Silencio. Es lo que predomina, primero el silencio, pero es sólo una característica dotada completamente de exterioridad, es sólo una particularidad del ambiente. Por fuera está todo silencioso, pero dentro de mí, dentro de mi cabeza hay un verdadero bullicio, una batalla se libra, miles de voces tratan de salir, aunque terminan chocando entre sí y me imposibilitan. He estado sentado y dando vueltas con mi silla aproximadamente una hora entera y sin poder hacer nada, todavía conservo la pluma entre mis dedos, y no dejo de moverla, sólo que no he sido capaz de comenzar a escribir, y no es por falta de ideas, es por un exceso de ellas, que sin embargo, terminan siendo un problema también, es como estar delante de un garaje repleto de coches grandiosos, cientos, tal vez miles, pero sabiendo que sólo se puede conducir uno a la vez, y entonces es ahí cuando la confusión toma parte. En ese punto me encuentro yo.
No importa entonces que haya un millón de coches entre los que pueda elegir, pues el destino al que decida ir con cualquiera de ellos va a ser siempre el mismo, siempre trataré de ir hacia Kaitlyn. Me digo, y ahora he comenzado a pensar en coches, y se me ha escapado nuevamente la idea, esas primera palabras con las que debería comenzar a escribir la hoja en blanco que he mirado una y otra vez sin atreverme a hacer nada más.
— ¿Qué más da?, no escribo para ella, bueno sí, pero no tiene que verlo, no tiene que enterarse de nada de esto. —susurro, consciente de que únicamente yo me escucho, y es que necesito oír una voz, en tal caso, me conformo con la mía, dándome ánimos, dirigiéndome, tratando de acabar con esa imposibilidad de comenzar a escribir.
Los árboles, meciéndose todavía con el viento suave, posiblemente son una distracción, así que me decido finalmente por cerrar las cortinas, y así, no tengo otra cosa que ver hacia afuera. Las estrellas y el cielo abierto de igual forma representan una buena tentación, pero ya había tenido la experiencia de dejar que el tiempo volara y yo no pudiese hacer nada, y no quería volver a pasar por lo mismo.
— Vamos. —me digo, y entonces me inclino, reposando mis hombros sobre la mesa, concentrándome, pensando en la forma de poner todo eso que bulle en mi cabeza sobre una hoja en blanco, en cómo convertirlo en palabras coherentes, que signifiquen algo, o que al menos me sirvan como un referente para dejar de mortificarme.
Dejo el título para después, y presiono con la pluma hasta que se comienza a extender una mancha de tinta. No me gusta. Arranco la hoja y la tiro al bote, es como comenzar de nuevo, renacer. No tengo nada, ese punto ya se veía bastante mal la mancha, para empezar, así que lo mejor es eliminarla en su totalidad, y no dudo ni un segundo en hacerlo.
De nada sirve pensar que no he hecho esto el tiempo suficiente como para decir que estoy haciendo algo verdaderamente bueno. No quiero que lo vea nadie, sólo quiero verlo yo, quiero que Kate se quede grabada en otro lugar aparte de en mi memoria, tan poco confiable es a veces, y también, mi imposibilidad viene dada porque el mismo problema se me presenta una y otra vez: no hay palabras suficientes para describirla, no importa cuánto diga sobre ella, no importa que me acabe todo mi vocabulario, pues nunca va a ser suficiente. Ella estará siempre por encima de cualquier intento que se haga para acercarse ligeramente a su gran esplendor, a su encanto, a su atractivo, al deleite hipnótico que genera el verla.
Escribo rápidamente, no busco ahora rimar, sólo dejar salir todo lo que siento:
Eres la primera luz del alba, un destello matutino de resplandor etéreo, derrites el hielo de la noche y tienes en tu mirada el fulgor de todas las estrellas. Hechizas, cuentas con un poder extraordinario, no requieres más que una sonrisa para poner ejércitos enteros a tu disposición, y controlas todo con solo mirarlo, con solo tocarlo, con eso basta para ser tú su dueña, su poseedora. Y tu risa, una musicalidad producida en los más delicados recintos del planeta, alegra el alma, es una melodía, la mejor de todas para aquellos afortunados oídos que puedan disfrutarla.
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Todo lo que he querido decirte
RomanceTrevor narra sus primeros días en la universidad, donde queda fascinado por una chica de la que ni siquiera conoce su nombre. Todo parece ir bien entre sus cavilaciones y recuerdos confusos se acerca a una extraña verdad que lo atormenta y que se oc...
