Después de 12 largos años de abandono... La princesa Visenya Targaryen, hija bastarda de la heredera al trono de hierro Rhaenyra, vio después de largo tiempo a su familia y... A ese castaño llamado Jacaerys quien había odiado desde la niñez. Son emb...
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Bajo la cama de su hermano Lucerys, Jacaerys se siente como un niño asustado. Cada ruido afuera lo hace saltar, y aunque Lucerys intenta tranquilizarlo, el peso de la situación lo aplasta. Nunca pensó que las cosas llegarían tan lejos, pero aquí están. Lo peor de todo es que el rumor... es verdadero.
—Mierda, mierda, mierda —murmura Jacaerys, pasándose las manos por el cabello, con el rostro pálido por el miedo—. Metí la pata por completo. ¿Cómo carajos llegó este rumor a oídos de todos?
Lucerys, que está sentado en el borde de la cama, suspira, cruzando los brazos.
—Porque nada puede mantenerse en secreto en la corte, Jace. Ya deberías saberlo.
Jacaerys mira a su hermano con ojos suplicantes, deseando que todo fuera solo una pesadilla. Pero Lucerys no parece dispuesto a ceder en su juicio.
—Se un hombre, Jace —dice Lucerys, su tono severo aunque intenta ser comprensivo—. Ve a cosechar lo que sembraste.
Jacaerys cierra los ojos, con una expresión de dolor en el rostro, como si las palabras de su hermano lo hubieran atravesado.
—No es tan fácil, Luc. No puedo enfrentar a madre... no puedo enfrentar esto —responde, la voz rota por el miedo—. ¿Qué va a pasar cuando me encuentren?
Lucerys se queda en silencio por un momento, su mirada suave pero implacable.
—Visenya está encerrada desde esta mañana —le dice finalmente, con un tono sombrío—. Cuando te encuentren, se decidirá qué hacer. Pero no puedes huir para siempre.
Jacaerys se lleva una mano a la frente, sintiendo el peso del mundo sobre sus hombros. ¿Cómo pudo dejar que las cosas llegaran a este punto?
Lucerys se recuesta en la cama, mirando hacia el techo, mientras Jacaerys sigue inquieto debajo de ella. El silencio se hace espeso entre ellos, pero Lucerys no puede evitar hablar.
—Pasé por la habitación de Visenya antes de venir aquí —dice con un suspiro—. Y, wow... esa mujer está tan enojada. La escuché gritar cosas a los guardias. Creo que si pudiera, ya habría quemado la puerta.