Otro día más

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–Creo que mi marido morirá pronto.

La seriedad en la que aquella mujer reveló su preocupación, dejó helado a Arataka.

La pluma casi cayó de su mano, pero la sostuvo con firmeza e intentó recomponer la compostura. Esperaba que su sonrisa no se malinterpretara en un insulto para la señora que aún permanecía afligida. Evitó mirar a su maestro quien seguía escuchando atento la solicitud de su cliente.

–¿Qué la hace pensar eso? –cuestionó esta vez sonando mucho más serio que al inicio, ella ocultó un sollozo tras la palma de su mano.

–Hace un par de semanas sufrió un fuerte dolor en el pecho durante el trabajo y lo llevaron de emergencia al hospital. Pero ningún médico sabe que es lo que le sucede en realidad, solo saben que si continúa de la misma manera, su corazón no lo soportará por mucho tiempo.

Se echó a sollozar en cuanto terminó, Arataka le extendió una caja de pañuelos y espero en silencio, recapitulando la información que ella le dio pero sin poder encontrarle una explicación lógica. Miró a Shigeo quien parecía igual de intrigado, quizás se trataba de un caso auténtico. Cuando la mujer finalmente pudo calmarse un poco, el chico cuestionó.

–¿Por qué ha venido aquí? ¿Acaso piensa que se trata de un fenómeno sobrenatural?

–A decir verdad, estoy desesperada. No estoy segura de si se trata de algún espíritu maligno o no, pero ya no sé qué hacer.

Esta vez el muchacho estaba inseguro, tomar este trabajo bajo falsas esperanzas no le agradaba en absoluto. El negocio de su maestro era legítimo y mancharlo con algo como este encargo no era de su agrado.

–Tomaremos el caso –anunció Shigeo, poniéndose de pie y acercándose hacia el escritorio. Reigen parpadeó confundido y miró de la misma forma a su maestro–. Mi querido discípulo anotará la dirección del hospital donde se encuentra su marido e iremos de visita mañana a primera hora.

–¿Maestro?

–¡¿De verdad?! Le agradezco mucho señor Kageyama –Los sollozos de la mujer interrumpieron las preguntas de Arataka. De cualquier modo las haría más tarde cuando finalmente terminen de atender a este cliente.

Así como se le solicitó, la mujer le dictó la dirección del hospital y el número de habitación en la que se encontraba su marido moribundo. Arataka intentó que no le temblará la mano mientras escribía.

"¿Nervioso, niño?", escuchó la voz del mago como un susurro, por supuesto que no le respondió con palabras pero sí con su propio pensamiento.

"Esta mujer está desesperada, no entiendo porque el maestro aceptó esto tan fácilmente".

El mago tarareo y por una fracción de segundo miró al susodicho a través de los ojos de Reigen, sonrió por dentro cuando vio cómo ganó fácilmente su atención con esa corta manifestación.

"Creo que simplemente es un hombre muy atento y perceptivo a los sentimientos de los demás, para él negar su servicio a esa mujer podría significar patear una piedra del camino".

Reigen no respondió, la afirmación del mago le pareció extrañamente acertada pero no le encontraba mucha lógica, pensó en ello mientras su maestro terminaba de atender a la mujer y le prometía un servicio excelente.

Cuando despidió a la mujer, él ya se encontraba sentado en su escritorio, ordenando los papeles del trabajo y los de la escuela ya que no deseaba volver a llevarse un montón de panfletos en lugar de la tarea. Al poco rato Shigeo ya estaba a su lado, observandolo intensamente como si se tratara de un cuervo a su presa.

Seré yo (Mobrei)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora