El silencio era tan profundo que hasta mi respiración parecía fuera de lugar. Apenas unas palabras en mi mente, un eco apenas susurrado que aún se sentía inalcanzable.
—Sylus... voy a hacerlo sola.
Mis palabras fueron como un eco distante, pero en mi corazón sentí la carga de cada una de ellas. Sabía que, si él estaba a mi lado, perdería el valor. No podría seguir adelante, no con sus ojos en los míos, llenos de preocupación y algo más que no alcanzaba a descifrar.
Apenas logré sostener su mirada. Pude ver la tormenta que se desataba detrás de esos ojos rojos, esa incomprensible mezcla de dolor y resignación que lograba volverse todavía más silenciosa que el aire entre nosotros.
—Está bien —susurró él, sin apartar la vista de mí. Sus palabras flotaron en el aire como una promesa oculta, y mi corazón se estremeció, queriendo detener el tiempo, congelar ese momento que, sin saberlo, ya me estaba doliendo—. Pase lo que pase... sé que volveré a buscarte. Incluso en el rincón más oscuro de este juego, seguiré buscándote.
Sonreí, aunque aquella sonrisa apenas y escondía la angustia que ardía en mí.
—Adiós, Sylus.
El eco de mis pasos fue lo único que rompió el silencio mientras me alejaba, dejando atrás la seguridad que significaba su presencia. Me obligué a no mirar atrás. Sentía que si lo hacía, si lo veía una última vez, la poca fuerza que había reunido se desmoronaría. Así que avancé, aunque cada paso se sintiera más pesado que el anterior, hasta que la zona N109 quedó atrás, como un recuerdo que ya no me pertenecía.
Apenas unos segundos pasaron antes de que sintiera algo extraño en el aire, un cambio súbito y helado. Todo a mi alrededor comenzó a oscurecerse y, sin previo aviso, el paisaje desapareció. El suelo bajo mis pies dejó de existir, y cuando abrí los ojos, me encontré de nuevo en aquel lugar: la habitación en blanco, el espacio donde el juego solía retenerme, juzgarme, y controlarme.
—Has vuelto, virus —la voz del sistema me envolvió con la misma indiferencia de siempre, como si no fuera más que un error en su programación. Algo que corregir, borrar, olvidar.
Respiré profundamente, obligándome a recordar el motivo por el cual estaba allí. No había espacio para dudar, no ahora. Ya lo había decidido.
—Sí —mi voz apenas y sonó, pero me obligué a pronunciar cada palabra con fuerza—. He tomado mi decisión. Acepto la reprogramación.
El sistema permaneció en silencio unos segundos, y en esa pausa pude sentir la tensión acumulándose, hasta que una extraña vibración comenzó a sacudir el espacio. Alrededor de mí, todo comenzó a titilar, las paredes de esa habitación en blanco temblaban como si fueran espejismos a punto de romperse, y sentí una presión terrible sobre mi mente, como si el sistema intentara borrar cada rincón de mis pensamientos, cada fragmento de mis recuerdos.
"Este es el final," pensé, con un alivio extraño que apenas y me pertenecía. Apreté los ojos, sin querer ver cómo el rostro de Sylus se disolvía en mi mente, cómo todo lo que había sido hasta ahora se transformaba en nada.
Y entonces, el silencio se volvió absoluto.
Cuando abrí los ojos, sentí el aire fresco llenando mis pulmones, el sonido de hojas crujientes bajo mis pies, y una sensación de alerta constante. Me encontraba en medio de un bosque, una calma casi familiar se deslizaba por mi piel mientras observaba el paisaje a mi alrededor. Un leve ruido a lo lejos me hizo girar, y allí estaban: un grupo de wanderers avanzaba hacia mí, sus movimientos torpes y desprovistos de vida, pero con una ferocidad implacable que me hizo apretar la mandíbula.
Sin dudarlo, levanté mi arma, mi cuerpo moviéndose con precisión y velocidad que parecían naturales en mí, aunque no podía recordar cómo había aprendido a luchar de esa forma. Apenas y escuchaba mis propios pensamientos mientras los wanderers caían uno tras otro, dejando atrás protectores que tomaba de inmediato. A cada uno que recogía, una sensación de poder y determinación crecía dentro de mí, como si con cada acción algo en mí se expandiera, algo que parecía siempre haber estado allí, esperando.
Mis compañeros cazadores me encontraron después de que los wanderers hubieran caído. Me saludaron con sonrisas amigables, y aunque yo les devolví el saludo, una parte de mí se sintió extrañamente inquieta.
—¡Buen trabajo, Nina! —dijo uno de ellos, dándome una palmada en el hombro con una sonrisa aprobadora—. Pareces haber nacido para esto.
—Gracias —respondí, aunque en realidad la sensación de extrañeza seguía presente, un cosquilleo persistente que no lograba ubicar. ¿Acaso llevaba mucho tiempo haciendo esto? No podía recordarlo, pero... de alguna forma, mi cuerpo sí.
El día transcurrió con la misma calma extraña. Entre patrullas, cacerías, y algún que otro descanso, mi mente parecía querer escabullirse de sí misma. Al final del día, cuando finalmente regresé a la academia con mis compañeros y cené, me permití relajarme. Era una rutina común, o al menos eso me decía a mí misma mientras intentaba ignorar el eco de algo que parecía resonar en mi cabeza.
Al llegar a casa, dejé escapar un suspiro al quitarme la chaqueta, sintiendo cómo el cansancio del día se aferraba a mis músculos. Sin embargo, al sacudir la chaqueta, escuché un suave tintineo y bajé la mirada. Un pequeño objeto redondo había caído al suelo, rodando hasta detenerse a mis pies.
Me agaché para recogerlo, y lo observé detenidamente. Era una pequeña cadena con un dije sencillo, de metal, sin nada particularmente llamativo. Sin embargo, en cuanto lo sostuve entre mis dedos, una extraña calidez se instaló en mi pecho, como si una parte de mí reconociera ese objeto y lo acogiera de vuelta, aunque no pudiera recordar cuándo o por qué.
Un pequeño nudo se formó en mi garganta, y aunque no entendía por qué, mis ojos se llenaron de lágrimas. Me llevé una mano al pecho, intentando comprender esa sensación que me desbordaba, pero cada intento de recordar era como intentar atrapar agua con las manos. Mis pensamientos eran vacíos, sin forma, y cada imagen que intentaba evocar se desvanecía como niebla al amanecer.
Sin saber por qué, deslicé la cadena alrededor de mi cuello, permitiendo que el dije reposara sobre mi pecho. La calidez se intensificó, llenando un vacío que apenas había sido consciente de que existía.
"¿Por qué duele?" me pregunté en silencio, aunque no hubo respuesta.
Cerré los ojos, suspirando. A la mañana siguiente, me esperaban nuevas misiones, nuevos combates y rostros familiares que, en algún rincón oscuro de mi mente, apenas y recordaba. Tal vez, pensé, aquel eco, esa sensación indefinible, eventualmente se desvanecería
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𝐇𝐀𝐔𝐍𝐓𝐄𝐃 | ꜱʏʟᴜꜱ
FanfictionNina, tras morir en un accidente automovilístico, reencarna en su videojuego favorito Love and Deep Space como un personaje secundario. Sin embargo, su nueva vida tiene un costo: está atrapada en un ciclo de misiones imposibles de rechazar y, mientr...
