Después de aquella experiencia en el jardín, regresé a la casa de Sylus con los hombros caídos y la mente en un torbellino de pensamientos. Apenas podía asimilar todo lo que había escuchado de esa voz fría y sin emociones. El juego había puesto tres opciones ante mí, y cada una parecía más aterradora que la anterior.
Por eso, pasé el día en la biblioteca, buscando un respiro, aunque sabía que no podía escapar de esa decisión. Cada libro a mi alrededor se sentía como un peso que me recordaba las palabras de aquella voz: "Eres un virus... serás eliminada". No importaba cuánto tratara de entender mi lugar aquí, el juego me consideraba una amenaza y estaba dispuesto a tomar medidas extremas para que desapareciera.
Abrí un libro sin leer realmente las palabras. En cambio, comencé a trazar una lista en mi mente, sopesando los pros y los contras de cada opción que me ofrecían. La primera opción, eliminarme a mí misma... descartada. No podía imaginarme haciendo eso. La segunda opción, esperar y permitir que atacaran a Sylus... tampoco, jamás pondría en riesgo su vida por mi causa. Eso solo dejaba la tercera opción: aceptar la reprogramación, borrar mi memoria y mis emociones, y convertirme en una cazadora más del juego. Sería libre de la amenaza, pero... perdería todo lo que soy, incluyéndolo a él.
Mientras me hundía en esos pensamientos, la puerta de la biblioteca se abrió. Al levantar la mirada, vi a Sylus de pie en el umbral, con el ceño fruncido. Parecía haber notado mi expresión abatida.
—¿Nina? —su voz era suave, pero sus ojos mostraban una mezcla de preocupación y firmeza.
No pude evitarlo: me derrumbé en cuanto escuché mi nombre en sus labios. Las lágrimas comenzaron a correr por mis mejillas, y él cruzó la habitación rápidamente, arrodillándose frente a mí.
—¿Qué pasó? —preguntó, tomando mis manos entre las suyas—. ¿Por qué estás así? ¿Qué ha pasado?
—Sylus, necesito contarte algo... algo importante —le dije, mirando hacia el suelo. Sentía que mis palabras eran una carga insoportable, pero necesitaba compartirlas con él.
—Estoy aquí, Nina. Sea lo que sea, quiero escucharlo —respondió con seriedad, sin soltar mis manos.
Con un nudo en la garganta, le conté lo que había sucedido en el jardín. Cada palabra era como una daga, y al ver su expresión endurecerse a medida que hablaba, sentía que el peso de mi decisión se hacía aún más insoportable.
—El juego me considera un error, Sylus. Un virus que debe ser eliminado o... reprogramado —dije, y al pronunciar la palabra "reprogramado" me tembló la voz—. Me ofrecieron tres opciones, y... he estado pensando en cuál de ellas sería la menos dolorosa.
—¿Cuáles son esas opciones? —Su tono era frío, como si le doliera escuchar las palabras, pero seguía mirándome intensamente, esperando a que terminara.
—Puedo eliminarme a mí misma, dejar que el juego destruya el escudo y envíe a los cazadores contra ti, o... aceptar la reprogramación y perder todos mis recuerdos, toda mi identidad —dije, sintiendo cómo mis labios temblaban al decirlo en voz alta—. Creo que... creo que esa última opción sería lo mejor, Sylus. Al menos no te pondría en peligro, y... podrías seguir adelante sin que el juego te controlara por mi causa.
Hubo un momento de silencio, y luego Sylus soltó mis manos, solo para levantarse con un gesto enfadado y caminar hacia la ventana. Podía sentir su frustración, el peso de su respiración, la tensión que irradiaba de cada músculo de su cuerpo.
—¿De verdad crees que esa es la solución? —preguntó en voz baja, pero su tono era afilado.
—No lo sé, Sylus —respondí en un susurro—. No sé qué hacer. Siento que todo lo que elijo termina hiriéndote de alguna manera. Pero por favor... respeta mi decisión. Sé que esto te duele, pero... prefiero que sea así a ponerte en peligro, a dejar que el juego te controle a ti también.
