Capitulo 30

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Los días transcurrían en aparente calma, pero bajo esa fachada de tranquilidad, un velo de inquietud envolvía mis pensamientos. Observaba a Santiago, notando su agitación y desconcierto en un momento en que todo parecía estar bajo control en el gobierno. No entendía el motivo de su turbación, pero intuía que algo turbio se estaba gestando entre las paredes que nos rodeaban.

Al terminar mi jornada laboral, mientras organizaba meticulosamente los papeles de mi despacho para llevarlos a la secretaría, uno de ellos cayó tendido en el suelo. Con apuro por salir de ese lugar que los últimos días me estaba atormentando, mis ojos se encontraron con una imagen que me dejó paralizada.

Era una fotografía, pero no una cualquiera. Era una de unos días atrás. Era la imagen de aquella vez en el salón. Mi respiración se aceleró. Pero lo que más me perturbó fue el ángulo desde el cual había sido tomada la foto. ¿Cómo habían logrado capturar ese momento con tanta precisión?

Una sensación de desesperación me invadió, como si el suelo bajo mis pies se hubiera desmoronado de repente. Mi cuerpo se sentía en llamas, consumido por una mezcla de desconcierto y terror. Cada fibra de mi ser gritaba de angustia, como si estuviera siendo observada por ojos invisibles en cada rincón de la habitación. Me sentía perseguida, acechada, como si cada respiración que tomaba fuera escrutada por alguien que se escondía en las sombras.

Las lágrimas amenazaban con emerger en mis ojos, estaba asustada. Con manos temblorosas, sostuve la fotografía, observando cada detalle con una mezcla de fascinación y terror. ¿Cómo habían obtenido esa imagen? La incertidumbre me consumía, dejándome en un estado de vulnerabilidad que nunca antes había experimentado.

En el reverso se encontraba escrito:
"El pecado es la muerte del alma."

El terror me invadió al comprender las implicaciones de esa imagen. Si llegaba a manos equivocadas, sería nuestra perdición. Mi muerte. Mis manos temblaban mientras contemplaba el abismo que se estaba comenzando a vislumbrar.

La angustia se apoderó de mi, no podía seguir ocultando esto, no podía seguir afrontando esto sola. Necesitaba respuestas, necesitaba ayuda.

De repente, mi celular comenzó a sonar y pegué un salto. No iba a poder aguantar ningún disgusto más por el día de hoy.

Dudé en atender, pero finalmente lo hice.

Silencio.

"Hola?" atiné a decir rápido. ¿Quien te llama y no contesta?

"Terraza del Café Tabac, 20:30 hs, Mesa 27", dijo una voz desconocida al otro lado de la línea antes de colgar.

Sentí un escalofrío recorrer todo mi cuerpo. No sabía qué estaba ocurriendo, pero el miedo me estaba carcomiendo.

¿Qué tan peligroso sería ir sola?

"¿Qué hago?" me pregunté, tratando de calmar el pánico que crecía en mi interior.

La noche se acercaba y la cita misteriosa se sentía como una trampa, pero también como la única oportunidad de obtener respuestas. Sabía que debía ir, pero no podía dejar de temer por mi seguridad.

Decidí que iría, de todas maneras era un lugar público pero tomaría todas las precauciones necesarias. El café se encontraba a unas pocas cuadras de mi departamento. Al llegar, me vestí de manera discreta, asegurándome de no llamar la atención. Dejé mi celular en casa, consciente de que podría estar intervenido. ¿Era peligroso? Absolutamente. Pero no tenía alternativas. Tomé un taxi y me dirigí al lugar indicado, tratando de mantener la calma.

Consulté en la entrada sobre la mesa 27 y con gentileza la chica de recepción me acompaño hasta allí. Para mi descontento la terraza estaba casi vacía. La mesa 27 estaba en un rincón apartado, lejos de las miradas curiosas. Me acerqué lentamente, el corazón latiéndome con fuerza en el pecho.

Entrelazados por el Poder - Santiago CaputoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora