Extraño

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Una mañana fresca, con el suave viento recorriendo la pequeña ciudad llevando consigo un vestigio de humedad que se impregnaba del aroma de los árboles.

No era una buena mañana para Shigeo.

Los acontecimientos del día de ayer aún estaban frescos en su memoria. Un diluvio que Arataka invocó y luego ver al chico intentando sobrevivir frente al yokai eran hechos que deseaba que jamás se repitieran.

Shigeo se levantó de la cama juntando una gran cantidad de ánimo para hacerlo, entró perezosamente al baño y se dió una ducha fría.

Había sido imprudente de su parte confiar en el chico, era evidente que no estaba listo para controlar esa enorme cantidad de poder así que planeo que debía hablar con él al respecto. Quizás, si tenía suerte, convencerlo de sellar nuevamente su poder.

Recordó el rostro del muchacho el día anterior, sus ojos brillaban cuando lo miró pero no era por alivio o alegría de verlo, sino por la sorpresa de la mirada que le estaba dirigiendo.

Cerró abruptamente la llave de la regadera y salió, sin demora comenzó a cambiarse con un viejo traje negro que se compró hace un par de años.

Nuevamente los ojos llenos de sorpresa que lentamente se convirtieron en una mirada tímida invadieron su cabeza.

Arataka nunca lo había visto así.

El muchacho estaba claramente arrepentido por sus acciones, pero Shigeo estaba aún molesto y muy preocupado como para responder debidamente. Ignoró a Arataka durante un largo rato después de que eliminó al yokai, pero no pudo hacerlo por siempre cuando su corazón se apretujo al ver un pequeño local de ramen en la calle.

" –Comamos un poco Arataka, ha sido un día cansado –mencionó después de un largo rato en el que se quedó inmóvil, dirigió su mirada a un Reigen que no era capaz de mirarlo de frente y en cambio, prefería el sucio y mojado suelo que le entretenía mejor.

–Yo paso maestro, le prometí a mi madre llegar a cenar a casa."

Obviamente eso era mentira, muchas veces Arataka le había comentado como no había nadie en su casa cuando regresaba y él tenía que hacer su cena. Por eso era tan delgado cuando lo conoció; Shigeo no entendía como una madre tan sobreprotectora como la de Reigen también podía llegar a descuidarlo de esa manera, simplemente era contradictorio.

Pero en ese momento no quiso ejercer mucha presión sobre el chico así que dejó que se fuera a casa. Hoyuelo no había dejado de seguirlo y comenzó a preguntar como siempre, sobre asuntos imprudentes.

"–¿Crees que vaya a acostarse a llorar en su cama? Siempre hace eso cuando se siente mal.

–Deberias de dejar de espiarlo –comentó con molestia, Shigeo odiaba siquiera pensar en que Arataka fuera a hacer algo así.

–No puedes culparme, es un idiota y podría hacer cosas aún más idiotas si nadie lo está vigilando –dijo el espíritu pensativo, luego tomo una rápida desición que alivio un poco al azabache–. Voy a ir con él, no me da confianza."

Así que su mañana era muy tranquila sin Hoyuelo merodeando por su apartamento, ciertamente agradecía aquello ya que era muy bueno en hacerlo dudar de sus propias ideas.

Shigeo no era ningún tonto, sabía que era muy cruel de su parte tener que tocar el tema de encerrar los poderes del chico a tan pocas semanas de haberlos liberado. Pero era peligroso, lo había confirmado por segunda vez con estos acontecimientos.

Abrió el refrigerador, buscando algo que pudiera desayunar pero había olvidado hacer las compras. Fastidiado, miró hacia la alacena donde había un poco de virutas de cereal que simplemente había olvidado tirar, ahora agradecía no haber hecho eso.

Seré yo (Mobrei)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora