Me he quedado observando hacia las estrellas durante bastante tiempo, sé que ya es muy tarde, pero lo cierto es que cuando miro hacia el espacio infinito, no me inundan pensamientos acerca de la bastedad del universo, sino que viajo por los rincones oscuros de mi memoria, una memoria que ha sido afectada inesperadamente, y es probable que ya no vuelva a ser el mismo. Así me gustaría creerlo.
Hay una enorme sonrisa dibujada en mis labios, pero he dejado de ser consciente de ella desde hace unos minutos, cuando la evocación del recuerdo se ha vuelto tan fuerte, que ocupa la total actividad en mi cerebro. Hace frío, un viento gélido que me recorre el cuerpo entero, pero no es tan importante, no tiene relevancia y es algo que puedo soportar, todo sea por quedarme un rato más aquí, recostado en el techo de mi casa, dejando que mi imaginación viaje sin frenos hasta donde ella quiera, o mejor dicho, hasta un preciso punto, que sin embargo, ha sido magnífico, ha sido un golpe demasiado fuerte, pero esa clase de golpes que a uno terminan gustándole.
Vuelvo a pensar en ella, porque desde que la vi, no he podido hacer otra cosa, es por eso que he subido aquí, mientras la oscuridad se cierne a mi alrededor, y en la cúpula celeste se agrupan la infinidad de estrellas, es por eso que he buscado un espacio para pensar, para darle rienda suelta a todas las posibilidades que algún día me gustaría que ocurriesen.
La vista es demasiado hermosa como para desviarla hacia otra parte, me encanta ese contraste, entre una oscuridad de fondo, imposible de calcular, y por todas partes, como salpicadas en grupos azarosos y mediante un libre albedrío incomprensible, unos puntos luminosos y lejanos, las estrellas. Sí, me encanta verlas, pero tras un buen rato, comienzo a marearme, incluso a pesar de estar recostado, y es que ese mareo no sólo se genera por la imposibilidad de fijar la vista en un solo punto, sino porque entre más observo, me doy cuenta de lo hermosas que son, y lo hermoso no se puede contemplar por mucho tiempo, hiere. Ese es el problema.
Es así que cierro mis ojos cansados, y un tanto fríos por el contacto con la gélida noche. Mi sonrisa no desaparece, no podría desaparecer luego de haberme deleitado las pupilas esta misma mañana con la creación más perfecta del universo. Sí, porque si todos estamos hechos del polvo de las estrellas, deberían sentirse orgullosas de haber creado una chica tan hermosa como a quien yo vi, aquella que se ha instalado en mi interior, que se ha aferrado a mí con unas garras invisibles que yo consiento, que hasta me agradan. No ha hecho falta más que un par de miradas, y ese es el efecto que ha causado, ni siquiera la he escuchado hablar, no hemos cruzado la palabra, no sé ni su nombre, sólo sé que irremediablemente, un impulso me llevó en cierto momento a mirar hacia ella, y ahí comenzó todo, ahí fue donde descubrí que debía ser mía y yo suyo. No creo que nuestros futuros estén ya predeterminados, sino que lo que sucede es en realidad producto de la casualidad. Siendo así, creo que ella es la más bonita casualidad que se ha cruzado por mi vida.
El cerebro puede ser algunas veces muy traicionero, muestra cosas que no deberían aparecer, en momentos inoportunos, pero también oculta otras cuando más se requieren, y lo peor de todo es cuando se vuelve algo persistente. Lo bueno para mí, es que a veces me conviene lo que me muestra: la materialización de lo perfecto, la muestra viviente de que a pesar de lo jodido que está el mundo y de lo crueles que son las personas, todavía hay algunas que valen la pena, y la valen demasiado porque superan todas las expectativas, porque tienen un toque, una chispa especial, como si fueran un imán. En todo caso, sería esa inevitable fuerza electromagnética la que me llevó a mirar en su dirección, pero sé que no es tan fácil, no podría serlo tratándose de un suceso tan maravilloso.
Tengo en mi mente la clara imagen de ella, y no me fastidia recrear cada detalle. Tiene el cabello color castaño claro, un tono natural por lo que pude ver, apenas ligeramente más oscuro en las raíces, sus ojos son de un verde claro espectacular, no lo sé, pero de algún modo hacen una excelente combinación con su cabello. Todo en ella está tan equilibrado, que no parecía posible que existiera. Sin embargo, es tan hermosa, que me pone a dudar sobre algo que se dice muy frecuentemente: que es demasiado bueno para ser verdad. Ella es demasiado buena para ser mentira, si fuese una mentira, todo este tiempo tendría que haber sido un sueño, y me parece que no ha sido así, puedo sentirlo, siento cosas que no son posibles de sentirse mientras se sueña, a menos que se sueñe despierto, como he estado haciendo.
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Todo lo que he querido decirte
RomanceTrevor narra sus primeros días en la universidad, donde queda fascinado por una chica de la que ni siquiera conoce su nombre. Todo parece ir bien entre sus cavilaciones y recuerdos confusos se acerca a una extraña verdad que lo atormenta y que se oc...
