En los bosques de Galicia se encuentran unos extraños y no muy bien vistos Trasnos. Son pequeños, de carácter travieso, siempre llevan un gorro rojo. Suelen gastar bromas a la gente en sus casas. Si alguna vez te desapareció algo de repente y más tarde volvió a aparecer en el mismo sitio de antes, eso es que fue un trasno. Esta historia ocurre en un monte de Galicia. Un día iba un trasno por el bosque todo tranquilo. Pero de pronto sale de la nada un Ogro de las montañas. El trasno se esconde detrás de un árbol y mira lo que hace el Ogro, parecía desorientado. Lleno de valentía sale de detrás del árbol y le grita.
—Señor Ogro, ¿qué hace por el bosque?
—Salí a dar un paseo y llegué hasta aquí. Pero no me acuerdo de cómo vine a parar tan abajo.—Dijo extrañado el Ogro.
—Y ¿a dónde te dirigías?
—No me acuerdo.—Dijo el Ogro con cara de preocupación.
—Si quieres, te llevo a la casa de la Meiga.
—¿Meiga? Eh... Vale.
El trasno y el Ogro fueron a casa de la Meiga. Llegaron a la casa, era muy vieja; el tejado tenía cortezas de árboles haciendo de tejas, debajo de esas cortezas salía algo de musgo. Las paredes estaban con enredaderas, no se veía ni un mínimo de pared a la vista. La puerta era de tablas de madera. El trasno llama a la puerta.
—Hola, señora Meiga, el Ogro está perdido en el bosque y no sabe dónde se dirigía. Es como si su mente se hubiera ido por instantes. ¿Puedes ayudarlo?
—Está bien. Yo me ocupo.—Dijo la Meiga con cara de circunstancia.
El trasno se fue hacia la ciudad, iba a hacer trasnadas en casa de algún pobre escéptico. Después de un día intenso de trasnadas se dirige hacia el bosque. En algún lugar del bosque, de repente, de la nada se le aparece una sombra.
—Fuera de mis dominios.—Le dice con voz espectral.
El trasno, asustado, mira a donde mire no hay nadie. Del suelo sale una sombra. Sale una mujer. De piel blanquecina, pelo de color rojo. El trasno la mira.
—¿Qué quieres, Moura?
—Si eres capaz de cruzar el lago de la ninfa sin mojarte, te daré riquezas infinitas.
El trasno se le abrieron los ojos como platos y solo pudo decir.
—¿Eh?
La Moura se le queda mirando como desafiándolo para que haga la prueba.
Entonces el trasno se fue al lago de la ninfa. Después de examinar el lago en toda su extensión, el trasno mira a la Moura, asiente con la cabeza y empieza a correr como si no hubiera un mañana, como de magia se tratara cruzó el lago.
—Está bien, prueba superada.— Dijo la Moura con cara de oído hacia el trasno.
Le dio lo prometido y se fue. El trasno se fue contento. Se dirige a su guarida. Al día siguiente se dirige a hacer lo de siempre y al volver a su guarida se encuentra con el Can do Urco, es un perro de gran envergadura de color negro y con grandes cuernos y orejas, lleva unas cadenas que salen del mar o un lago, etc. Son las cadenas que lo mantienen unido al mar. Suelen causar el hundimiento de los barcos que se acercan demasiado a la costa.
Urco se lo quería comer, lo persigue durante horas y el trasno ya se empezó a cansar. Entonces urdió un plan. Para que su plan saliera bien, tenía que hacer que Urco lo siguiera todo el rato. Llegó al monte do Galiñeiro, subió a lo más alto y saltó sin pensarlo. Urco, al querer comerse al trasno, no lo pensó y saltó tras él. Pero lo que no sabía Urco es que al llevar las cadenas del mar, no le dejarían ir mucho más lejos y tirarían de él hacia atrás como si llevara una goma. Urco sale despedido. El trasno volvió a salirse con la suya. Como estaba lejos de su guarida, se queda a dormir en un agujero de un tronco que había no mucho más lejos de allí.
