El dolor en el pecho era casi insoportable, como si me hubieran arrancado el corazón y lo hubieran dejado sangrar. Sentía una profunda tristeza y una traición que me carcomía por dentro, pero sabía que no podía permitirme exteriorizarlo. No quería darle a Santiago el poder de saber cuánto me había lastimado, ni quería comenzar una guerra campal que solo nos haría daño a ambos. Así que decidí que, al menos hacia el exterior, debía actuar como si nada pasara.
Me levanté de la cama, tratando de no hacer ruido para no despertarlo. Me cambié rápidamente y salí a correr, esperando que el ejercicio físico me ayudara a despejar la mente y a calmar las emociones que se arremolinaban en mi interior.
Mientras corría por las calles desiertas de Washington, el dolor en el pecho se hizo más soportable. El aire frío de la mañana y el ritmo constante de mis pies golpeando el pavimento me ayudaron a ordenar mis pensamientos. Empecé a aceptar la realidad de mi situación: Santiago y yo no teníamos un futuro juntos. Nuestra relación no era más que una conexión sexo-afectiva con un compañero de trabajo, y me había equivocado al pensar que podría ser algo más.
Regresé al hotel con la cabeza más clara y el cuerpo más relajado. Sabía lo que tenía que hacer: desenamorarme de Santiago, a pesar de lo difícil que sería. Había llegado a la conclusión de que mantenerme en una relación que solo me traería dolor y desilusión no tenía sentido. Decidí que debía protegerme y seguir adelante con mi vida, sin él.
Entré a la habitación, sintiendo una determinación renovada. Santiago todavía dormía, ajeno a la tormenta emocional que había desatado. Lo miré por un momento, recordando todos los buenos momentos que habíamos compartido, y luego aparté la mirada. Necesitaba mantenerme firme en mi decisión.
Me duché y me preparé para el día. Tenía que enfrentar la jornada con profesionalismo, dejando de lado cualquier rastro de mis sentimientos personales. Salí de la habitación y me dirigí al restaurante del hotel para desayunar. Allí estaban Javier y Karina, conversando animadamente. Me uní a ellos, intentando mantener una apariencia de normalidad.
Sin embargo, no podía dejar de notar la ausencia de Santiago. Revisé mi celular, pero no había mensajes ni llamadas de él. La confusión y la sospecha seguían rondando mi mente, pero me obligué a concentrarme en el trabajo que teníamos por delante.
La reunión en la Casa Blanca era crucial, y no podía permitirme distracciones. Me enfoqué en los temas que debía tratar y en las decisiones que debíamos tomar, dejando de lado, al menos por unas horas, el dolor que sentía por dentro.
A lo largo del día, Santiago intentó acercarse a mí en varias ocasiones, notando mi distanciamiento. Yo mantenía las conversaciones cortas y profesionales, sin darle espacio a ninguna discusión emocional. Su confusión era evidente, pero no podía permitirme ceder. Sabía que el proceso de desenamorarme de él sería largo y doloroso, pero también sabía que era lo mejor para mí.
Cada vez que Santiago intentaba romper el hielo con alguna broma o comentario casual, yo respondía con monosílabos o cambiaba de tema rápidamente. Sentía que mi corazón se rompía un poco más con cada interacción, pero mantenía mi compostura. No quería mostrar debilidad ni permitirle ver cuánto me había afectado.
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La reunión en la Casa Blanca fue intensa y, como siempre, me enfoqué en mi trabajo, participando activamente y tomando notas. Santiago seguía intentando acercarse, pero yo lo esquivaba con destreza. Cada vez que él intentaba hablarme, yo encontraba una excusa para ocuparme con algo más. La jornada laboral finalmente llegó a su fin y volvimos al hotel.
Esa noche, toda la comitiva se reunió en el restaurante del hotel para cenar. Me aseguré de mantenerme fiel a mi promesa de mantener la distancia con Santiago. Me senté cerca del resto del gabinete, hablando y riendo con ellos, evitando cualquier tipo de interacción con él. Santiago, evidentemente confundido y frustrado, se sentó en el extremo opuesto de la larga mesa.
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Entrelazados por el Poder - Santiago Caputo
FanfictionEn "Entrelazados por el Poder", Santiago Caputo, asesor político del presidente electo Javier Milei, se ve obligado a colaborar con Lea Cristel, una joven asesora muy preparada con gran futuro. A pesar de los choques iniciales debido al carácter aut...