Sylus apretó los puños, mirando hacia la nada con una expresión de impotencia y furia.
—No puedo aceptar eso, Nina. No puedo simplemente dejarte borrar lo que eres. No así. —Su voz tembló al final de la frase, y al notarlo, pareció aún más frustrado consigo mismo—. ¿De verdad crees que el mundo será mejor sin ti?
—No... pero tú estarás a salvo, Sylus. Es lo único que quiero.
Sylus suspiró con fuerza, sacudiendo la cabeza, y sin decir más, se fue de la habitación, cerrando la puerta con un golpe suave pero definitivo. Aquella noche no durmió conmigo, y el silencio de su ausencia fue más frío que cualquier otra cosa.
Al día siguiente, con el corazón lleno de dudas, lo busqué en la cocina. Lo encontré mirando a través de la ventana, perdido en pensamientos sombríos. Sin decir nada, me acerqué y rodeé su cintura con mis brazos, apoyando mi cabeza en su espalda. Al sentir mi abrazo, Sylus se tensó y luego cerró los ojos, como si supiera que ese momento era una despedida.
—Sylus... por favor, entiéndelo. No quiero esto, pero siento que... debo hacerlo. Por el bien de ambos —susurré.
Sylus se giró lentamente hacia mí, sosteniendo mi rostro entre sus manos. Sus ojos rojos estaban opacos, cargados de emociones que normalmente mantenía ocultas.
—¿Cómo quieres que siga adelante sin ti? ¿Cómo quieres que te deje ir, cuando eres lo único real en este juego? —Su voz temblaba, y por un momento, el frío y distante Sylus parecía casi vulnerable—. Nina, no quiero perderte.
Me mordí el labio, sintiendo que las lágrimas se acumulaban en mis ojos.
—No es que quiera dejarte, Sylus. Pero ya no tengo otra opción... El juego no nos da otra opción.
Sylus asintió, aunque su mirada no podía disimular el dolor. En un gesto lento, se quitó el collar que siempre llevaba, uno sencillo pero significativo, con un pequeño colgante.
—Puede que este juego intente eliminarlo junto a tus recuerdos, pero... aún tengo la esperanza de que, de algún modo, este collar se quede contigo. Quiero que algo de mí te acompañe, incluso si... —Sylus tragó en seco, incapaz de terminar la frase.
Con las manos temblorosas, recibí el collar. Aquella simple joya, que tal vez desaparecería con el reinicio, parecía un ancla en medio de todo lo desconocido. Mis lágrimas comenzaron a caer, una a una, mientras Sylus me miraba con el mismo dolor reflejado en su rostro.
—Gracias... por todo, Sylus. Por protegerme, por cuidarme, por... quererme —murmuré entre lágrimas, sintiendo que cada palabra era un adiós.
Él no respondió, sino que me abrazó con fuerza, un abrazo que parecía decir más que cualquier palabra. Estuvimos así por un largo momento, como si con ese último gesto pudiéramos luchar contra el destino que nos había sido impuesto. Cuando finalmente nos separamos, vi sus ojos fijos en mí, grabando cada detalle de mi rostro, como si intentara guardar cada recuerdo.
—Nina... —susurró, su voz rota—. Si alguna vez... si alguna vez logras recordar, busca este momento. Busca este sentimiento. Porque, aunque el juego intente controlarnos, esto que siento por ti... jamás será parte de su programación.
Asentí, incapaz de decir algo más. Guardé el collar con delicadeza y di un último paso hacia atrás, sabiendo que esa sería la última vez que vería a Sylus como lo conocía.
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𝐇𝐀𝐔𝐍𝐓𝐄𝐃 | ꜱʏʟᴜꜱ
FanfictionNina, tras morir en un accidente automovilístico, reencarna en su videojuego favorito Love and Deep Space como un personaje secundario. Sin embargo, su nueva vida tiene un costo: está atrapada en un ciclo de misiones imposibles de rechazar y, mientr...