Al día siguiente el trasno se dirige hacia su labor, pero algo le dice que en vez de ir a las casas de los humanos, tiene que ir al bosque del Caramuxo. Lleno de intriga se dirige hacia allí. Al llegar escucha una risa burlona, cada vez la risa se le metía más y más en la cabeza. Hasta que se dio la vuelta y vio al Tardo. Un primo no muy lejano del trasno. El Tardo es pequeño, peludo, con muchos dientes, de color verdoso y ojos redondos y negros; tiene barba y va vestido con ropas viejas y un gorro rojo. Además, se diferencia de otros duendes porque lleva una pequeña y afilada espada. Acostumbra a vivir bajo tierra.
—Hola primo, ¿qué tal estás?.—Dijo irónicamente el Tardo.
—Antes de que llegaras tú, todo iba bien.—Dijo el trasno molesto.
—Me mandan a darte un mensaje.
—¿Quién? ¿Y qué mensaje?
—Te explico, vengo a. Ya sabes.—Dijo el Tardo fanfarroneando.
—¿Ya sé qué?
—Ya me habían dicho que eras un poco lelo. Que la Meiga me dijo de llevarte vivo o... Ya sabes.—Dijo el Tardo cabreado.
—Ah, ya sé.
El Tardo desenvaina su espada y empieza a atacarle, el trasno esquiva sus ataques, pero no aguantará mucho tiempo. El trasno astutamente no le deja que se le acerque mucho. Llevan así horas. Y a base de escapar y escapar del Tardo, llegaron a una plaza de un pueblo. Se escucha una Campana. Trasno cierra los ojos y se tira al suelo.
— Serás estúpido, ¿qué haces tirándote al suelo?— dijo Tardo en tono burlón.
Tardo mira detrás, donde está Trasno en el suelo, y ahí lo está: La Santa Compaña. Son almas en pena vestidas con túnicas negras con capucha que vagan durante la noche. Esta procesión de ánimas forma dos hileras, van envueltas en sudarios y con los pies descalzos. Cada fantasma lleva una vela encendida y su paso deja un olor a cera en el aire. Al frente de esta compañía fantasmal se encuentra un espectro mayor llamado Estadeo. La procesión va encabezada por un vivo (mortal) portando una cruz y un caldero de agua bendita seguido por las ánimas con velas encendidas, no siempre visibles, percibiéndose su presencia en el olor a cera y el viento que se levanta a su paso. Esta persona viva que precede a la procesión puede ser hombre o mujer.
Tardo ve a Estadeo, este le señala con la cruz y del botafumeiro sale un humo que deja a Tardo inmóvil. Trasno en el suelo con los ojos cerrados, con un miedo increíble. No se atreve a abrirlos. Se quedó dormido y se despertó al amanecer con el sonido de los pájaros. Recoge a su primo Tardo y lo lleva a su casa. Pide ayuda a los gnomos, aunque no son muy amigos, la desesperación de Trasno puede con todo. Trasno habla con los gnomos sobre lo que sucedió. Después de varias horas, consiguen llegar a un acuerdo y ayudan a Tardo.
Trasno tenía que vengarse de la Meiga. Lo hizo de una manera brillante. Se dirige a la casa de la Meiga y hace unos ruidos raros para hacerla salir. La Meiga sale y ve a Trasno, intenta hacerle hechizos, pero nada funciona. La Meiga se enfada y le lanza magia negra. Coge a Trasno mediante magia poderosa, lo deja levitando y se acerca a él. La Meiga, detrás de Trasno, ve unas sombras.
— ¿Y ese olor a vela? — dice la Meiga extrañada. Se escucha una campana.
Vuelve a mirar y ve a Estadeo, le da la cruz que él aporta. La Meiga se le ponen los ojos en blanco, coge la cruz y se pone en el lugar de Estadeo. Ahora está condenada a vagar noche tras noche hasta que muera o otro incauto sea sorprendido, al cual el que encabeza la procesión le deberá pasar la cruz que porta. Al día siguiente, Trasno vuelve a hacer lo de siempre: trasnadas en las casas de los humanos.
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Relatos Diversos #CheyllsAwards
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