Me miraba en el espejo, observando la hinchazón que había disminuido un poco, pero aún quedaban moretones en mi rostro. De repente, recordé las palabras del doctor: "Familiar con enfermedad del riñón". Me vino a la mente todo lo que había vivido en los últimos meses: el dolor en la espalda que había atribuido a estar mucho tiempo parado, la fatiga y debilidad que había pensado que era por estrés, y las náuseas y vómitos que había creído que eran por algo que había comido.
Justo en ese momento, mi teléfono sonó. Era el doctor. "Jacob, necesito que vengas al hospital", dijo con una voz seria. Me sentí un poco nervioso, pero me apresuré a llegar al hospital.
Cuando llegué, el doctor me recibió con una expresión de preocupación en sus ojos. "Jacob, las pruebas que te hicimos dieron positivo en la enfermedad de poliquistosis", dijo. Me sentí como si hubiera recibido un golpe en el estómago.
"¿Qué es eso?", pregunté, tratando de mantener la calma. El doctor explicó que la enfermedad de poliquistosis es una condición genética que causa la formación de quistes en los riñones. "Es una enfermedad que se transmite de padres a hijos", dijo el doctor.
Me sentí confundido. "¿Eso significa que uno de mis padres me heredó esa enfermedad?", pregunté. El doctor asintió con la cabeza. "Sí, eso es lo que significa".
Me sentí un poco abrumado. No sabía qué decir. El doctor me preguntó si tomaba alcohol, y negué con la cabeza. "Nunca he bebido", dije. El doctor asintió con la cabeza. "Es por eso que los síntomas no son tan graves, pero pueden empeorar si no se trata a tiempo".
Me sentí un poco más tranquilo. "¿Qué puedo hacer?", pregunté. El doctor me explicó que necesitaba venir al hospital para recibir tratamiento y seguir un plan de cuidado. "Tenemos los mejores doctores aquí", dijo el doctor. "Estoy seguro de que podemos ayudarte a controlar la enfermedad".
Me sentí agradecido. "Muchas gracias, doctor", dije.
El doctor sonrió. "No hay problema, Jacob. Estoy aquí para ayudarte".
Después de la conversación con el doctor, salí del hospital con la cabeza dando vueltas. Me sentía confundido y abrumado por la noticia.
Mientras caminaba por la calle, mi mente comenzó a vagar. Pensaba en mi padre, en la carta que me había dejado antes de morir. Nunca había tenido la fortaleza de abrir esa carta, pero ahora sentía que era el momento. Quizás, pensaba, la carta podría proporcionarme algunas respuestas a las preguntas que ahora me hacía.
Decidí ir a mi departamento y buscar la carta. La encontré en un cajón, y la miré durante un momento, sintiendo una mezcla de emociones. Finalmente, con manos temblorosas, la tuve en las manos unos minutos y de fondo se escuchaba la canción de Faded de Alan Walker mientras lloraba.
Pero no pude abrir la carta. Me sentía demasiado emocionado, demasiado vulnerable. Así que decidí ir al cementerio con la carta en la mano.
Al llegar a la tumba de mi padre, me senté y miré la lápida. Me sentí un poco nervioso, pero también sentí una sensación de paz.
"Hola, pa", dije, tratando de contener las lágrimas. "¿Cómo estás? Perdón por no venir a visitarte este tiempo. Seguramente desde donde estés estás viendo todo lo que ha pasado estos días. Ayúdame, si...?".
Me sequé las lágrimas con mi suéter y respiré profundamente. Luego, saqué la carta de mi padre y la miré durante un momento.
"Mira, traje la carta para leerla juntos", dije, tratando de sonreír. Y comencé a leer...
"Hola mi niño,
Para cuando leas esta carta, ya serás todo un niño grande. Espero que hayas encontrado la felicidad y que la vida te haya sonreído, a pesar de mi ausencia.
Quiero empezar diciéndote lo mucho que lo siento. Lo siento por dejarte solo en este mundo, por no poder verte crecer, por no poder estar allí para ti en los momentos difíciles.
Me duele saber que no podré estar a tu lado para guiarte, protegerte y amarte como un padre debe hacerlo. Pero quiero que sepas que mi decisión no fue por ti, sino por mi propia debilidad.
La enfermedad de poliquistosis me estaba consumiendo, y no quería que tú y los demás sufrieran viéndome deteriorarme. No quería ser una carga para ti, para que tuvieras que cuidarme en lugar de vivir tu propia vida.
Recuerdo cuando empecé a notar los síntomas, cómo mi cuerpo se debilitaba poco a poco. Me di cuenta de que mi tiempo se acababa, y no quería que tú te quedaras con el recuerdo de un padre enfermo y débil.
Quiero que te quedes con el recuerdo de un padre que te amaba, que te sonreía, que te abrazaba con fuerza. No quiero que crezcas pensando que el amor es una maldición. Al contrario, es una bendición.
El amor es lo que nos hace humanos, lo que nos hace sentir vivos. No tengas miedo de amar, de dejar que otros te amen y de amar a otros. Es el mayor regalo que podemos darnos unos a otros.
Si algún día encuentras a alguien que te haga feliz, no la dejes escapar. No te aísles, no te escondas. Dale la felicidad que merece y recíbela también de ella.
Recuerda que la distancia no soluciona nada, que las palabras tienen el poder de sanar y de hacer daño. Aprenderás que las palabras medicinales son las que nos hacen crecer, las que nos hacen sentir vivos.
Y cuando lo entiendas, entenderás por qué es urgente hablar, por qué es urgente expresar nuestros sentimientos.
Y por último, mi niño, no me guardes rencor. No me odies por haberme ido. Odia mi debilidad, pero no a mí.
Recuerda que te amo, que siempre te amaré, y que estaré contigo en espíritu, guiándote y protegiéndote desde donde esté.
Con todo mi amor,
Papá"
Al terminar de leer la carta, me largué en llanto. Las lágrimas fluían libremente por mi rostro mientras me sentía abrumado por las emociones.
"Fue por esto que decidiste quitarte la vida?", pregunté, hablando con la tumba de mi padre. "Para que los demás no te vieran sufrir? Crecí creyendo que fue por alcoholismo y fue por eso que nunca me atreví a tomar alcohol".
"Fue por ti, papá, que fui responsable", dije, tratando de contener las lágrimas. "Pero sabes algo? Ahora tu hijo padece de lo mismo, pero a diferencia de ti, yo no tengo a nadie que se preocupe por mí".
En ese momento, pasó Farasha por mi mente. Hice una risita, sintiendo una mezcla de emociones.
"Bueno, existe una niña a quien podía llegarle a importar", dije, hablando con mi padre. "Y en ese caso, te entiendo. Yo tampoco quisiera ver cómo ella se preocupara por mí".
Me sentí un poco más tranquilo, un poco más en paz. Sabía que mi padre había tomado la decisión que creyó que era mejor para mí, aunque no estuviera de acuerdo con ella.
"Te quiero mucho, pa", dije, hablando con la tumba de mi padre. "Te extraño y perdón, perdón por todo".
Después de un rato, me levanté y me limpié las lágrimas. Miré la tumba de mi padre y sonreí. "Te entiendo, pa", dije. "Te entiendo y te perdono".
Me di la vuelta y comencé a caminar hacia la salida del cementerio. El sol brillaba en el cielo y el aire era fresco y limpio. Mientras iba viendo las tumbas pensé "Nadie aprecia más la vida como aquel que ha visto la muerte de cerca y ha sentido su aliento helado en la nuca."
"La muerte es el espejo que refleja el verdadero valor de la vida, y solo aquel que lo mira de frente puede apreciar su belleza."
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Mientras caminaba a la salida del cementerio, mi teléfono sonó. Miré la pantalla y vi que eran mensajes de Alex y Farasha. Sonreí al ver sus nombres. "Bueno, pa", dije, hablando con mi padre en mi mente. "Creo que también tengo a personas que se preocupan por mí después de todo".
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Mi Meraki
RomanceLEAN NO SE VAN ARREPENTIR!!! póngale una estrellita 💫 💫 Para el chico que puede volar hasta la luna incluso aunque no tenga alas. Bienvenidos a esta historia de farasha Russel una chica que se enamora de su amigo que cree que es imposible que el...
