Negarse a perder

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Arataka rara vez sentía miedo.

A veces cuando se desvelaba a ver los canales de cine de terror sentía algo cercano al miedo pero cuando los chicos del club amenazaban con golpearlo no podía sentirlo.

Una vez rompió la taza favorita de Shigeo por accidente, y aunque su semblante cambió a uno demasiado aterrador, Arataka no pudo sentirse ni un poco intimidado. En ocasiones su madre se enojaba con él por sus “bajas” calificaciones, solía gritar y lanzar el plato de la cena hacia él; cuando era más pequeño eso lo asustaba un poco pero ahora no podía ser menos indiferente al respecto.

Las cucarachas definitivamente eran aterradoras.

Pero nada de eso podía compararse con lo que sintió al ver a ese niño.

No entendía si era la influencia del mago o si era él mismo, lo que sí sabía es que jamás se sintió así de aterrado en su vida.

Aterrizó en la seguridad de su cama al salir del portal, sentía su piel completamente erizada y el palpitar de su corazón acelerado. Como si hubiera corrido un maratón para llegar ahí, miró cauteloso alrededor, observando las paredes, sus cosas y su ropa recién ordenada. Todo era tan normal, indiferente a lo que había experimentado recién.

–¿Qué fue eso? –preguntó después de unos segundos, mientras la calma de su casa vacía lograron tranquilizarlo un poco.

“No estoy seguro de quién era ese niño, pero pudiste sentirlo ¿no es así?”, preguntó el mago, Arataka no necesito asentir para que conociera su respuesta, “Era un psíquico muy poderoso, no parecía tener buenas intenciones en cuanto nos vio”.

–¿Crees que te quería exorcizar? –cuestionó Arataka alarmado, hace no mucho el mago le explicó lo que podría suceder si alguien hace eso.

“Tal vez, debió pensar que estabas en peligro o algo así”.

–Pero su voz era terrorífica, ¿qué demonios le pasaba? Era como si un adulto estuviera en la mente de ese niño.

–Arataka, ¿ya estás en casa? –La voz de su madre lo asustó un poco; no escuchó en qué momento llegó aunque debió ser recién. Se recompuso y pudo responder.

–Si, estoy hablando por teléfono con un amigo –Su excusa pareció satisfactoria para la mujer quien solo dijo en el tono monótono de siempre.

–Cuando termines baja a cenar, no tuve mucho tiempo de preparar algo así que compré pollo y verduras hervidas.

–Ya termine –dijo apurado, la compañía de alguien más no le vendría mal así que acató la orden y bajó con ella–. Estoy listo, ¿en que te ayudo?


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El incidente del día anterior aun seguía muy presente para Arataka, pero la siempre leal compañía del mago lo mantenía un poco más seguro, pues le prometió que permanecería alerta ante cualquier amenaza como esa y en efecto, Reigen sentía que sus instintos habían aumentado drásticamente.

–Soy como Spiderman –dijo después de la clase de deportes, había acertado el 100% de sus remates en ese partido amistoso de volleyball.

“Eres un tonto con suerte”, se quejó el mago, “Estas abusando de esto”.

–¿Y qué tiene de malo? –preguntó el chico mientras se cambiaba de ropa en los vestidores vacíos a esta hora del día–. Si ya me estas ayudando entonces no veo porqué no sacar provecho.

Seré yo (Mobrei)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora