Sospecha

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Ritsu llamó a la puerta un par de veces, pero nadie parecía estar en casa.

Hace tiempo había intentado contactar a Shigeo, su última discusión no fue nada placentera ni para él ni para su hermano. Quería arreglar las cosas a pesar de lo que sucedió, tanto por su discusión como por lo que implicaba en ella.

Revelarle a su hermano que conocía su secreto mejor guardado no había sido sencillo, se lo pensó un buen tiempo en hacerlo y llegó a la conclusión de que en realidad era lo mejor. Aún más que ahora Arataka estaba de por medio en todo esto.

Un escalofrío lo recorrió en cuanto sintió una presencia ajena detrás suyo. Sus nervios se crisparon como siempre pero no dejo que la incomodidad lo dominara, después de todo ya estaba acostumbrado a este tipo de sensaciones toda su vida. Se dio la media vuelta notando a su hermano, una expresión gélida en el rostro era suficiente como para conocer su humor actual que anunciaba los nulos deseos de ser molestado.

–Shigeo, te estaba esperando –saludó con casualidad, más no pareció ser un gesto bien recibido por el mayor quien pasó de largo y comenzó a buscar las llaves en los bolsillos de su abrigo, dispuesto a abrir la puerta de su apartamento.

–¿Qué haces aquí?

Auch, una pregunta tan fría como su mirada aunque Ritsu no iba a fingir que no se lo merecía. Después de todo dejó muy claras sus intenciones con su joven discípulo e implicó una amenaza personal entre su relación con Shigeo con tal de ganárselo. Se alzó de hombros y rodó la mirada mientras esperaba pacientemente a que Shigeo dejara de fingir que no podía abrir la puerta de su apartamento.

–¿No puedo venir a visitar a mi hermano mayor de vez en cuando?

El Kageyama mayor pareció soltar algo como un suspiro cansado, pronto abrió la puerta y le dio una invitación seca a Ritsu con la mano para que se adentrará. Ritsu agradeció silenciosamente y dejó su calzado en la entrada de forma inusualmente respetuosa incluso para sus estándares, después de todo a pesar de estar en conflicto, aun quería mucho a su hermano y lo procuraba por encima de (casi) todas las cosas.

Al entrar, observo el pequeño espacio, hace tiempo no había estado aquí. En realidad no había visitado a su hermano desde que se mudo a este sitio, pequeño y barato con apenas un diminuto baño sin lavabo. Recordaba que en aquel entonces lo juzgó un poco pero no externo el “¿En serio, Shigeo?” que se le atoraba en la garganta al notar cierta peculiaridad en este lugar.  Hoy en día el sitio se hallaba visiblemente más habitado, adaptado a las necesidades de Shigeo. No había cama ya que siempre había dormido en futón, el fregadero tenía acumuladas un par de tazas y platos como si hubiera tenido visitas hace poco. Por el resto de lugar había poco que decir, solo un sillón con ropa esparcida de varios usos anteriores y una canasta al fondo llena de más prendas sucias, su escritorio carecía de una computadora y solo se decoraba de libros de motivación personal, casi quiso reír por el detalle. No tenía televisión ya que nunca fue aficionado a verla y en su lugar había un estante lleno de mangas de antaño, poco conocidos y unos recientes muy populares. El piso no estaba sucio pero tampoco estaba muy limpio, solo había un par de volantes en el suelo, quizás eran facturas o promociones para viajar al extranjero. Un bidón de agua apenas se asomaba de la esquina al igual que la mesa plegable que utilizaba seguramente cuando iba a comer. La única opción segura era el sillón así que sin pedir permiso, se sentó en el mientras Shigeo se sentó en la silla del escritorio, sin preguntarle le acercó un vaso con agua auxiliado de sus siempre útiles poderes.

Seré yo (Mobrei)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora