Esta vez

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Reigen estaba harto de esta situación.

Nuevamente abrió la puerta de la oficina encontrándose con un silencio sepulcral a pesar de que el cartel que decía “abierto” estaba correctamente colocado. Al interior la luz era igual de intensa que siempre aunque obviamente delataba la artificialidad de su origen, rara vez solían prender las luces, pero en temporadas donde el clima se tornaba gélido y las nubes ocultaban el sol y parte de su luz que entraba por la ventana, no tenia mas opcion.

La bufanda que su madre le compró el año pasado era terriblemente incómoda y pesada. La había odiado en cuanto la vio, tenía un horrible color caqui, la tela le picaba y era terriblemente gruesa y estorbosa, a pesar de eso aun podía sentir el aire frío colarse a través de ella. El rubio simplemente estaba al acecho de cualquier oportunidad para deshacerse de ella, por otro lado, su madre lo esperaba todos los días al pie de la puerta antes de irse con esa horrenda cosa en las manos, siempre dispuesta a colocarla alrededor de su cuello como si fuera alguna especie de correa.

No le extrañaba la forma en la que este sujeto desagradable lo miraba, serio pero podía ver un indicio de burla en esa estúpida expresión. Seguramente  solo se contenía por el simple hecho de que era un niño y el discípulo de su hermano.

No sabía qué hacía ahí, pero Ritsu ya llevaba ocupando el lugar de su maestro un par de semanas. Cuando había contactado a Shigeo para preguntarle qué había pasado él simplemente se limitó a decirle que visitaba a un viejo amigo en otra ciudad.

No le creyó, su maestro rara vez hablaba acerca de sus amigos, además que jamás había durado tanto uno de sus viajes. Así que estaba dispuesto a confrontarlo pronto.

Pero ese día no era hoy.

Quizás su salario no era el más sobresaliente pero funcionaba bien para comprar uno que otro gusto de vez en cuando, por lo que faltar a su trabajo podría no implicar en perderlo, pero si en no tener su paga de la semana.

Además que Ritsu parecía monitorearlo con una precisión impecable, aun podía recordar cuando se le hizo tarde hace tres días y estaba en la parada de autobús esperando pacientemente. Cuando menos se dio cuenta, Ritsu apareció a su lado como si se tratara de un fantasma, casi se cae del asiento por la impresión.

–¿Q-Qué demonios? ¿Cuándo llegaste aquí? –preguntó agarrándose el pecho exageradamente, Ritsu lo había mirado con indiferencia.

–Me teletransporte –dijo como si no se tratara de nada–. Debiste llegar hace veinte minutos.

–Me distraje –se justificó acelerando rápidamente las manos–. Tu-Tuve que quedarme a hacer la limpieza en el salón de clases –mintió, no iba a decirle que nuevamente estaba bajo otra estúpida prueba del club de Taekwondo. Aunque eso pareció innecesario cuando Ritsu miró fijamente sus pantalones sucios y sus manos ligeramente raspadas.

–Claro.

No dijo nada más, solo lo tomó del gakuran por la espalda como si fuera un cachorro y lo levantó ligeramente del suelo. Aquello lo tomó desprevenido y se limitó a chillar aterrado, para luego ver como su entorno se distorsionaba en una fracción de segundo y estar en el siguiente en la oficina.

Ritsu lo soltó sin ningún cuidado y Arataka retrocedió un par de pasos, mirando con cierto miedo y asombro a Ritsu quien luego, solo le sonrió con superioridad.

“¡Maldito presumido, yo también podía transportarme con mi báculo!” pensó Arataka irritandose al momento de recordarlo, aunque se lamentaba por no poder disminuir el tamaño de su nueva herramienta mágica a diferencia de cómo podía hacerlo con la varita (un logro que aún se lamentaba por no poder presumir hasta el hartazgo). Además que no le resultaba tan divertido saltarse todos los caminos que debía recorrer para llegar a algún lado con un truco como crear portales.

Seré yo (Mobrei)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora