Una decisión imposible PART 3 (final de la escritora)

937 135 15
                                        

Al día siguiente, recibí una nueva misión, una que me sorprendió tanto como me inquietó: debía investigar en la zona N109. Solo escuchar el nombre de ese sector me produjo una extraña incomodidad que no podía explicar, como si algo en mi interior ya supiera que este encargo iba a ser diferente a cualquier otro.

Mis superiores advirtieron que debía estar alerta. Los wanderers que merodeaban esa zona eran más fuertes, letales incluso para un cazador de alto rango. Aunque mi trabajo me exigía estar preparada para enfrentar cualquier cosa, no podía sacudirme el nerviosismo de encima. Confiaba en mis habilidades, pero esta misión, por alguna razón, tenía un aire distinto.

Caminar por el denso bosque de la zona N109 era en sí una batalla; las sombras y la vegetación cubrían la tierra con una densa neblina que hacía que cada paso pareciera una incursión en la penumbra misma. El aire era frío y silencioso, solo interrumpido por el ocasional crujido de mis botas sobre las hojas y ramas caídas. Cada tanto me detenía, escuchando, evaluando mi entorno, en alerta máxima por si algún wanderer se acercaba.

Sin embargo, tras horas de recorrer el lugar, no encontré rastro de las criaturas. Comenzaba a pensar que, tal vez, había llegado demasiado pronto o que los informes habían sido imprecisos. Fue entonces que lo vi.

Emergiendo de la penumbra, una figura se acercaba, caminando entre los árboles con una seguridad casi etérea. Era un hombre alto, de cabello plateado y ojos rojos intensos que parecían brillar con una mezcla de indiferencia y determinación. La sorpresa me detuvo en seco, y mis ojos se quedaron clavados en él. Había algo en su rostro, en su porte, que me resultaba extrañamente familiar. Sin embargo, no lograba recordar por qué. ¿Quizá lo había visto en algún anuncio o cartel?

Él caminaba hacia mí sin percatarse de mi presencia y, al principio, parecía dispuesto a pasar de largo, sin darle importancia a mi figura en medio del bosque. Pero algo lo hizo detenerse. Me observó durante un instante que se sintió eterno, sus ojos evaluándome con una intensidad que me hacía sentir desnuda bajo su escrutinio. Finalmente, su mirada se posó en mi cuello, y su expresión cambió, como si acabara de encontrar algo completamente inesperado.

—¿De dónde sacaste ese collar? —preguntó, su voz grave rompiendo el silencio con un peso extraño.

Mis dedos se deslizaron instintivamente hacia el dije colgado de mi cuello, el que había encontrado en mi chaqueta el día anterior. Había sido una casualidad, pero ahora, bajo la atenta mirada de este hombre, sentía que el collar tenía un significado mucho más profundo.

—No estoy segura —respondí, tratando de sonar calmada, aunque algo en mí temblaba—. Lo encontré en una chaqueta que tenía en casa. No sé de dónde provino exactamente.

Él pareció observarme con aún más intensidad, como si estuviera buscando algo en mi respuesta o tratando de leer algo en mi rostro. Sus ojos rojos destellaron brevemente, y pude notar un gesto de desconcierto, apenas perceptible.

—Eso es... interesante —murmuró finalmente, su tono se tornó en un murmullo introspectivo—. Ese collar es mío. Lo vi entre mis pertenencias esta misma mañana, así que no debería estar aquí... y, sin embargo, aquí estás tú, llevándolo.

El aire se tornó denso. Sus palabras hicieron que mi corazón comenzara a latir con fuerza. ¿Cómo podía ser eso posible? El collar lo había encontrado por casualidad, de eso estaba segura. Pero él decía que ese mismo dije le pertenecía y que, incluso, lo había visto en su poder. Me crucé de brazos, sintiendo una extraña incomodidad al intentar procesar la situación.

—¿Por qué te interesa tanto este collar? —pregunté finalmente, tratando de disimular el temblor en mi voz.

—Porque es mío —repitió, en un tono helado—. Lo fabriqué yo mismo, y estoy completamente seguro de que lo vi entre mis cosas esta mañana. No tiene sentido que lo lleves tú, y aún menos que no sepas de dónde proviene.

Mis pensamientos se atropellaban, tratando de encajar las piezas de una forma que tuviera sentido. ¿Cómo podía estar yo usando algo que, según él, había visto hace apenas unas horas? Su mirada era intensa, y esa confusión que reflejaba me afectaba más de lo que me gustaría admitir. Tragué saliva, intentando mantener mi compostura. En algún rincón de mi mente, el nombre "Sylus" comenzó a sonar como un eco, como si ya hubiera escuchado hablar de él antes.

Finalmente, el rompecabezas comenzó a tomar forma. El nombre, los ojos rojos, el cabello plateado... claro. Sylus era un nombre que había visto en los informes de recompensa. Su rostro era conocido, su peligrosidad también. Algo en mi interior se tensó, y mis instintos me llevaron a adoptar una postura defensiva.

—Así que eres Sylus —dije, pronunciando su nombre con una mezcla de incredulidad y recelo.

Él arqueó una ceja, y una expresión entre divertida y exasperada cruzó su rostro.

—Y veo que me reconoces —comentó, con un sarcasmo casi burlón—. Aunque dudo que sepas realmente a quién tienes frente a ti.

No pude evitar apretar los dientes. Sabía lo que decían de él, los rumores, la recompensa que colgaba sobre su cabeza. Había algo en su reputación que siempre me había parecido intrigante, aunque ahora, frente a él, lo único que sentía era una tensión eléctrica en el aire, como si el menor movimiento en falso pudiera desencadenar algo peligroso.

—No importa quién seas —le respondí con firmeza—. Hay una recompensa por ti, y mi trabajo es eliminar las amenazas. Así que, a menos que tengas una buena razón para estar aquí, te sugiero que no me hagas tomar cartas en el asunto.

Sylus soltó una risa breve, un sonido seco que contenía una mezcla de burla y desafío.

—¿Eliminar una amenaza, dices? —repitió, con un brillo peligroso en sus ojos—. Debo decir que eres bastante atrevida, cazadora. Pero te advierto, no tienes idea de lo que estás enfrentando. —Dio un paso hacia mí, y su mirada se volvió fría, calculadora—. Y no me interesa combatir con alguien que lleva mi propio collar sin saber siquiera por qué lo lleva.

La confusión volvió a invadirme, y mis pensamientos se desordenaron una vez más. ¿Qué sabía él que yo ignoraba? Su comentario, tan misterioso y cargado de insinuaciones, me dejó una sensación de vacío en el estómago, como si en algún rincón de mi mente supiera que había algo importante que no lograba recordar.

—¿Qué es lo que estás insinuando? —pregunté, sin poder evitar que la duda se colara en mi voz.

Sylus me observó en silencio unos instantes, y sus ojos parecieron suavizarse por un breve segundo, antes de volverse impenetrables de nuevo.

—Solo digo que las cosas no son siempre lo que parecen, cazadora. Y que ese collar... algún día, recordarás lo que significa. O tal vez no. Eso ya no depende de mí.

Sentí una extraña mezcla de frustración e impotencia. Sus palabras, llenas de enigmas y medias verdades, solo lograban hacerme sentir como si hubiera algo vital que escapaba a mi comprensión. Algo en mi pecho comenzó a apretarse, un eco lejano de lo que sentía como una verdad olvidada.

Sylus giró sobre sus talones, y comenzó a alejarse en silencio, deslizándose entre las sombras del bosque como si nunca hubiera estado allí. Antes de desaparecer por completo, se detuvo, mirándome por última vez por encima del hombro.

—Nos volveremos a encontrar, cazadora. De una forma u otra, los misterios siempre encuentran su camino hacia la verdad.

Y, con esas últimas palabras, se desvaneció en la penumbra, dejando a mi alrededor una atmósfera cargada de preguntas sin respuesta.

𝐇𝐀𝐔𝐍𝐓𝐄𝐃 | ꜱʏʟᴜꜱDonde viven las historias. Descúbrelo ahora