Parece que mis amigos están al tanto de mis ensoñaciones, porque en lugar de apiñarse dentro de mi vehículo (como bien pudieron haber hecho), una vez que vieron que Kate ocupaba el lugar del copiloto, todos ellos se alejaron, conscientes completamente de que necesitábamos ir sólo nosotros dos, por lo menos en el trayecto hasta mi casa. Pero incluso esos pocos minutos eran para mí una de las cosas más cercanas al paraíso; incluso el más pequeño instante que ella me conceda a su lado es para mí como un regalo suyo. No tiene idea de lo mucho que me he ido acostumbrando a ella, y ya no hace falta decir que mis expectativas también han aumentado, se han hinchado en mi interior y me hacen desbordar de felicidad y de orgullo cada que está cerca. Este día ha estado demasiado tiempo cerca de mí, y siento que, si no logro controlarme hasta que se haya ido, en un momento impreciso terminaré diciéndole alguna clase de declaración de todo lo que experimento. Aunque eso es algo que digo que haré cada que la veo y al final termino por no hacer nada. Ya veré si hoy ocurre algo distinto.
Dejamos atrás la universidad. Una de las chicas llevaba su coche, no estoy seguro de quien de ellas se trata, pero tengo la vaga impresión de haber visto a Kim subirse del lado del conductor de una camioneta, donde perfectamente caben el resto de sus amigas y tal vez alguno de los chicos, y el resto puede ir con Rob.
¿Por qué, entonces, teniendo espacio de sobra, Kate decidió venir conmigo en lugar de con Kim?, no sé si sea una buena señal, pero en cuanto le dije que se subiera, no opuso resistencia. Le abrí la puerta y se montó con rapidez. No acostumbro hacer esta clase de cosas, pero quería darle una buena impresión (Charlie me daría un buen golpe si me escucha hablando así, para después darme también un buen sermón muy sabio, pero por el momento no me importa, no es la clase de cosas que se planeen, sino que todos estamos acostumbrados a mostrar una parte de nosotros mismos que no somos, que llega el punto en que ya no tenemos ni idea de quienes somos en realidad), y sí, también fui yo el que cerré la puerta, con unos ademanes de gentileza, también fingidos. Pero al menos me gané una sonrisa de mi amada y unas miradas escudriñadoras seguidas de murmullos aduladores de mis amigos, a pocos metros de distancia; con lo que sé de ellos, es suficiente para predecir que, dentro de unos días, se la pasarán gastando bromas sobre que ella y yo salimos, pero ¿saben algo?, en lugar de tratarse de un chiste, me gustaría que fuese real, eso es todo lo que pido. Quizá de niños nos asusta la idea de que se nos emparente sentimentalmente con alguien, pero al crecer, el miedo cambia de dirección, y lo que tememos entonces es no poder emparentarnos con nadie, y que el destino sea la más profunda soledad.
No tengo idea de si a Kate le guste o no que conduzca a alta velocidad, así que no acelero demasiado mi coche a pesar de que ya es una costumbre mía. No tengo que recordarme que sé tan pocas cosas acerca de ella, que ni siquiera puedo decir que la conozco en términos generales, pero eso es lo interesante, ¿no?, que sin importar cuanto llegues a saber acerca de una persona, siempre habrá algo más que descubrir, y si el interés perdura lo suficiente como para desear saber cada vez más, entonces eso quiere decir que es algo muy sincero, trascendental, aunque se trate de una tarea imposible: no importa tanto el llegar a saberlo todo, sino la disposición de siempre querer saber, aún anticipando que el resultado será incompleto.
Tampoco sé qué música le gusta, y de parte mía, ella no sabe que a mí no me gusta escuchar música mientras conduzco, pues me basta con el ronroneo de mi coche, ese sonido que se extiende como una serie de ondas vibratorias muy satisfactorias. Pero, en fin, el desconocimiento es mutuo, y aunque no es algo que me tranquilice, al menos me recuerda que también yo puedo mantener el misterio y no sólo ella.
— ¿Y cuál es el motivo de la reunión? —me pregunta Kate. La miro por un momento, pero pueden más mis ganas de vivir, así que regreso la visión hacia el frente, con la mayor atención que puedo hacia la conducción, muy por encima del deseo que me produce, del placer que me genera verla.
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Todo lo que he querido decirte
RomanceTrevor narra sus primeros días en la universidad, donde queda fascinado por una chica de la que ni siquiera conoce su nombre. Todo parece ir bien entre sus cavilaciones y recuerdos confusos se acerca a una extraña verdad que lo atormenta y que se oc...
