En un invierno que ya duraba más de lo normal, Hassan fue al lago para ver si empezaba a descongelarse. A lo lejos, ve cómo cientos de miles de Orcos se acercan cada vez más rápido. Asustado, Hassan comienza a correr hacia la torreta, escala y toca la campana. El guarda lo mira extrañado.
—¿Qué pasa, Hassan?
—Vienen Orcos desde el lago.
—Orcos, ¿seguro?
Hassan lo mira enfadado y baja de la torreta. Al llegar al pueblo, no hay nadie. Se dirige a la ciudadela, corriendo todo lo que le dan las piernas. Comienza a golpear el portón como un lunático.
—Hassan, ¿qué pasa? – dice el guarda de la ciudadela.
—Vienen Orcos desde el lago.
El guarda, sin pensarlo, toca la corneta Elfo; su sonido es tan potente que llega hasta las montañas donde están las almenaras. Hassan mira hacia la montaña de Saka y empieza a distinguir un punto rojo amarillento. Se alegra de haber avisado.
Los Orcos llegan al pueblo y empiezan a destrozar todo a su paso. En un instante, el pueblo pesquero de Hast queda hecho añicos. Llegan a escasos cinco kilómetros de la ciudadela y esperan. Hacen noche allí. Al amanecer, comienza el asedio; los Orcos van con todo, llevan a Ogros y dragones negros. En medio del caos, empieza a caer la parte este del muro de la ciudadela. Los Elfos empiezan a retirarse hacia la fortaleza del Elfo sombrío (Saka). Los Orcos ganan la batalla de la ciudadela.
En la fortaleza, los muros son más gruesos y la piedra es más dura. El general de la caballería élfica le dice a Hassan que vaya hasta la almenara del oeste para quemarla. Así, la gran torre blanca de los páramos del Heibel puede venir en nuestra ayuda. Hassan coge aire.
—No les defraudaré.
—Lo sé.
Mientras los Orcos continúan atacando, Hassan sale por un pasadizo que está casi llegando al río. Esa salida solo la sabe el señor Elfo de la costa, el señor Elfo de los bosques del norte y el señor Elfo de más allá del muro. El general acompaña a Hassan hasta el pasadizo, asegurándose de que no haya ningún Orco ni nadie.
Yendo hacia la almenara, se encuentra con un castillo muchos kilómetros después. El castillo es el de Erik el lobo, un Rey muy querido por los humanos. Durante la batalla en el abismo de Kanji, ayudó a los elfos a sacar a los enemigos más allá del muro de hielo. Mientras intentaba ir con sigilo rodeando el muro, un guardia lo capturó, le pusieron una capucha y lo llevaron dentro del castillo. Al quitarle la capucha, estaba atado a una silla de pies y manos. No podía salir.
—¿Qué hace un Elfo tan lejos de su casa? – Dice el Rey Erik.
—Voy a encender la almenara del Oeste para avisar a la torre blanca del páramo. Los Orcos están asediando la fortaleza de Saka.
—Lo siento, chico, pero la torre blanca cayó ayer por el asedio de Orcos, Ogros y magos negros.
—¿Qué? – Hassan no podía creer lo que le contaba el Rey.
—Chico, ¿sabes cuántos Orcos os están asediando?
—Ehh, no sé. Miles.
La cara de preocupación de Erik era notable.
—Davidson, avisa a la caballería del este que venga a ayudar a los elfos.
—Están a tres días de aquí. – Dijo Davidson.
—Diles que cuando lleguen a la fortaleza de Saka, hagan sonar los cuernos.
Davidson partió en busca de la caballería. Hassan mira al Rey.
—¿Y yo qué hago?
—Vete a las cuevas de Morrón a buscar al señor Enano de esas tierras. El rey se llama Cloe. Diles que los orcos están atacando y que nosotros vamos en vuestra ayuda. Te voy a dar mi caballo personal para que vayas más rápido. Se llama Jon. Corre, no tenemos tiempo.
Hassan va al establo y ve al majestuoso caballo del Rey, lo acaricia y pone su cabeza en la cabeza del caballo.
—Vamos, amigo. Yo te sigo.
Hassan sube al caballo y se va como un rayo. Llega a su destino al día siguiente, a las majestuosas tierras de los señores Enanos. Cuando va a entrar por la puerta de la cueva, ve la inscripción, dice la palabra clave y no se mueve. Prueba con muchas distintas y nada. Aburrido de decir palabras sin sentido, vuelve a mirar la inscripción pero lo mira de izquierda a derecha.
—Khuzd.
La puerta se abre. Hassan, asombrado, entra rápido. Antes de cruzar el puente, le dan un golpe en la cabeza y se desmaya. Se despierta en una habitación aturdido y dice:
—¿Mamá, estás ahí?
—No, tu madre no está aquí.
Hassan, extrañado por no conocer esa voz que hablaba, se fija bien al fondo de la habitación y ve a dos enanos.
—Hola, somos Zirakzigil y Kheled, hijos del Rey Cloe.
—Hola, soy Hassan, soy Elfo de la fortaleza Saka. Vengo a hablar con vuestro padre.
—¿Para pedirnos más oro tal vez?
—Oro, ¿no? Vengo a decir que la ciudadela de los señores Elfos cayó por un ataque de los Orcos. Y ahora están asediando la fortaleza de Saka.
Los Enanos se miran y le dicen al guardia que está en la puerta que no la abra para nada. Pasan horas antes de que lleguen de nuevo los hijos del Rey.
—Síguenos, no hay tiempo.
Hassan sigue a los hijos del Rey.
—Entonces, ¿los Elfos están en peligro, no?
—Sí, y los humanos también. Va a ayudar, os necesitamos.
—No sé, déjamelo pensar.
—¿Cómo?
—Lo que has oído.
—Vale. ¿Puedo irme a ayudar a mi pueblo?
—Los señores Enanos nunca retienen a nadie.
Hassan vuelve a la fortaleza del señor Elfo Saka. Llega tres días después de haber partido. Se reúne con el general de la fortaleza y le cuenta lo que le dijeron los humanos y los enanos. Continúa el asedio. Los Orcos consiguen entrar. Y cuando todo parecía perdido, llega la caballería de los hombres. Reducen a la gran mayoría de los Orcos, pero aún eran bastantes. Pasan días y la derrota parece un hecho. Pero al amanecer llegan los ejércitos de los señores Enanos, que a su vez avisan a los ejércitos de las guerreras ninfas y hadas. La batalla ya está ganada. Después de horas de batalla, al final los Orcos se retiran. La victoria es un hecho. Pasan días e hacen una asamblea que intervienen el Rey Erik por los hombres, el rey Cloe por los enanos, el señor Saka por los elfos y las señoritas Xia por las ninfas y Ana por las hadas. Llegan a un acuerdo de comercio y ayuda si es necesario. Así viven en armonía y en paz.
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Relatos Diversos #CheyllsAwards
Short StoryRelatos, Cuentos, Fábulas, Leyendas, Mitos, Crónicas, Historias o Curiosidades.
