— ¿No crees que te estén buscando allá abajo? —pregunta ella. Yo llevo unos segundos mirando algún sitio impreciso del techo, recordando, rememorando y llenándome, extasiándome sólo con volver un poco atrás.
— No es algo que me importe demasiado.
— Sabes que, si alguien más vuelve a entrar sin preguntar antes, vas a ser tú el que reciba un buen golpe por no cerrar bien las puertas, ¿cierto? —sentencia. Sí, había olvidado cerrar la maldita puerta de mi habitación. De nuevo.
— Yo puedo excusarme, es más, ni siquiera debe importarles dónde estoy, no me necesitan allá afuera. —Le explico— Pero, ¿qué hay de ti?, ¿qué vas a decirle a tus amigas cuando te pregunten dónde has estado todo este tiempo?
Se lo piensa un poco, ella también mira el techo con un aire reflexivo, como si de este fuese a obtener todas las respuestas que necesita, o por lo menos la inspiración para poder hacerlas ella misma.
— Nadie me ha visto entrar aquí, puedo decir que decidí no venir y que ni siquiera llegamos juntos aquí. ¿Qué te parece?
Alza los hombros, sus hombros desnudos, sobresaliendo apenas estos, su cuello y su rostro de entre las sábanas. Tiene el cabello revuelto, enmarañado en todas direcciones sobre la superficie de la almohada, y en su piel todavía se notaban algunos hilillos de sudor. Por lo menos ya habíamos recuperado el aliento.
Sonrío, bastante agotado, pero esto no me impide estar feliz. Ella todavía está desnuda, dentro de mi cama, y acabamos de... ¿de qué, coger, hacer el amor?, mucha gente se inclina a hacer una división con características muy precisas de cada una de esas actividades, supuestamente tan diferentes, pero yo me pregunto: ¿acaso no hay cabida dentro del amor para la pasión, el desenfreno, el placer y el regocijo?, claro que lo hay, y entonces también se puede coger por amor, y hacer el amor cogiendo.
Contengo una risa, producto de mis extrañas conclusiones, que suenan a algo así como un buen tema para charlar con amigos luego de unas cervezas, con lo que obtendría un montón de carcajadas y no tanto un apoyo o una constatación de esa pequeña hipótesis, que al final no dice nada. Pero tampoco importa.
— ¿Por qué no simplemente decir la verdad? —añado yo, porque si ella no quiere que sus amigas sepan qué ha pasado, ¿es porque Kate no quiere entonces que nadie se entere de que estamos juntos?, ¿de verdad estamos juntos?
Me sujeta de las mejillas, haciéndome girar, quedando ambos de frente, colocados de costado con respecto al colchón de la cama. Sus senos redondeados, firmes, exquisitos quedan al aire, y despiertan en mí unos recuerdos muy cercanos en el tiempo. ¿Qué mas da el recuerdo si puedo verlo todo delante de mí, como si pudiera ocurrir de nuevo, como si el recuerdo fuera tan fantasioso como la idea que me hacía de que ocurriera? No sé, entre recuerdo y fantasía no hay mucha diferencia, quizá pienso en esto para sostener su mirada, para no volverme loco y hundirme de nuevo bajo las sábanas, para resistir la tentación.
— Si quieres, puedo asomarme así por tu ventana, que es bastante grande, y cuando tú salgas detrás de mí, tratando de detenerme, y todos se queden observando nuestra desnudez, entonces ya no hará falta dar ninguna explicación. —usa su voz seductora, endulzando más mis oídos. Pero había escuchado yo ya algo más cercano a la gloria, la gloria misma del gemido, que seguramente quedó eclipsado por el ruido de la música allá afuera.
— No me molestaría. —bromeo. Ella no me ha soltado todavía, y frunce el ceño, a modo de reprimenda.
— Pervertido.
— Depravada.
— Voyeur.
— Exhibicionista.
— Estúpido.
ESTÁS LEYENDO
Todo lo que he querido decirte
RomanceTrevor narra sus primeros días en la universidad, donde queda fascinado por una chica de la que ni siquiera conoce su nombre. Todo parece ir bien entre sus cavilaciones y recuerdos confusos se acerca a una extraña verdad que lo atormenta y que se oc...
