicamente por el agradable silencio. Las paredes y el techo color blanco, sumados a la luz lastimera de las lámparas son lo que me han hecho ver todo cegadoramente blanco. Mi brazo tiene una aguja, y la aguja va por una manguerilla, trasparente y delgada hasta una bolsa de suero. Además, tengo un brazo con yeso, al igual que un tobillo, y por la presión que ejercen algunas vendas en mi cabeza, abdomen y una pierna, supongo que ahí se hallan el resto de mis heridas. Lo cierto es que no me molestan, porque si me están suministrando alguna clase de anestesia, esta debería seguir haciendo su trabajo bastante bien.
— ¿Qué...? —trato de preguntar. Tengo muchas más preguntas que hacer que nunca antes en mi vida, pero precisamente en ese momento, muchas de ellas se desvanecen y sólo dejo al aire la evocación de una de muchísimas tantas posibilidades de cuestionamiento.
— Pasó algo terrible. —espeta mi amigo, tiene unas negras ojeras bajo sus párpados, y su rostro luce demacrado, lleva el pelo revuelto y la mirada perdida. Por unos segundos clava la mirada en mí, pero debería haber algo en ella que lo hace desviarse, porque no puede mantenerla— Deberás ser muy fuerte para soportarlo, así que posiblemente ahora no sea el mejor momento.
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Todo lo que he querido decirte
RomanceTrevor narra sus primeros días en la universidad, donde queda fascinado por una chica de la que ni siquiera conoce su nombre. Todo parece ir bien entre sus cavilaciones y recuerdos confusos se acerca a una extraña verdad que lo atormenta y que se oc...
